
Un estudio en Alemania revela cómo el olfato canino puede convertirse en una herramienta para proteger la biodiversidad y frenar la expansión de especies invasoras.
- 🔬 Hallazgo clave: Los 11 equipos que superaron la prueba final de campo alcanzaron una detección media del 74,7 %, aunque la media conjunta de los seminarios prácticos de las dos cohortes se situó en el 53,9 %.
- 📊 Participación y retención: De los 31 equipos iniciales, solo 12 (el 38,7 %) completaron el entrenamiento y realizaron la prueba de campo final.
- 🌿 Objetivos botánicos: El estudio se centró en la balsamina del Himalaya, la ambrosía común y los polígonos del género Fallopia, especies que plantean problemas ambientales y, en determinados casos, sanitarios en Europa.
- ⚠️ Generalización del olfato: En una prueba de reconocimiento, 5 de los 9 perros (55,6 %) que no habían trabajado previamente con muestras frescas consiguieron identificarlas tras entrenarse con muestras descongeladas.
La expansión de especies exóticas invasoras representa una de las principales amenazas para la biodiversidad a escala global. Su control resulta costoso y complejo, en gran parte debido a la dificultad para detectarlas en fases tempranas de colonización. Un estudio piloto publicado en la revista PLOS One por investigadores del Centro Helmholtz de Investigación Medioambiental (UFZ) de Alemania demuestra el potencial de los equipos formados por personas voluntarias y sus perros como herramienta complementaria para localizar estas plantas en entornos naturales. No obstante, los resultados también evidencian que el éxito de esta iniciativa depende de protocolos de entrenamiento rigurosos y de una supervisión profesional continua.
Doce de los treinta y un equipos completaron la evaluación de campo
La investigación, dirigida por Annegret Grimm-Seyfarth, evaluó la viabilidad de un programa de formación para equipos de detección de vida silvestre (WDD) basados en la ciencia ciudadana. En la fase inicial participaron 30 personas voluntarias y 31 perros, ya que uno de los propietarios trabajó con dos animales. Sin embargo, el proceso reveló un desafío significativo en la retención: solo 12 de los 31 equipos iniciales (el 38,7 %) lograron mantener la constancia necesaria para llegar a la evaluación final.
De los 12 equipos que completaron dicha prueba de campo, 11 la superaron, lo que representa una tasa de aprobación del 91,7 % entre los participantes que finalizaron el programa. Este resultado es favorable, aunque no permite extrapolar la eficacia del método al conjunto de participantes iniciales. Los 11 equipos aprobados alcanzaron una detección media del 74,7 % en la localización de las plantas objetivo durante las pruebas finales. No obstante, conviene matizar la interpretación de esta cifra. Por razones logísticas, casi todas las evaluaciones finales fueron realizadas por los propios participantes, con ayuda de colaboradores externos. Los resultados se comunicaron posteriormente al equipo investigador, una circunstancia que debe tenerse en cuenta al interpretar las tasas de detección.
Metodología de entrenamiento y objetivos botánicos
El estudio se centró en tres especies o grupos de plantas invasoras que plantean problemas ambientales y, en determinados casos, sanitarios en Europa: la balsamina del Himalaya (Impatiens glandulifera), la ambrosía común (Ambrosia artemisiifolia) —destacada por su polen altamente alergénico— y polígonos invasores del género Fallopia, entre los que se incluye el polígono japonés (Fallopia japonica).
El procedimiento de entrenamiento fue estructurado y escalonado. Las personas participantes recibieron formación en línea, supervisión continua mediante el envío de vídeos y sesiones prácticas guiadas. A través de técnicas de refuerzo positivo, los perros aprendieron a reconocer los olores específicos de estas plantas y a señalar su presencia a sus propietarios. Enseñar a los perros a señalar las plantas sin tocarlas ayuda a minimizar el riesgo de dispersar semillas o fragmentos vegetales durante las búsquedas, un protocolo crítico para especies con alta capacidad de reproducción vegetativa.
Un hallazgo práctico relevante del estudio es que los mejores resultados durante el seminario de entrenamiento se asociaron con el uso de diferentes partes de las plantas —hojas, tallos, raíces y flores— durante el adiestramiento. Los resultados sugieren que utilizar distintas partes de la planta durante el entrenamiento podría mejorar la capacidad de reconocimiento, aunque esta relación requiere una validación más amplia.

Desafíos en la generalización de olores
Más allá de la tasa de abandono, el estudio arrojó un dato técnico revelador sobre la fiabilidad del olfato canino en diferentes condiciones. En una prueba de generalización, 5 de los 9 perros (55,6 %) que no habían trabajado previamente con muestras frescas consiguieron reconocerlas inmediatamente tras entrenarse con muestras descongeladas. Este hallazgo subraya la complejidad de adaptar el reconocimiento de olores a las variables ambientales reales y demuestra que el entrenamiento con un tipo de muestra no garantiza la identificación automática en otras condiciones.
Estos resultados muestran que la detección fiable de plantas invasoras requiere un entrenamiento específico y no puede equipararse a un paseo convencional con una mascota. Para obtener resultados fiables, estos programas necesitan protocolos de actuación definidos, formación especializada y mecanismos de supervisión y evaluación periódica.
Perspectiva y límites de la ciencia ciudadana canina
Los autores del estudio matizan cuidadosamente sus conclusiones. Lejos de presentar a los perros como una solución definitiva, la investigación ofrece resultados prometedores y demuestra su potencial como herramienta complementaria. La combinación del olfato canino y la participación ciudadana podría ampliar la capacidad de vigilancia ambiental y facilitar la detección temprana de nuevas poblaciones invasoras.
Respecto a las cifras de detección, los datos reflejan una tasa del 75,6 % en la primera cohorte durante el seminario práctico, frente al 35,5 % de la segunda, lo que arroja una media conjunta del 53,9 %. Al tratarse de un estudio piloto, su aplicación a mayor escala todavía requiere validar la eficacia a largo plazo, los costes operativos y la viabilidad organizativa. El entusiasmo de las personas voluntarias es un excelente punto de partida, pero el seguimiento ambiental fiable exige una coordinación experta que garantice que cada hallazgo sea científicamente útil y ecológicamente seguro.
Más información: Oportunidades y desafíos en la capacitación de equipos de voluntarios formados por perros detectores de fauna silvestre y sus guías para el monitoreo de plantas invasoras, PLOS One (2026). DOI: 10.1371/journal.pone.0359003

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