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Estudiantes británicos diseñan un purificador de tres cubos que usa moringa y gravedad para eliminar el 96% de microplásticos sin electricidad

9 septiembre, 2026 1 comentario

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Estudiantes de Leeds diseñan un purificador de agua con moringa que trata 150 litros al día sin electricidad.

  • 🌱 Semillas de moringa como coagulante natural.
  • 💧 Tres recipientes y tratamiento por gravedad.
  • 🔬 Hasta un 96 % de microplásticos retirados en las pruebas.
  • 🌫️ 99 % de reducción de turbidez.
  • ⚡ Sin electricidad ni bombas.
  • 🪣 20 litros por ciclo en el prototipo actual.
  • 🌍 Pensado para emergencias y comunidades sin red de agua segura.

Tres cubos y una semilla: una depuradora reducida a su mínima expresión

EcoSeed Purifiers parece bastante más sencillo de lo que realmente ocurre en su interior. El sistema desarrollado por Ryan Oatley y Soluna Stojanovska, vinculados a la Universidad de Leeds (Reino Unido), traslada a tres recipientes varios procesos habituales de una planta de tratamiento de agua.

El primero es quizá el más llamativo.

Las semillas de Moringa oleifera contienen proteínas con carga positiva capaces de favorecer la coagulación. Al introducir el preparado de moringa en agua turbia y mezclarlo, esas proteínas interactúan con partículas suspendidas que normalmente permanecerían dispersas.

Las partículas empiezan a agruparse formando estructuras mayores, conocidas como flóculos. Y ahí la gravedad puede hacer el resto.

No es una propiedad descubierta para este proyecto. El potencial de los extractos de semillas de moringa como coagulantes naturales para tratar aguas superficiales turbias lleva décadas estudiándose. Lo interesante de EcoSeed está en convertir ese principio en un sistema compacto y manejable para situaciones reales.

La primera etapa atrapa partículas y microplásticos

El diseño emplea aproximadamente 5 mg de polvo de moringa por litro de agua.

Una manivela mueve un mecanismo de engranajes que permite realizar la mezcla manualmente. De esta forma se intenta reproducir, a pequeña escala, la coagulación y floculación que normalmente se lleva a cabo con equipos electromecánicos en instalaciones de tratamiento.

Según los ensayos comunicados por sus desarrolladores, el proceso consigue reducir la turbidez un 99 % y retirar alrededor del 96 % de los microplásticos.

Una tela de muselina ayuda después a retener los flóculos formados antes de que el agua continúe hacia el siguiente recipiente.

Aquí aparece una diferencia interesante respecto a un filtro convencional: la moringa no intenta bloquear individualmente cada partícula en los diminutos poros de una membrana. Primero ayuda a reunir partículas pequeñas en agregados mayores, facilitando su posterior separación.

La gravedad sustituye a bombas y motores

Una vez superada la primera etapa, el agua pasa al segundo recipiente.

Allí se deja reposar para que los contaminantes agrupados sedimenten. Después atraviesa un filtro cerámico tipo vela, destinado a retener partículas finas y microorganismos.

No hacen falta bombas para desplazar el agua entre las distintas fases. Los recipientes están colocados verticalmente y la diferencia de altura mantiene el flujo por gravedad.

Puede parecer un detalle menor. En una vivienda conectada a la red eléctrica probablemente lo sea. En una inundación, un campamento temporal o una comunidad aislada cambia bastante la situación.

Un purificador eléctrico deja de funcionar cuando desaparece la energía. Un sistema de gravedad, no.

La última barrera está pensada para los patógenos

El tercer paso introduce una cuestión que conviene aclarar.

Aunque la moringa permite sustituir parte de los coagulantes convencionales, EcoSeed no depende exclusivamente de ingredientes vegetales. El diseño incorpora una etapa final de desinfección mediante cloro, con una dosis indicada por el proyecto de 0,5 mg/l.

Esta fase proporciona una barrera adicional frente a microorganismos que hayan conseguido superar las etapas anteriores.

Por eso resulta más preciso describir EcoSeed como un sistema que reduce la dependencia de determinados reactivos y de equipos eléctricos, no como una tecnología completamente libre de productos químicos.

Y hay otra precaución importante: sus responsables plantean verificar posteriormente el sistema respecto a los estándares correspondientes de agua potable. Por tanto, los resultados actuales no equivalen todavía a una certificación independiente que permita afirmar que cualquier agua tratada con el dispositivo es potable.

20 litros en unas tres horas

El prototipo probado actualmente trabaja con lotes de 20 litros y necesita aproximadamente tres horas para completar un ciclo.

El equipo ha realizado además los cálculos para escalar el diseño hasta 150 litros, una capacidad planteada para cubrir las necesidades diarias básicas de unas diez personas en un escenario de emergencia.

La diferencia respecto a una planta convencional es enorme en escala, claro. También lo es en infraestructura.

No hay conexión eléctrica. No hay bomba. No existe una membrana compleja de ósmosis inversa. Los componentes principales se han elegido buscando que puedan mantenerse o sustituirse con relativa facilidad.

El filtro cerámico sí constituye un consumible: los responsables estiman su sustitución aproximadamente cada 6-12 meses, dependiendo previsiblemente del uso y de las condiciones del agua.

La moringa puede convertirse también en parte de la cadena de suministro

Quizá la parte más interesante del proyecto aparezca fuera de los tres recipientes.

Moringa oleifera crece en numerosas regiones tropicales y subtropicales, incluidas zonas de África, Asia y otras regiones donde el acceso al agua segura continúa siendo especialmente difícil.

Eso abre la posibilidad de producir localmente parte del material necesario para el tratamiento.

Durante una emergencia, llevar agua embotellada o camiones cisterna hasta una población afectada depende de carreteras, combustible, logística y una cadena de suministro que puede encontrarse precisamente dañada por la catástrofe.

Un sistema que pueda utilizar una materia prima producida cerca del lugar cambia parte de esa ecuación.

Los desarrolladores estiman además un coste de la moringa considerablemente inferior al de algunos coagulantes sintéticos evaluados durante el desarrollo. Es una estimación del propio proyecto y todavía deberá comprobarse a escala real.

La cuestión relevante no es únicamente cuánto cuesta una dosis. También importa quién puede producirla, almacenarla y reponerla cuando las comunicaciones fallan.

Una idea especialmente pertinente ante fenómenos extremos

El proyecto aparece en un momento en el que la resiliencia de los pequeños sistemas de abastecimiento está ganando importancia.

La propia Organización Mundial de la Salud ha advertido de que los pequeños suministros de agua son particularmente vulnerables a los efectos del cambio climático sobre la cantidad y la calidad del recurso.

Sequías prolongadas, inundaciones y daños en infraestructuras pueden deteriorar fuentes que anteriormente eran utilizables. Tras una inundación, además, disponer de agua alrededor no significa disponer de agua segura.

EcoSeed apunta precisamente a ese hueco: tratamiento descentralizado, transportable y capaz de funcionar fuera de la red.

No pretende sustituir una planta municipal moderna. Tendría mucho más sentido como solución complementaria donde esa infraestructura no existe o deja temporalmente de funcionar.

Del laboratorio al agua de un río hay un salto importante

Los resultados iniciales son prometedores, aunque todavía existe bastante trabajo por delante.

El comportamiento de un sistema de tratamiento puede variar enormemente dependiendo del agua. Un río cargado de sedimentos tras una inundación no se comporta igual que una muestra preparada en laboratorio. Cambian la turbidez, el pH, la materia orgánica, los microorganismos y la mezcla de contaminantes.

También habrá que comprobar hasta qué punto la preparación y dosificación de las semillas puede estandarizarse.

Las propiedades de una materia prima biológica pueden variar según variedad, cultivo, almacenamiento y procesado. Para un dispositivo destinado a producir agua segura, esa variabilidad importa mucho.

El equipo trabaja precisamente en una posible solución: sobres con extracto salino de moringa previamente dosificado, capaces de simplificar la preparación y reducir errores del usuario.

Es menos vistoso que los tres cubos, pero probablemente sea una de las piezas decisivas si el sistema quiere salir del prototipo.

El siguiente examen será fuera del laboratorio

EcoSeed ha completado pruebas de laboratorio que incluyen ensayos de dosis y análisis de las interacciones responsables de la coagulación.

El siguiente paso previsto es mucho más exigente: probar el equipo con fuentes de agua contaminadas en condiciones reales y perfeccionar el montaje.

Después llegará la verificación de calidad del agua y, si los resultados acompañan, los primeros proyectos piloto en comunidades. El equipo también mantiene conversaciones con organizaciones del ámbito WASH —agua, saneamiento e higiene— para evaluar posibles vías de despliegue.

El proyecto recibió en 2025 un premio empresarial de la Universidad de Leeds acompañado de 5.000 libras de financiación para su desarrollo y posteriormente fue reconocido en los premios para jóvenes ingenieros de la Institution of Chemical Engineers.

Es decir, la idea ha superado la fase puramente conceptual. Pero todavía no es un sistema comercial desplegado a gran escala.

Vía www.jamesdysonaward.org

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Publicado en: Gestión eficiente del agua

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Comentarios

  1. Elvira Sanz Herranz dice

    9 septiembre, 2026 a las 20:13

    Me parece un invento muy interesante y si se llega a poner en práctica será un gran avance para proveer de agua potable a comunidades en riesgo de sequía.

    Responder

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