
Residuos de corteza de eucalipto podrían transformarse en filtros sostenibles para purificar agua y reducir emisiones de carbono.
- 🌿 Corteza de eucalipto reutilizada.
- 💧 Filtración de agua contaminada.
- 🌬️ Captura de contaminantes del aire.
- ♻️ Residuos forestales convertidos en materiales útiles.
- 🧪 Carbono poroso de alta capacidad adsorbente.
- 🌍 Economía circular y menos residuos industriales.
- 🏭 Posibles aplicaciones en depuración y captura de CO₂
- 🌱 Conocimiento científico + saber ecológico indígena.
La corteza de los árboles podría ayudar a limpiar el agua y el aire
La corteza de eucalipto, retirada habitualmente de los troncos durante los procesos forestales y considerada durante años un residuo de escaso valor, podría convertirse en un aliado inesperado frente a algunos de los problemas ambientales más urgentes. Investigadores de la Universidad RMIT, en Australia, han demostrado que este material puede transformarse en un tipo de carbono altamente poroso capaz de atrapar contaminantes presentes tanto en el agua como en el aire.
La investigación abre una vía interesante para aprovechar residuos forestales que, en muchos casos, terminan acumulados, quemados o destinados a usos de bajo rendimiento económico. Y eso cambia bastante el enfoque. Lo que antes se veía como un sobrante podría integrarse en tecnologías de depuración ambiental de próxima generación.
En un momento en el que numerosos países buscan reducir residuos industriales y reforzar modelos de economía circular, propuestas como esta empiezan a llamar la atención fuera de los laboratorios. Porque el reto ya no consiste solo en reciclar más. También importa reutilizar mejor.

Convertir residuos en filtros ambientales
Los materiales de carbono poroso llevan décadas utilizándose en sistemas de filtración. Están presentes en purificadores domésticos, plantas de tratamiento de aguas, mascarillas industriales e incluso en tecnologías de captura de gases contaminantes. Su eficacia depende de una estructura llena de diminutos poros microscópicos capaces de retener moléculas no deseadas cuando el agua o el aire pasan a través de ellos.
La novedad de este trabajo está en el origen del material y en el método utilizado para producirlo.
La investigadora Pallavi Saini, una de las responsables del estudio, explica que el rendimiento obtenido con la corteza de eucalipto fue sorprendentemente alto teniendo en cuenta la simplicidad del proceso. El equipo logró transformar la biomasa mediante un sistema de activación de una sola etapa, mucho menos complejo que otros métodos industriales utilizados actualmente para fabricar carbones adsorbentes.
Eso tiene implicaciones importantes. Menos etapas de producción suelen traducirse en menos consumo energético, menos infraestructura y menores costes operativos. O dicho de otra manera: tecnologías potencialmente más accesibles y fáciles de escalar.
En muchos sistemas tradicionales, fabricar materiales adsorbentes implica tratamientos químicos intensivos y procesos térmicos de elevada demanda energética. Aquí, el enfoque parece mucho más directo. Y eso importa. Mucho.

¿Por qué utilizar corteza de eucalipto?
En distintas partes del mundo ya se investiga el uso de residuos agrícolas y forestales para producir materiales de filtración. Cáscaras de coco, restos de maíz, huesos de aceituna o bambú han sido objeto de numerosos estudios durante los últimos años. La corteza de eucalipto se suma ahora a esa lista con varias ventajas estratégicas.
Australia alberga más de 900 especies de eucaliptos y árboles relacionados, lo que convierte este recurso en un residuo abundante y relativamente accesible. Además, la corteza procede de explotaciones forestales ya existentes, por lo que no requiere ocupar nuevas tierras agrícolas ni competir con cultivos destinados a la alimentación.
Ese detalle resulta clave en sostenibilidad. Muchas soluciones “verdes” terminan generando tensiones sobre el uso del suelo o sobre los recursos hídricos. Aquí no ocurre eso.

El equipo de RMIT también ha planteado colaborar con comunidades indígenas australianas para identificar qué especies de eucalipto podrían ofrecer mejores resultados. La idea combina análisis científico con conocimiento ecológico tradicional, algo que cada vez gana más peso en proyectos ambientales internacionales.
Y tiene lógica. Las comunidades indígenas llevan siglos observando el comportamiento de estas especies en distintos ecosistemas. A veces, la ciencia moderna llega después para poner números a conocimientos que ya existían sobre el terreno.
Aplicaciones que podrían ir mucho más allá de un laboratorio
Aunque la investigación todavía se encuentra en una fase experimental, las posibles aplicaciones son amplias.
Uno de los usos más prometedores aparece en la purificación de agua contaminada. Los materiales adsorbentes pueden ayudar a eliminar compuestos tóxicos, restos químicos industriales o determinados contaminantes orgánicos presentes en aguas subterráneas y residuales.
Esto podría resultar especialmente útil en regiones con infraestructuras limitadas o en comunidades alejadas de grandes plantas de tratamiento. Sistemas compactos de filtración fabricados con materiales de bajo coste podrían mejorar el acceso al agua limpia en zonas rurales o afectadas por contaminación industrial.
También existe interés en la filtración de aire y gases industriales. Algunos materiales porosos son capaces de retener compuestos orgánicos volátiles, partículas finas e incluso parte del dióxido de carbono emitido en procesos industriales.
La captura de CO₂, de hecho, aparece como una de las líneas más interesantes a medio plazo. Actualmente, muchos sistemas de captura de carbono siguen siendo caros y energéticamente exigentes. Encontrar materiales baratos, abundantes y fáciles de regenerar es uno de los grandes desafíos tecnológicos del sector.
No es casualidad que cada vez más investigaciones exploren biomasa residual para este tipo de aplicaciones. Europa, Estados Unidos y varios países asiáticos están financiando proyectos centrados en biochar, carbones activados sostenibles y nuevos materiales adsorbentes basados en residuos vegetales.
Vía RMIT
Más información: Sustainable valorisation of eucalyptus bark waste into microporous carbon materials for efficient CO2 capture – ScienceDirect



Néstor Rivero dice
Por un proceso simple qué los carboneros ancestrales llevan practicando miles de años. Y desde hace más de cien se conoce (al menos dentro de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, y mira que han publicado estudios y material divulgativo sobre esto) qué produce uno de los mejores carbones vegetales para adsorber toxinas y contaminantes. En nuestra iglesia lo usamos para casi cualquier cosa, al interior y al exterior. ¿Diarrea? Tome dos cucharadas de polvo de carbón en un vaso de agua, y tómeselo (si no hay vómitos). Y tómese después una cucharada en agua cada vez que tenga otra deposición líquida. Para los niños la mitad de la dosis. También funciona en indigestión. Para los gases intestinales. Para intoxicaciones alimentarias. Hace maravillas con las resacas (para los fiesteros). Y externamente, en cataplasmas preparadas en paños esterilizados (hervidos en agua), con carbón en polvo al cual se le añade algo de maicena (almidón, cualquiera), o si no hay harina de trigo, e incluso unas masitas de pan, se le añade un poco de agua hirviendo y se hace una pasta sobre lo espeso, que se coloca sobre la tela limpia y bien húmeda, se doblan los bordes de la tela (Tanto esto como el almidón es para que el carbón, cuando se seque, no se desparrame por todas partes) sobre sí, y se coloca sobre cualquier área inflamada, adolorida, infectada, o donde haya picado algún bicho (insecto, araña, alacrán o escorpión, serpientes), e incluso sobre áreas donde haya cáncer (no importa si es en la piel o dentro del cuerpo). Esta cataplasma, así preparada, se cambia, durante el día, cada 4 horas. En la noche puede dejarse aplicada toda la noche. Dios ha hecho maravillas a través de este remedio tan sencillo.