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Investigadores australianos descubren verduras capaces de extraer talio del suelo y facilitar su uso en minería sostenible

26 abril, 2026 Deja un comentario

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The University of Queensland / Adobe

Ciertas plantas son «hiperacumuladoras» que pueden extraer metales tóxicos pero valiosos de suelos contaminados a través de sus raíces y brotes.

  • 🔬 Metales en plantas → oportunidad inesperada.
  • 🌱 Fitorremediación + minería vegetal → doble beneficio.
  • ☣️ Talio → tóxico pero valioso.
  • 🥬 Coles y brócoli → acumuladores naturales.
  • ⚡ Energía limpia → necesidad de metales críticos.
  • 🌍 Suelos contaminados → posible recuperación.
  • 🏭 Minería más sostenible → alternativa emergente.

Verduras de hoja identificadas como posibles herramientas para la extracción de metales

Las verduras de hoja, tan comunes en la dieta diaria, empiezan a ocupar un lugar inesperado en el debate sobre la sostenibilidad: el de herramientas para una minería más limpia y regenerativa.

Investigaciones recientes han confirmado que especies de la familia Brassicaceae —como la col rizada, el brócoli o la coliflor— poseen una capacidad sorprendente: extraer metales tóxicos del suelo y almacenarlos en sus tejidos. Lo interesante no es solo el hecho, que ya se conocía en parte, sino cómo lo hacen y qué implica esto para el futuro de la industria extractiva.

Brassica oleracea —o col rizada (kale)— acumula talio en forma cristalizada y, por tanto, podría ser compatible con métodos de extracción metalúrgica

El caso de Brassica oleracea (col rizada o kale) resulta especialmente revelador. Esta planta no solo absorbe talio, uno de los metales más tóxicos conocidos, sino que lo almacena en forma cristalizada dentro de sus hojas.

Ese detalle cambia bastante el enfoque. No se trata solo de plantas que “limpian” el suelo, sino de organismos que concentran el metal en formas potencialmente recuperables mediante procesos metalúrgicos.

Gracias a técnicas avanzadas como la fluorescencia de rayos X (μXRF) y la difracción de rayos X, los investigadores han podido observar algo casi invisible hasta ahora: depósitos de cloruro de talio alineados a lo largo de las venas de las hojas.

Una imagen curiosa, casi inquietante. Como si la planta estuviera organizando el metal para algo más.

El valor oculto de un metal peligroso

El talio tiene mala fama, y con razón. Es altamente tóxico para humanos y ecosistemas. Sin embargo, también es un material clave en sectores estratégicos:

  • Tecnologías médicas, especialmente en diagnóstico por imagen.
  • Vidrios ópticos especializados.
  • Semiconductores y electrónica avanzada.

Aquí aparece la paradoja: un elemento peligroso, difícil de manejar, pero esencial para tecnologías que sostienen la transición energética y sanitaria.

La cuestión no es eliminarlo del sistema, porque se necesita. La cuestión es cómo obtenerlo sin agravar el problema ambiental.

Y ahí entran las plantas.

Más allá de la minería tradicional

La fitominería —o minería mediante plantas— propone un enfoque distinto. En lugar de remover toneladas de tierra, usar productos químicos agresivos o generar residuos masivos, se plantea un proceso más lento pero mucho más integrado con el entorno:

Las plantas crecen en suelos contaminados, absorben los metales, se cosechan… y posteriormente se procesan para recuperar esos elementos.

No es ciencia ficción. Ya existen proyectos piloto en Europa, como iniciativas de recuperación de níquel mediante plantas hiperacumuladoras en Albania y Grecia, o estudios en Francia sobre cultivos capaces de extraer metales raros.

Lo que ahora aporta esta investigación es una nueva pieza: el potencial del talio dentro de este modelo.

Un doble objetivo: limpiar y producir

Uno de los aspectos más interesantes es la doble función de estas plantas:

Por un lado, actúan como herramientas de biorremediación, ayudando a recuperar suelos contaminados por actividades mineras o industriales.

Por otro, pueden convertirse en una fuente secundaria de metales críticos, reduciendo la necesidad de abrir nuevas explotaciones.

Este enfoque encaja con estrategias europeas recientes, como el impulso a la economía circular y la reducción de dependencia de materias primas externas, especialmente en el contexto de la transición energética.

Potencial

El desarrollo de la fitominería basada en cultivos como las Brassicaceae abre caminos bastante interesantes si se integra bien en políticas públicas y modelos industriales.

Algunas aplicaciones realistas:

  • Rehabilitación de antiguos terrenos mineros mediante cultivos específicos, generando valor económico donde hoy solo hay pasivos ambientales.
  • Integración en sistemas agrícolas marginales, donde ciertos suelos no son aptos para alimentos, pero sí para cultivos de recuperación de metales.
  • Desarrollo de cadenas de valor locales para la extracción secundaria de materiales críticos, reduciendo dependencia exterior.
  • Combinación con energías renovables, creando modelos de producción más distribuidos y menos intensivos.

Y quizá lo más interesante: cambia la lógica.

En lugar de ver el suelo contaminado como un problema sin solución, se empieza a entender como un recurso en transición, algo que puede regenerarse mientras produce valor.

No es una solución milagro. Pero es una de esas ideas que, bien desarrolladas, pueden ir cambiando las reglas poco a poco. Y eso, ahora mismo, es justo lo que hace falta.

Vía Universidad de Queensland

Más información: nature of thallium crystals in Brassica oleracea (kale): a synchrotron multi-technique investigation | Metallomics | Oxford Academic

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Publicado en: Tecnología verde

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