
Científicos cultivan circuitos de micelio con un 95% de precisión en conmutación a baja frecuencia, ideales para bioelectrónica.
- Biochips hechos con hongos: procesamiento de datos sin contaminar.
- Shiitake como componente electrónico: memoria viva, compostable.
- Menos energía, más sostenibilidad.
- Redes de micelio: auto-reparación y crecimiento adaptativo.
- Aplicaciones futuras: baterías, sensores, inteligencia ambiental.
Biochips hechos con hongos rivalizan con los semiconductores convencionales
Puede que los shiitake sean protagonistas en la cocina asiática, pero ahora también están marcando un hito en el desarrollo de tecnología electrónica sostenible.
Un equipo de investigadores de la Universidad Estatal de Ohio ha demostrado que estos hongos pueden actuar como procesadores vivos, con la capacidad de almacenar y recuperar datos de forma muy similar a los chips convencionales… pero sin contaminar.
Shiitake
Los shiitake (Lentinula edodes) son hongos comestibles originarios del este de Asia, muy apreciados por su sabor intenso y su valor nutricional. Crecen de forma natural sobre troncos de árboles en zonas húmedas y templadas, aunque hoy en día se cultivan en todo el mundo gracias a su demanda en la gastronomía y en la medicina tradicional. Su textura carnosa y su aroma umami los han convertido en un ingrediente esencial de muchas cocinas, especialmente la japonesa y la china.
Más allá de su uso culinario, los shiitake poseen propiedades inmunoestimulantes y antioxidantes, atribuibles a compuestos como los beta-glucanos y la lentinina, que se ha estudiado por su potencial para fortalecer el sistema inmunitario y reducir el colesterol. En los últimos años, estos hongos también han despertado interés en el ámbito científico y tecnológico, ya que su micelio —la red subterránea de filamentos que los sustenta— ha mostrado propiedades eléctricas y estructurales que podrían aprovecharse en campos como la biotecnología, la sostenibilidad y la electrónica orgánica.

Tecnología inspirada en la naturaleza
Los dispositivos desarrollados se basan en el concepto de memristor, un componente que “recuerda” la cantidad de corriente que ha pasado por él, alterando su resistencia en consecuencia. Los memristores tradicionales requieren materiales como óxidos metálicos y procesos de fabricación altamente contaminantes.
En cambio, los desarrollados con micelio de hongos pueden crecer a temperatura ambiente, sin uso de tierras raras, y ser compostados al final de su vida útil.
Y lo más interesante: funcionan. El equipo comprobó que, una vez deshidratado y conectado a un circuito, el micelio de shiitake puede comportarse como un memristor orgánico capaz de operar a frecuencias de hasta 5.850 Hz con una precisión de conmutación del 90 %. A frecuencias bajas, la precisión llega al 95 %.
Esto abre la puerta a una nueva generación de componentes biodegradables, energéticamente eficientes y accesibles.

¿Qué es el concepto memristor?
Un memristor (contracción de memory resistor) es un componente electrónico capaz de recordar la cantidad de corriente eléctrica que ha pasado a través de él, modificando su resistencia en función de ese historial. En otras palabras, su comportamiento depende de su “memoria” eléctrica: cuando se apaga y se vuelve a encender, el memristor conserva información sobre su estado anterior. Este principio lo hace especialmente útil en el diseño de circuitos neuromórficos, que imitan el funcionamiento de las sinapsis cerebrales, y en almacenamiento de datos no volátil, donde la información no se borra al cortar la energía.
Un memristor (contracción de memory resistor) es un componente electrónico capaz de recordar la cantidad de corriente eléctrica que ha pasado a través de él, modificando su resistencia en función de ese historial. En otras palabras, su comportamiento depende de su “memoria” eléctrica: cuando se apaga y se vuelve a encender, el memristor conserva información sobre su estado anterior. Este principio lo hace especialmente útil en el diseño de circuitos neuromórficos, que imitan el funcionamiento de las sinapsis cerebrales, y en almacenamiento de datos no volátil, donde la información no se borra al cortar la energía.
Redes miceliales: mucho más que hongos
El micelio no es simplemente un material pasivo. Es una red viva, compleja, que responde a estímulos eléctricos, transmite señales y tiene la capacidad de auto-repararse.
En cierto modo, se comporta como una red neuronal primitiva. Esta cualidad lo convierte en una interfaz ideal para tecnologías bioelectrónicas: sensores ambientales, controladores biocompatibles o incluso formas básicas de inteligencia artificial descentralizada.
Algunos laboratorios europeos, como el Unconventional Computing Lab en la Universidad del Oeste de Inglaterra, llevan años investigando cómo el micelio puede usarse como sistema de procesamiento paralelo. Las nuevas pruebas realizadas en Ohio demuestran que estas ideas pueden escalar y mejorar.
Impacto ambiental y social
Mientras los chips de silicio requieren minería intensiva, emisiones y desechos no reciclables, los biochips de micelio pueden cultivarse sobre residuos orgánicos, sin apenas consumo energético. Además, este tipo de tecnología es accesible, lo que abre oportunidades para comunidades rurales, investigadores independientes e iniciativas educativas.
En un mundo saturado de dispositivos electrónicos obsoletos —la basura electrónica global superó los 59 millones de toneladas en 2024, según la ONU—, esta alternativa no solo es prometedora, es urgente.
En paralelo, proyectos en Alemania y Países Bajos ya están evaluando el uso del micelio para revestimientos electrónicos, aislantes biodegradables e incluso sistemas de captación de energía ambiental.
Potencial
La integración de hongos en la tecnología no es ciencia ficción. Es una vía real para:
- Reducir drásticamente el impacto ambiental de la industria electrónica.
- Desarrollar dispositivos compostables que se reintegren al ecosistema tras su uso.
- Crear sensores vivos para monitoreo ambiental, capaces de detectar contaminantes, humedad o cambios térmicos.
- Diseñar sistemas inteligentes de bajo consumo que no dependan de grandes infraestructuras.
- Democratizar la tecnología: cualquiera con conocimientos básicos podría cultivar sus propios componentes.
Imaginemos sensores distribuidos en huertos urbanos que detectan niveles de nitrógeno y ajustan el riego, o estructuras miceliales que responden al calor y actúan como sistemas pasivos de ventilación. Incluso podríamos ver redes descentralizadas de procesamiento de datos, basadas en crecimiento natural, evolucionando junto a su entorno.
El micelio no solo puede cambiar la forma en que hacemos computación. Puede enseñarnos a repensar nuestra relación con la tecnología: menos velocidad, más resiliencia. Menos residuos, más regeneración.
Vía Powered by mushrooms, living computers are on the rise
Más información: Sustainable memristors from shiitake mycelium for high-frequency bioelectronics | PLOS One



Jorge Londono dice
Muestra lo sabia que es la naturaleza y lo mucho que hay que aprender de ella
Francisco A. Itzaina dice
Producimos comercialmente hongos shiitake (nuestra marca: Don Farruco) en Uruguay y me interesa mucho el tema
Claudio dice
Y ya corrieron doom ?? XD
Rulo dice
Una referencia a matrix, cuando nos usan de bateria 🤷♂️