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Nuevo estudio descubre que millones de personas queman plástico para cocinar o calentarse ante la falta de energía y servicios básicos, creando una crisis de salud oculta

22 enero, 2026 3 comentarios

4.1/5 - (18 votos)
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Imagen: revy_parinussa – Depositphotos.

Investigadores documentan el uso cotidiano de residuos plásticos como combustible en las ciudades más empobrecidas del mundo.

  • Humo tóxico en cocinas y patios, invisible desde fuera.
  • Residuos plásticos convertidos en combustible doméstico.
  • Energía de emergencia en barrios sin gas ni recogida de basura.
  • Riesgo químico crónico para mujeres, niños y personas mayores.
  • Contaminación que entra en el aire, el suelo y la comida.

Los residuos plásticos se han convertido en combustible doméstico en las ciudades más pobres del mundo

El plástico está en todas partes. Envuelve los alimentos, transporta el agua y se cuela en cada rincón de la vida diaria. En muchos barrios de bajos ingresos, también termina en el fuego de la cocina. No como una elección, sino como una salida forzada cuando no hay otra cosa.

En calles donde el camión de basura nunca pasa y el gas o la electricidad son un lujo, el residuo se transforma en energía improvisada. Un gesto pequeño, cotidiano, que rara vez aparece en los titulares, pero que moldea la salud y el entorno de millones de personas, día tras día.

Medición de la quema de plástico

Un estudio internacional reciente ha empezado a poner cifras a esta práctica que casi siempre ocurre puertas adentro. Más de 1.000 personas en 26 países —investigadores, técnicos municipales y líderes comunitarios que trabajan en barrios urbanos vulnerables— respondieron a una encuesta sobre lo que ven en su día a día.

Uno de cada tres dijo haber observado hogares que queman plástico con regularidad. Un grupo menor, pero significativo, reconoció haberlo hecho alguna vez por necesidad. Los datos revelan algo más que un problema de gestión de residuos: el plástico se usa para cocinar, calentar estancias, encender fuegos o incluso ahuyentar insectos. Residuos convertidos en combustible doméstico, con un precio que no aparece en la factura de la luz, pero sí en los pulmones y en el suelo.

Estos hallazgos conectan con un patrón que se repite en muchos países del Sur Global: cuando la energía moderna no llega y la recogida de basura falla, los dos sistemas colapsan en uno solo. El vertedero se convierte en despensa energética. Así, sin plan, sin red de seguridad.

Por qué esta práctica permanece oculta

Para el equipo del Curtin Institute for Energy Transition, el problema ha pasado desapercibido porque no se parece a la contaminación “clásica”. No hay chimeneas industriales ni incendios visibles desde satélite. Hay cocinas, patios interiores, callejones estrechos. Espacios donde la quema queda atrapada entre paredes.

Cuando una familia no puede pagar gas, electricidad o carbón, y tampoco tiene dónde tirar la basura, el plástico deja de ser solo un residuo. Se convierte en una solución de emergencia. Bolsas, envoltorios, botellas. Todo arde, todo sirve para salir del paso. Energía de pobreza, podría decirse, una energía que no figura en estadísticas oficiales ni en planes climáticos, pero que existe.

Humo dentro del hogar

Los hogares que queman plástico suelen usar fogones sencillos: fuegos de tres piedras, estufas de carbón, quemadores improvisados con latas y ladrillos. En esos sistemas, la combustión es incompleta. El humo espeso se queda dentro.

No se va al cielo. Se queda en las habitaciones donde se cocina, se duerme y se come. Mujeres, niños, personas mayores y quienes tienen movilidad reducida son los más expuestos. Pasa el tiempo, pasan los años, y el cuerpo va acumulando ese aire sucio como si fuera polvo en una estantería.

La quema de leña o carbón ya se asocia a enfermedades respiratorias crónicas. El plástico multiplica el problema. Introduce compuestos que no estaban en la ecuación: dioxinas, furanos, metales pesados, partículas ultrafinas. Una mezcla que convierte la cocina en un laboratorio tóxico.

Química tóxica de la quema de plástico

No todos los plásticos son iguales, pero muchos comparten un final químico inquietante cuando arden. El PVC, uno de los más comunes en envases y objetos domésticos, libera dioxinas y furanos, contaminantes persistentes que no se degradan fácilmente. Se quedan en el aire, se depositan en el suelo, entran en plantas y animales. Luego regresan a la mesa.

Estas sustancias se asocian con trastornos hormonales, problemas reproductivos, debilitamiento del sistema inmunitario y distintos tipos de cáncer. No es un riesgo abstracto. Es acumulativo. Pequeñas dosis, muchas veces, durante años.

El problema no termina en el humo visible. Las cenizas y los restos de combustión se mezclan con la tierra, con el agua de lluvia, con los cultivos urbanos que muchas familias mantienen en pequeños huertos o macetas. El círculo se cierra.

Exposición a la quema de plástico

La contaminación no se queda en los pulmones. Parte de lo que flota en el aire acaba en la comida y en el agua. Estudios en zonas cercanas a puntos de quema han encontrado compuestos tóxicos en huevos de gallina, en suelos agrícolas, en fuentes superficiales.

En barrios densamente poblados, donde las casas están pared con pared, el humo de una cocina se convierte en el aire del vecino. Contaminación compartida, sin fronteras ni avisos. Una crisis silenciosa que se superpone a otras: falta de saneamiento, inseguridad alimentaria, acceso limitado a servicios de salud.

Aquí, la sostenibilidad deja de ser un concepto abstracto. Se vuelve algo físico. Respirar o no respirar.

Por qué las prohibiciones son ineficaces

Prohibir la quema de plástico sin ofrecer alternativas es como cerrar una puerta sin abrir otra. La mayoría de las personas que recurren a esta práctica saben que es peligrosa. Lo hacen porque no tienen opciones más seguras.

El fondo del problema es doble: pobreza energética y sistemas de residuos que no funcionan. Sin gas asequible, sin electricidad estable, sin recogida regular de basura, cualquier política se queda en papel.

A esto se suma una tendencia global inquietante: el uso de plástico sigue creciendo y podría triplicarse en las próximas décadas. Más envases, más residuos, más presión sobre comunidades que ya viven al límite.

Las soluciones que empiezan a mostrar resultados combinan varios frentes. Programas de cocinas limpias con acceso a biogás, electricidad solar o gas licuado subsidiado. Sistemas comunitarios de recogida y reciclaje que generan empleo local. Proyectos de economía circular que convierten residuos en materiales de construcción o en combustible industrial controlado, lejos de los hogares.

No es solo una cuestión ambiental. Es una cuestión de dignidad.

Qué impacto puede tener en el medio ambiente

Reducir la quema doméstica de plástico tiene un efecto inmediato en la calidad del aire local. Menos humo, menos partículas, menos compuestos persistentes en suelos y cultivos urbanos. A escala mayor, también significa menos emisiones de gases y contaminantes climáticos de vida corta, como el carbono negro, que contribuyen al calentamiento global.

Cuando los residuos se gestionan de forma adecuada —reciclaje, compostaje, valorización energética en instalaciones controladas— se evita que terminen dispersos en ríos, suelos y atmósfera. Se corta una vía directa de contaminación que hoy pasa por las cocinas de los barrios más vulnerables.

Más información: Prevalence of plastic waste as a household fuel in low-income communities of the Global South | Nature Communications

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Publicado en: Contaminación, Artículos destacados

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Comentarios

  1. Anónimo dice

    22 enero, 2026 a las 11:21

    porque una noticia tan relevante de nuestra realidad pais esta tan dificil de leer llena de comerciales. y sin mas informacion
    Deben informar la realidad ,en todos lados para que sea leida facil

    Responder
  2. Silvina dice

    22 enero, 2026 a las 15:56

    Yo hago los agujeros de las macetas usando calor.
    no vienen hechos, no sabía que era tan peligroso, spy de Argentina.
    mucho plástico en todos los envases del súper, compres lo que compres, sea azúcar, sal, shampoo, cosmeticos, tu ropa. Debe haber una reducción inmensa de producción de plástico hasta llegar a cero, ¿porqué estamos en el camino inverso entonces? ¿para qué?

    Responder
  3. Ricardo Monges Fonseca dice

    4 febrero, 2026 a las 18:19

    Existen varios factores negativos que influyen en forma considerable en la contaminación del suelo y la atmósfera. Problema difícil de controlar cuando se vive en la probeza. Es muy fácil opinar , pero muy distinto es vivirla

    Responder

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