
Investigadores del CSIC demuestran que los envases plásticos transfieren bisfenoles y otros aditivos al pescado refrigerado y congelado.
- 🧪 Aditivos plásticos en pescado almacenado en frío.
- ❄️ Migración química incluso en nevera y congelador.
- 📦 Bandejas, films y bolsas bajo análisis.
- ⏳ Más tiempo de contacto, mayor transferencia.
- 🐟 Salmón, atún y merluza con comportamientos distintos.
- ⚠️ Bisfenol A, principal responsable del riesgo detectado.
- 👶 Mayor preocupación para bebés y niños pequeños.
- 🇪🇺 Nuevas restricciones europeas a los bisfenoles.
- ♻️ Necesidad de materiales alimentarios más seguros.
- 🔬 Evaluación realista del almacenamiento doméstico.
El frío no detiene la migración de sustancias químicas
Durante años se asumió que las temperaturas bajas reducían al mínimo la transferencia de compuestos químicos desde los envases hacia los alimentos. Sin embargo, esta investigación demuestra que el proceso continúa produciéndose incluso cuando el pescado se conserva en refrigeración o congelación.
La diferencia es que, en lugar de producirse rápidamente por efecto del calor, la migración ocurre de forma gradual durante días o semanas. Un detalle importante porque millones de personas almacenan pescado en casa antes de consumirlo, especialmente en congeladores domésticos donde algunos productos permanecen durante largos periodos.
El estudio aporta una visión mucho más cercana a la realidad cotidiana. No analiza únicamente el alimento recién adquirido, examina lo que sucede después, cuando el consumidor guarda el producto en las condiciones habituales de su hogar.
Por qué algunos pescados acumulan más contaminantes que otros
Los resultados muestran que las características propias de cada especie influyen directamente en la cantidad de sustancias transferidas.
Los compuestos lipofílicos, es decir, aquellos con afinidad por las grasas, encontraron en el salmón un medio especialmente favorable para acumularse. Esto explica las elevadas tasas de migración observadas para algunos plastificantes.
En cambio, determinados bisfenoles mostraron una tendencia diferente y migraron con más facilidad hacia especies con mayor contenido de agua, como la merluza.
Este comportamiento pone de relieve que la composición nutricional del alimento puede influir tanto como el tipo de envase utilizado. No todos los alimentos interactúan de la misma forma con los materiales que los rodean.
Los nuevos plastificantes también generan preguntas
Durante los últimos años, numerosos fabricantes han sustituido sustancias controvertidas como ciertos ftalatos o el bisfenol A por alternativas consideradas más seguras. Sin embargo, la investigación revela que algunos de estos sustitutos pueden presentar tasas de migración muy elevadas.
El caso del DEHA (di(2-etilhexil) adipato) resulta especialmente llamativo. Aunque se utiliza como alternativa a otros plastificantes más cuestionados, mostró una transferencia significativa hacia los pescados analizados.
Esto no implica necesariamente que presente el mismo nivel de riesgo toxicológico que otras sustancias ampliamente estudiadas. El problema es otro: todavía existe una falta considerable de información científica sobre muchos compuestos que están llegando al mercado.
Los expertos advierten de que sustituir una sustancia por otra menos conocida no garantiza automáticamente una mejora en términos de seguridad alimentaria.
Una regulación europea que llega en un momento clave
Los resultados del estudio coinciden con un contexto regulatorio especialmente activo en Europa.
La Unión Europea ha comenzado a restringir progresivamente el uso de bisfenoles en materiales destinados al contacto con alimentos. La decisión se apoya en la creciente evidencia científica sobre sus posibles efectos como disruptores endocrinos y en las revisiones realizadas por organismos como la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA).
La reducción drástica del nivel de exposición considerado seguro para el bisfenol A refleja cómo ha evolucionado el conocimiento científico durante la última década. Lo que hace pocos años parecía aceptable hoy se considera insuficiente para garantizar una protección adecuada.
Esta nueva normativa también envía una señal clara a la industria: el desarrollo de envases deberá orientarse hacia materiales más seguros y mejor evaluados desde el punto de vista toxicológico.
El reto de los envases compostables
Uno de los aspectos más interesantes del estudio es que las mayores estimaciones de riesgo no procedieron necesariamente de los envases plásticos convencionales.
Algunos escenarios asociados a bandejas compostables mostraron niveles de migración destacados. Esto recuerda una cuestión que a menudo pasa desapercibida: un material sostenible desde el punto de vista ambiental no siempre implica una mejora automática en materia de seguridad alimentaria.
Los envases compostables representan una herramienta importante para reducir residuos persistentes, aunque también necesitan evaluaciones rigurosas que permitan conocer el comportamiento de todos los aditivos empleados en su fabricación.
La sostenibilidad debe contemplar ambas dimensiones: la ambiental y la sanitaria.
Más allá del pescado: una exposición acumulativa
Las investigadoras destacan que el pescado constituye solo una parte de la exposición diaria de las personas a estos compuestos.
Los bisfenoles y otros aditivos pueden encontrarse en numerosos productos de uso cotidiano, incluyendo envases alimentarios, botellas reutilizables, recubrimientos internos de latas, tickets térmicos y determinados artículos de consumo.
Por ello, los científicos hablan cada vez más de exposición acumulativa, un concepto que considera la suma de todas las fuentes de contacto a lo largo del día.
Desde esta perspectiva, incluso cantidades aparentemente pequeñas adquieren relevancia cuando se añaden a otras vías de exposición ya existentes.
Hacia una nueva generación de materiales alimentarios
La investigación encaja dentro de una tendencia internacional orientada al desarrollo de materiales más seguros para la conservación de alimentos.
Actualmente se trabaja en soluciones basadas en biopolímeros, recubrimientos naturales derivados de algas, celulosa o proteínas vegetales, así como envases inteligentes capaces de prolongar la vida útil de los alimentos sin necesidad de incorporar determinados aditivos químicos.
También avanzan las técnicas de evaluación de riesgos mediante modelos más complejos que permiten estudiar mezclas de contaminantes y exposiciones reales, algo especialmente importante en un mundo donde las personas están expuestas simultáneamente a múltiples sustancias.
La seguridad alimentaria del futuro dependerá cada vez más de este enfoque integral.
Qué impacto puede tener en el medio ambiente
La presencia de aditivos capaces de migrar desde los envases hacia los alimentos también plantea interrogantes ambientales.
Muchos de estos compuestos pueden liberarse durante la fabricación, el uso y la gestión final de los residuos plásticos. Una vez en el medio ambiente, algunos llegan a ríos, lagos y ecosistemas marinos, donde pueden incorporarse a las cadenas alimentarias.
La contaminación química asociada a los plásticos se suma al problema ya conocido de los microplásticos. Aunque ambos fenómenos suelen estudiarse por separado, en realidad forman parte de una misma problemática relacionada con el diseño de materiales y la gestión de residuos.
Reducir la dependencia de aditivos potencialmente peligrosos podría generar beneficios tanto para la salud humana como para los ecosistemas acuáticos.
Vía Consejo Superior de Investigaciones Científicas
Más información: Storage-driven migration of plastic additives from packaging to fish: influencing factors and human exposure assessment – ScienceDirect



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