
La escasez de agua se sufre más en algunas regiones que en otras. Por ello, BMDesign Studios propone un diseño para los climas más áridos, una solución arquitectónica llamada techo cóncavo, un sistema de doble techo diseñado para recoger y almacenar el agua de lluvia, para luchar contra la escasez de agua y también conseguir la refrigeración natural del edificio.
- 💧 Captación de lluvia y rocío.
- 🏜️ Diseño pensado para climas áridos.
- 🌡️ Refrigeración pasiva del edificio.
- 🏠 Cubiertas cóncavas de doble capa.
- 🌴 Integración con vegetación local.
- ♻️ Menor consumo de agua y energía.
- 📉 Hasta 106 m³ de agua de lluvia al año por cubierta de 923 m².
- 🌍 Arquitectura adaptada al cambio climático.
Un innovador tejado cóncavo convierte la lluvia y el rocío en agua potable mientras reduce el calor en edificios de zonas áridas
Una arquitectura que convierte la escasez de agua en una oportunidad
La escasez de agua se ha convertido en uno de los mayores desafíos para muchas regiones del planeta. En países como Irán, donde las precipitaciones apenas alcanzan una tercera parte de la media mundial y la evaporación supera ampliamente esos aportes, cada gota cuenta. A ello se suma el aumento de las temperaturas, la sobreexplotación de los acuíferos y la desaparición progresiva de grandes masas de agua, como el lago Urmía o el río Zayandeh-Rud, transformados en amplias superficies salinas tras años de sequía.

Ante este escenario, el estudio BMDesign Studios propone una solución que combina arquitectura bioclimática, captación de agua atmosférica y refrigeración pasiva. El proyecto ha sido seleccionado para competir en los prestigiosos Premios Aga Khan de Arquitectura, un reconocimiento reservado a propuestas capaces de mejorar la calidad de vida mediante un diseño innovador y sostenible.

La idea parte de un principio sencillo: transformar el tejado, tradicionalmente un elemento pasivo, en un sistema capaz de producir agua y mejorar el confort térmico del edificio sin necesidad de un elevado consumo energético.
Un tejado que aprovecha tanto la lluvia como la humedad del aire
El elemento más llamativo del proyecto son sus cubiertas cóncavas, con forma de grandes cuencos orientados hacia el cielo.
Cuando llueve, incluso si las precipitaciones son débiles, la geometría inclinada favorece que las pequeñas gotas se unan rápidamente y fluyan hacia puntos de recogida antes de evaporarse. Según los cálculos del proyecto, una cubierta de 923 m², con una precipitación anual de 193 mm y una eficiencia del 60 %, puede recoger alrededor de 106 m³ de agua de lluvia al año.
Pero la lluvia representa solo una parte del sistema.

Durante la noche, las superficies se enfrían por radiación térmica y favorecen la condensación del vapor de agua presente en la atmósfera. Así aparece el rocío, una fuente de agua poco aprovechada que puede resultar muy valiosa en zonas donde la humedad relativa es elevada durante las primeras horas del día, aunque apenas llueva.
Este fenómeno resulta especialmente interesante en regiones costeras cálidas donde coinciden aire húmedo y temperaturas nocturnas suficientemente bajas para favorecer la condensación.

Inspiración en la naturaleza para captar agua del aire
El proyecto toma como referencia al conocido escarabajo del desierto de Namibia, uno de los ejemplos más estudiados de biomímesis.
Este insecto sobrevive en uno de los lugares más secos del planeta gracias a la capacidad de condensar la niebla sobre su cuerpo y conducir las gotas directamente hasta su boca. Los diseñadores trasladan ese mismo principio a gran escala mediante superficies lisas que favorecen la formación del rocío y canalizan el agua hacia depósitos de almacenamiento.
La biomímesis lleva años inspirando avances en ingeniería y arquitectura. Materiales autolimpiables, fachadas con ventilación natural o sistemas de refrigeración pasiva nacen precisamente de observar cómo la naturaleza resuelve problemas similares desde hace millones de años.

Refrigeración natural sin necesidad de grandes consumos eléctricos
La cubierta no solo recoge agua.
Su configuración en doble capa genera una cámara ventilada entre ambas superficies. La pieza superior protege el edificio de la radiación solar directa mientras el aire circula libremente entre las dos capas, disipando parte del calor acumulado.
Esta estrategia reduce la temperatura de la cubierta principal y disminuye la necesidad de utilizar sistemas de aire acondicionado durante los meses más cálidos.

Además, el proyecto incorpora patios hundidos, una solución tradicional presente desde hace siglos en ciudades desérticas iraníes como Yazd o Nain. Estos espacios almacenan el aire más fresco de la noche, creando un microclima que ayuda a mantener temperaturas interiores más agradables durante el día.
Es un ejemplo claro de cómo la arquitectura vernácula sigue ofreciendo respuestas muy eficaces frente a los retos climáticos actuales.

Palmeras datileras y diseño urbano con función ecológica
Otro aspecto interesante es la incorporación estratégica de palmeras datileras alrededor de las cubiertas.
Estos árboles proyectan sombra durante las horas de mayor insolación, ayudan a reducir la temperatura del entorno y aportan producción de alimento mediante los dátiles. El resultado es un sistema donde vegetación y arquitectura trabajan conjuntamente para mejorar el comportamiento ambiental del edificio.
Las cubiertas también han sido concebidas como elementos modulares capaces de repetirse en distintos edificios, creando una identidad urbana reconocible ligada directamente a la gestión sostenible del agua.

Los retos que todavía debe superar esta tecnología
Aunque el concepto resulta prometedor, su implantación a gran escala todavía presenta varios desafíos.
Uno de los más importantes es la elección de los materiales. Los diseñadores concluyen que los tejidos impermeables recubiertos, similares a los utilizados en algunas estructuras tensadas, ofrecen un mejor equilibrio entre resistencia, ligereza y capacidad para favorecer la condensación del rocío.
También es necesario desarrollar sistemas estructurales capaces de soportar las grandes cubiertas cóncavas frente al viento sin incrementar excesivamente el peso del edificio.
A ello se añade el coste inicial de una solución poco convencional. Como ocurre con muchas tecnologías sostenibles, la inversión puede resultar superior durante la construcción, aunque parte de ese gasto puede recuperarse con el ahorro de agua y energía durante décadas de funcionamiento.
Existe además un reto menos visible: la aceptación social. La captación de agua atmosférica todavía genera dudas entre parte de la población, a pesar de que numerosos proyectos internacionales ya demuestran su viabilidad en condiciones climáticas adecuadas.

Una tendencia que empieza a extenderse por distintas regiones del mundo
La recogida de agua de lluvia ya forma parte de la normativa o de las recomendaciones urbanísticas en numerosos países. En ciudades de Australia, Singapur o diferentes estados de Estados Unidos, muchos edificios incorporan depósitos para reducir el consumo de agua potable destinada al riego, la limpieza o las cisternas.
Paralelamente, la investigación sobre captadores de agua atmosférica avanza con rapidez. Universidades y centros tecnológicos trabajan en materiales capaces de condensar humedad incluso en ambientes extremadamente secos, utilizando superficies especiales, hidrogeles o estructuras inspiradas en organismos del desierto.
El proyecto iraní aporta un enfoque distinto porque integra todas estas funciones directamente en la arquitectura del edificio, evitando añadir equipos independientes o con elevado consumo energético.
Potencial
La creciente incertidumbre sobre la disponibilidad de agua obliga a replantear la forma de diseñar las ciudades. Soluciones como las cubiertas cóncavas captadoras de lluvia y rocío muestran que la arquitectura puede convertirse en una infraestructura activa para producir recursos, en lugar de limitarse a consumirlos.
Aunque no resolverán por sí solas la crisis hídrica, estas tecnologías pueden complementar otras estrategias como la reutilización de aguas grises, la recuperación de agua de lluvia, la mejora de la eficiencia en los edificios y la restauración de los ecosistemas que regulan el ciclo del agua.
Cada edificio capaz de generar parte del agua que necesita y reducir su demanda energética representa un paso hacia ciudades más preparadas para un clima cambiante. Adaptar el diseño arquitectónico a las condiciones locales, recuperar conocimientos tradicionales y combinarlos con materiales modernos puede marcar una diferencia importante en las próximas décadas, especialmente en aquellas regiones donde el agua empieza a convertirse en el recurso más valioso.
Diseñador: BMDesign Studios.

Anónimo dice
No entiendo hacer una estructura de tales dimensiones y formas ; con solo hacer una casa con su techo normal que tenga una buena caída de agua ( inclinación), un buen conducto de drenaje y un buen almacenamiento gracias
Alejandro Peña Durán dice
saludos: al comentario anterior sobre la estructura autoportante puede usar una forma que deriva del parboloide hiperbólico osea superficie reglada para soportar la carga.
Néstor Eduardo Rivero Jaspe dice
100% de acuerdo con el primer comentario. Es absurdo una estructura tan complicada y cara (un segundo techo sobre otro techo), que se supone alivie a regiones pobres (que no pueden darse ese lujo para resolver un problema resuelto hace cientos de años. techos inclinados, Canales que recogen el agua de precipitaciones o condensada en la noche y la guían a un repositorio de agua, ya sea soterrado (abundan en el Cercano y Medio Oriente, y en España) o no, como los tinajones (ya en extinción) en Camagüey, Cuba. Y estas estructuras qué proponen no soportaron vientos ni moderados ni fuertes, a menos que se incurre en gastos adicionales para añadir resistencia. Gastos en I&D MALgastados.