
Planta china en el desierto de Gobi almacenará energía renovable enfriando aire a -194 °C y generará electricidad para 30.000 hogares.
La Super Air Power Bank, la mayor instalación de almacenamiento de energía mediante aire líquido (LAES) del planeta, alcanza una eficiencia de almacenamiento en frío superior al 95 %.
- Aire convertido en energía.
- Frío extremo como vector energético.
- Renovables sin desperdicio.
- Estabilidad para la red eléctrica.
- Almacenamiento a gran escala, sin litio.
China construye la mayor “batería de aire ultrafrío” del mundo en el desierto del Gobi
China se prepara para poner en marcha la mayor batería de aire ultrafrío jamás construida. El proyecto, ubicado cerca de Golmud, en la provincia noroccidental de Qinghai, se levanta en pleno desierto del Gobi, una región que ya se ha convertido en epicentro de la expansión solar y eólica del país.
El principio es tan sencillo como poco intuitivo. Comprimir aire, enfriarlo hasta –194 °C, transformarlo en líquido y almacenarlo en grandes tanques blancos. Cuando se necesita electricidad, ese aire se libera, se calienta y se expande más de 750 veces, una fuerza suficiente para mover turbinas y generar energía. Nada exótico. Física básica. Pero aplicada a escala industrial.
Super Air Power Bank
La instalación, desarrollada por China Green Development Investment Group junto al Instituto Técnico de Física y Química de la Academia China de Ciencias, está prácticamente lista para entrar en operación. No es un prototipo experimental. Es infraestructura energética real.
Cada ciclo de descarga puede suministrar hasta 600.000 kWh, con una autonomía de 10 horas continuas. A lo largo de un año, se espera que genere alrededor de 180 millones de kWh, suficiente para cubrir el consumo eléctrico anual de unas 30.000 viviendas. Su función no es producir energía nueva, sino guardar la que sobra cuando el sol y el viento producen más de lo que la red puede absorber.
Aquí está la clave. La planta ha sido diseñada para trabajar en sintonía con fuentes renovables variables. Fotovoltaica, principalmente. Cuando hay exceso de generación, se almacena. Cuando la demanda sube, se libera. Sin prisas. Sin combustión. Sin emisiones directas.
Este tipo de soluciones ataca uno de los grandes cuellos de botella de la transición energética: la intermitencia. La electricidad renovable no siempre coincide con los picos de consumo. Y eso tensiona la red. Según investigadores del propio instituto chino, esa variabilidad genera picos y valles de oferta y demanda que afectan directamente a la estabilidad del sistema eléctrico. El almacenamiento ya no es un complemento. Es una condición necesaria.

El futuro del almacenamiento con aire líquido
El proceso completo de la Super Air Power Bank se apoya en una lógica de aprovechamiento energético integral. El exceso de electricidad alimenta compresores que purifican el aire, lo presurizan y lo licúan. Durante la descarga, el aire se calienta utilizando energía térmica residual, evitando pérdidas innecesarias.
La eficiencia de almacenamiento en frío supera el 95 %, y la eficiencia de ida y vuelta se sitúa por encima del 55 %. No es tan alta como algunas baterías químicas, pero compensa con otras ventajas: larga vida útil, materiales abundantes, ausencia de metales críticos y una escala prácticamente ilimitada.
La planta se alimenta de un parque fotovoltaico de 250.000 kW que se extiende por el Gobi. Un paisaje que antes era solo arena y ahora funciona como una gigantesca infraestructura energética silenciosa.
China no está sola en esta apuesta. Corea del Sur ya ha operado su primer sistema LAES a gran escala, con una producción equivalente a 10 toneladas de aire líquido al día. En el Reino Unido, una planta similar en Carrington, cerca de Manchester, prevé completarse en 2026 y comenzar a operar al año siguiente. El interés crece. Y no es casual.
Potencial
El almacenamiento de energía mediante aire líquido abre la puerta a redes eléctricas más resilientes, capaces de absorber grandes volúmenes de renovables sin perder estabilidad. Puede convertirse en una pieza clave para sistemas eléctricos basados casi por completo en sol y viento.
A medio plazo, estas plantas podrían integrarse cerca de polos industriales, parques solares masivos o incluso ciudades, funcionando como amortiguadores energéticos. También permiten desacoplar producción y consumo, algo esencial en un mundo electrificado.
No es una solución mágica. Pero sí una tecnología madura, escalable y compatible con un modelo energético bajo en carbono. Aire, frío y tiempo. A veces, eso basta.



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