
Se inauguró en Henan, China, la primera planta industrial del mundo capaz de producir 1.000 toneladas anuales de fibras regeneradas de celulosa usando líquidos iónicos.
- Fibras textiles con emisiones casi nulas.
- Tecnología basada en líquidos iónicos, sin disolventes tóxicos.
- Planta de 1.000 toneladas en operación en Henan, China.
- Recuperación de solventes superior al 99 %.
- Reducción estimada de 5.000 toneladas de CO₂/año.
- Proceso más seguro, estable y ecológico.
- Referente para la industria textil sostenible.
La puesta en marcha de la primera planta industrial de fibras de celulosa regenerada a base de líquidos iónicos marca un punto de inflexión en la descarbonización de la industria textil.
Ubicada en la provincia de Henan (China), esta instalación pionera alcanza una escala de producción de 1.000 toneladas anuales, algo inédito a nivel global en este tipo de tecnología.
Tecnología limpia y sin residuos tóxicos
A diferencia de los métodos tradicionales, que dependen de disolventes agresivos como el disulfuro de carbono o el NMMO, esta innovación sustituye esos compuestos por líquidos iónicos no volátiles y estables.
El resultado es un proceso de producción de fibras prácticamente libre de emisiones: sin vertidos líquidos, sin gases contaminantes, sin residuos sólidos.
Los líquidos iónicos son sales líquidas a temperatura ambiente, diseñadas para disolver materiales como la celulosa sin degradarse ni evaporarse. Su baja toxicidad, alta polaridad y capacidad de recuperación los hacen ideales para procesos industriales sostenibles.
El sistema desarrollado por el Instituto de Ingeniería de Procesos (IPE) de la Academia China de Ciencias alcanza una tasa de recuperación de solventes del 99 %, lo que minimiza el consumo de recursos y evita la generación de desechos químicos.
Una década de investigación aplicada
Este avance no es fruto de la casualidad. El equipo dirigido por el profesor Zhang Suojiang ha invertido más de diez años en superar desafíos técnicos como la disolución eficiente de celulosa, la optimización del hilado y la integración completa del sistema de reciclaje de solventes.
El proceso fue validado en sucesivas fases de escala, desde pruebas de laboratorio hasta una planta piloto de 100 toneladas, y finalmente esta línea continua de 1.000 toneladas que ya funciona de forma estable.
Las fibras obtenidas cumplen con los estándares internacionales en cuanto a resistencia, uniformidad, y calidad textil, lo que abre la puerta a su uso en ropa, textiles para el hogar, y aplicaciones industriales sin comprometer el rendimiento.

Ejemplo de transición industrial verde
Más allá del logro técnico, este proyecto es una muestra concreta de cómo la innovación puede transformar industrias intensivas en recursos y energía.
La industria textil es responsable de aproximadamente el 10 % de las emisiones globales de carbono y es uno de los mayores consumidores de agua y productos químicos. Frente a este panorama, tecnologías como la del IPE ofrecen una alternativa realista y escalable.
China, con sus metas de neutralidad de carbono para 2060, ya está impulsando este tipo de iniciativas como parte de una estrategia nacional para modernizar su tejido industrial. El respaldo de instituciones como la Federación de la Industria Textil China refleja el peso estratégico del proyecto.
Además, esta planta puede servir como modelo replicable en otras regiones del mundo que buscan reducir la huella ambiental de su industria textil sin perder competitividad.
En Europa, iniciativas similares se están desarrollando a menor escala. Por ejemplo, la empresa finlandesa Spinnova trabaja en fibras textiles sostenibles sin químicos nocivos, mientras que marcas como H&M o Stella McCartney han comenzado a integrar materiales basados en celulosa regenerada en sus colecciones. Sin embargo, la planta china de Henan representa el primer salto a una escala verdaderamente industrial.

Potencial
La tecnología basada en líquidos iónicos puede ser una pieza clave en la transición hacia una economía circular en el sector textil.
Al eliminar el uso de disolventes tóxicos y permitir la reutilización constante del medio de procesamiento, se reduce drásticamente el impacto ambiental de cada metro de tela producido.
Algunas aplicaciones con gran potencial incluyen:
- Reciclaje avanzado de textiles de algodón y viscosa, integrando fibras recuperadas en nuevos ciclos de producción.
- Producción descentralizada y local de fibras, reduciendo la huella de transporte.
- Integración con energías renovables para operar las plantas con cero emisiones netas.
- Alianzas público-privadas que impulsen normativas y certificaciones específicas para materiales con líquidos iónicos.
- Uso en biotextiles inteligentes, combinando sostenibilidad con funciones técnicas (resistencia al fuego, biodegradabilidad, etc.).
Este tipo de innovación no solo mejora la sostenibilidad del sector, sino que también plantea nuevos modelos de negocio, donde la eficiencia ecológica es parte central del valor añadido. Si se escala globalmente, podría reducir millones de toneladas de emisiones y posicionar al textil como un aliado —y no un enemigo— en la lucha contra la crisis climática.



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