
Investigadores de la Universidad de Flinders desarrollan jaulas moleculares que eliminan hasta el 98% de PFAS de cadena corta en agua.
- Contaminación global del agua.
- PFAS persistentes, difíciles de eliminar.
- Jaula molecular a escala nano.
- Captura eficaz de cadenas cortas.
- Hasta 98% de eliminación en laboratorio.
- Material reutilizable, varios ciclos.
- Aplicación potencial en tratamiento final de agua.
Nueva forma de atrapar los PFAS tóxicos en el agua
La contaminación de aguas subterráneas, superficiales y potables por sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas (PFAS) se ha convertido en uno de los problemas ambientales más complejos de las últimas décadas. Estos compuestos, conocidos como “químicos eternos”, no se degradan fácilmente y pueden acumularse durante años en ecosistemas y organismos vivos.
Un nuevo método desarrollado por investigadores de la Universidad de Flinders abre una vía interesante para abordar una de las mayores limitaciones actuales: la eliminación de los PFAS de cadena corta, mucho más móviles y difíciles de capturar con las tecnologías convencionales.
Una jaula molecular que cambia las reglas del juego
El equipo liderado por el Dr. Witold Bloch ha diseñado una jaula molecular a escala nanométrica capaz de actuar como una trampa altamente selectiva. No se trata simplemente de absorber contaminantes, como hacen los filtros tradicionales. Aquí ocurre algo más específico.
La clave está en cómo estas estructuras obligan a los PFAS a agruparse dentro de su cavidad interna, generando un tipo de unión mucho más fuerte que en materiales habituales como el carbón activado. Este comportamiento permite capturar moléculas que antes escapaban con facilidad en los sistemas de filtración.
Además, los investigadores integraron estas jaulas en sílice mesoporosa, un material ampliamente utilizado en tratamiento de agua pero que por sí solo apenas interactúa con PFAS. La combinación multiplica su eficacia.

El gran desafío: los PFAS de cadena corta
Hasta ahora, muchas tecnologías lograban reducir parcialmente los PFAS de cadena larga, más voluminosos y menos móviles. El problema real está en los compuestos de cadena corta.
Son más pequeños, se dispersan mejor en el agua y atraviesan con facilidad los sistemas de filtrado. Por eso aparecen incluso en agua potable tratada. Y ahí es donde esta tecnología marca la diferencia.
El nuevo material consigue eliminar una amplia gama de PFAS, incluyendo esos compuestos más escurridizos. En pruebas de laboratorio, ha alcanzado tasas de eliminación de hasta el 98% en concentraciones ambientalmente relevantes, lo que lo sitúa muy por encima de muchas soluciones actuales en condiciones comparables.
De laboratorio a plantas de tratamiento
Otro aspecto relevante es la reutilización del material. El adsorbente mantiene su eficacia tras al menos cinco ciclos de uso, algo clave si se quiere aplicar en sistemas reales sin disparar costes.
Esto abre la puerta a su integración en fases finales del tratamiento de agua, lo que se conoce como “pulido” del agua potable. Es decir, no sustituye necesariamente a los sistemas existentes, los complementa donde más se necesita precisión.
En un contexto donde países como Estados Unidos o miembros de la Unión Europea están endureciendo los límites legales de PFAS en agua potable, este tipo de soluciones puede encajar bien. De hecho, la UE avanza hacia restricciones más estrictas dentro del reglamento REACH, presionando a la industria para reducir su presencia.
Potencial
Esta tecnología apunta a un cambio interesante en cómo se aborda la contaminación del agua: soluciones más específicas, diseñadas a nivel molecular.
A medio plazo, podría integrarse en plantas de tratamiento urbanas, sistemas industriales e incluso dispositivos compactos para uso descentralizado. En zonas con acuíferos contaminados, por ejemplo, podría marcar la diferencia.
También encaja con una tendencia clara: combinar materiales avanzados con infraestructuras existentes en lugar de reemplazarlas por completo. Más realista, más viable.
Si se logra escalar su producción y mantener costes razonables, estas jaulas moleculares podrían convertirse en una herramienta habitual en la lucha contra contaminantes persistentes. No es la solución definitiva, pero sí un paso sólido.
Y en un problema tan enquistado como el de los PFAS, cada avance tangible cuenta. Mucho.
Más información: ‘Efficient removal of short-chain perfluoroalkyl substances by cavity-directed aggregation in a molecular cage host’ (2026) by Caroline VI Andersson, Sumali GT Mudiyanselage (also Flinders University), Martin D Peeks (UNSW Sydney), Asja A Kroeger (Flinders), Jemma I Virtue, Maximilian Mann (Flinders), Justin M Chalker, Michelle L Coote, Martin R Johnston and Witold M Bloch published in Angewandte Chemie International Edition (Wiley) DOI: 10.1002/anie.202526027.



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