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Científicos desarrollan un sistema que produce agua oxigenada directamente con luz solar eliminando más del 99 % de las bacterias

1 septiembre, 2026 Deja un comentario

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Imagen representativa generada por IA

Nuevo sistema fotoelectroquímico fabrica peróxido de hidrógeno con luz solar y logra más del 99% de inactivación bacteriana en 60 minutos.

  • ☀️ Luz solar como única fuente energética externa.
  • 💧 Peróxido de hidrógeno producido a partir de agua y oxígeno.
  • ⚡ Sin tensión eléctrica externa durante el funcionamiento.
  • 🧪 Dos electrodos produciendo H₂O₂ al mismo tiempo.
  • 🦠 Más del 99 % de inactivación bacteriana en 60 minutos.
  • 📐 Prueba al aire libre con electrodos de 36 cm².
  • ⏱️ Más de 50 horas de estabilidad demostrada en el fotocátodo.

Un sistema produce agua oxigenada directamente con luz solar y elimina más del 99 % de las bacterias en una hora

¿Por qué importa?

El peróxido de hidrógeno, H₂O₂, conocido popularmente como agua oxigenada, se utiliza para desinfectar, tratar aguas residuales, blanquear pasta de papel y fabricar numerosos productos químicos. El problema está en cómo se obtiene.

La mayor parte de la producción industrial continúa dependiendo del proceso de la antraquinona, una cadena química compleja que requiere hidrógeno de alta pureza, disolventes orgánicos, varias etapas de separación y grandes instalaciones centralizadas.

Un equipo de investigadores chinos ha demostrado otra posibilidad: fabricar H₂O₂ directamente aprovechando la luz solar, sin aplicar una tensión eléctrica externa al dispositivo. Más interesante todavía, la misma instalación puede producir el compuesto en sus dos electrodos.

No es aún una alternativa industrial. Pero resuelve varias de las dificultades que llevaban años frenando esta vía.

Dos electrodos que trabajan a la vez

El sistema desarrollado por investigadores de la Universidad de Mongolia Interior y la Universidad de Fudan, en China, pertenece a una familia de tecnologías conocidas como sistemas fotoelectroquímicos.

La idea básica es bastante intuitiva. La luz incide sobre materiales semiconductores y genera cargas eléctricas. Esas cargas impulsan reacciones químicas en la superficie de los electrodos.

Aquí ocurre algo especialmente interesante.

En uno de los lados, un fotoánodo formado por varias capas de materiales semiconductores utiliza el agua como materia prima para formar H₂O₂ mediante una reacción de oxidación.

En el otro, un fotocátodo utiliza el oxígeno y los electrones generados por la iluminación para producir también H₂O₂.

Así, los dos extremos de la celda persiguen el mismo producto.

Eso cambia bastante la lógica convencional. En muchas células electroquímicas, solo una de las dos reacciones genera el compuesto que interesa mientras la otra consume energía y produce algo de menor valor. Aquí, ambas contribuyen a fabricar agua oxigenada.

La clave está en evitar que la reacción siga avanzando

Producir H₂O₂ a partir de agua u oxígeno no es especialmente difícil. El verdadero problema consiste en detener la reacción en el momento adecuado.

Las moléculas intermedias que aparecen durante el proceso pueden continuar reaccionando hasta formar oxígeno o agua. Cuando ocurre, parte de la energía solar termina desperdiciada.

El equipo ha intentado controlar ese punto mediante la arquitectura de los electrodos.

El fotoánodo combina óxido de tungsteno, vanadato de bismuto y dióxido de titanio modificado con zinc. Las diferentes capas favorecen la separación y el desplazamiento de las cargas generadas por la luz, reduciendo las pérdidas por recombinación.

El fotocátodo combina materiales basados en óxido de cobre y niobio, además de una modificación superficial con rutenio. Su función es favorecer la ruta química que termina en H₂O₂.

El resultado fue una eficiencia faradaica del 90,2 % en el fotoánodo y del 91,9 % en el fotocátodo bajo las condiciones experimentales utilizadas.

En términos sencillos, una parte muy elevada de la carga que circula por cada electrodo termina participando en la reacción buscada.

Cómo puede aparecer una eficiencia del 163,37 % sin romper las leyes de la física

Uno de los resultados del estudio puede resultar desconcertante a primera vista: durante las pruebas con luz solar natural, los investigadores registraron una eficiencia faradaica combinada del 163,37 %.

No significa que el dispositivo convierta más energía de la que recibe.

La explicación está en la arquitectura de la celda: se contabiliza el H₂O₂ generado simultáneamente en ambos electrodos. Una misma corriente eléctrica permite obtener producto útil en los dos lados del dispositivo, por lo que la eficiencia faradaica aparente del conjunto puede superar el límite del 100 % correspondiente a un único electrodo.

Es un indicador de aprovechamiento de electrones, no una eficiencia energética solar del 163,37 %.

Una distinción importante.

De pequeñas muestras de laboratorio a 36 cm² bajo el sol

El equipo también quiso comprobar qué ocurría fuera de las condiciones perfectamente controladas de un simulador solar.

Para ello fabricó electrodos de 36 cm² y ensayó el sistema utilizando luz solar natural.

Durante esas pruebas se alcanzó una concentración de 11,44 mmol/l de H₂O₂, equivalente aproximadamente a 389 mg/l.

Es una solución bastante diluida. Para hacerse una idea de la escala, representa alrededor del 0,039 % en masa por volumen, muy por debajo de las soluciones domésticas de agua oxigenada habituales.

Eso no es necesariamente una desventaja para tratamiento de agua. Generar concentraciones moderadas directamente donde se necesitan puede resultar más interesante que producir una solución concentrada en una fábrica, transportarla cientos de kilómetros y volver a diluirla después.

Ahí aparece probablemente una de las aplicaciones ambientales más atractivas de esta tecnología: producción descentralizada y bajo demanda.

Agua oxigenada fabricada justo donde tiene que actuar

Para comprobar esa posibilidad, los investigadores utilizaron el H₂O₂ generado dentro del propio sistema en pruebas de desinfección.

En 60 minutos se consiguió una inactivación bacteriana superior al 99 %.

El resultado muestra que el producto obtenido conserva una actividad útil para tratamiento del agua y que la instalación podría asumir dos funciones encadenadas: fabricar el oxidante y utilizarlo localmente.

Esto evitaría parte de los procesos asociados a fabricar, concentrar, almacenar y transportar peróxido de hidrógeno.

La idea tiene especial interés para instalaciones de tratamiento descentralizadas, pequeñas depuradoras, zonas rurales o emplazamientos aislados donde transportar continuamente reactivos supone un coste económico y ambiental considerable.

Pero conviene poner el dato microbiológico en contexto.

Una reducción superior al 99 % no permite concluir que el agua resultante sea potable. Tampoco demuestra todavía que el sistema pueda sustituir una línea completa de desinfección.

La normativa europea para determinadas aguas regeneradas exige validaciones mucho más amplias que incluyen bacterias, virus y protozoos, además de controles continuados de calidad. El experimento demuestra actividad antibacteriana. Es un primer escalón.

Qué impacto puede tener en el medio ambiente

La ventaja ambiental potencial no procede únicamente de utilizar energía solar.

La producción convencional de H₂O₂ está concentrada en grandes plantas y obliga a mover un producto reactivo desde el lugar de fabricación hasta el punto de consumo. La generación local de soluciones diluidas podría reducir transporte, almacenamiento y operaciones de concentración y dilución.

También eliminaría la necesidad de aportar electricidad directamente durante la reacción fotoelectroquímica, siempre que la radiación disponible sea suficiente.

Para el tratamiento de agua, la posibilidad de fabricar el oxidante dentro de la instalación resulta especialmente atractiva. El H₂O₂ puede participar en procesos de desinfección y oxidación y, bajo condiciones adecuadas, termina descomponiéndose principalmente en agua y oxígeno.

Hay otra cara menos visible. Los electrodos experimentales utilizan estructuras multicapa relativamente complejas y materiales como rutenio, niobio, bismuto y tungsteno. Fabricarlos también consume materiales y energía.

Por eso todavía falta una evaluación de ciclo de vida que determine si el ahorro conseguido durante el funcionamiento compensa la fabricación de los electrodos, cuánto duran realmente y qué porcentaje de sus materiales puede recuperarse al final de su vida útil.

El reto ya no es demostrar la reacción, es hacerla durar

Los investigadores consiguieron mantener el rendimiento del fotocátodo durante más de 50 horas.

Es un avance interesante desde el punto de vista académico. Para una instalación destinada a trabajar durante años resulta claramente insuficiente.

Los futuros prototipos tendrán que demostrar miles de horas de funcionamiento, soportar ciclos repetidos de encendido y apagado, radiación solar cambiante, suciedad, cambios de temperatura y aguas con composiciones químicas muy diferentes.

También tendrán que abandonar progresivamente los electrolitos cuidadosamente preparados en laboratorio.

El estudio caracteriza buena parte del comportamiento fotoelectroquímico utilizando una solución de bicarbonato de sodio 1 M y pH 10. Las aguas residuales reales contienen materia orgánica, sales, sólidos suspendidos, microorganismos y compuestos capaces de bloquear o degradar una superficie catalítica.

Ahí estará una de las pruebas decisivas.

Del reactor experimental a una tecnología fabricable

La arquitectura utilizada tampoco es trivial.

El fotoánodo incorpora varias capas y algunos pasos de fabricación sofisticados, entre ellos deposición controlada de materiales. Ese nivel de ingeniería resulta perfectamente razonable para demostrar el concepto, aunque todavía habrá que comprobar si puede trasladarse a electrodos de metros cuadrados a precios competitivos.

También queda por resolver el uso de rutenio, un metal escaso y costoso. Una tecnología ambiental basada en producción masiva necesitaría reducir su cantidad, recuperarlo eficazmente o encontrar catalizadores alternativos fabricados con elementos más abundantes.

La investigación ha demostrado que la química funciona.

La siguiente batalla será económica y de ingeniería.

Potencial

El escenario más realista a corto y medio plazo probablemente no sea sustituir de golpe las grandes fábricas de peróxido de hidrógeno.

Tiene más sentido empezar allí donde producir H₂O₂ localmente tenga un valor añadido claro.

Pequeñas plantas de tratamiento podrían generar únicamente la cantidad necesaria durante las horas de mayor radiación. Instalaciones agrícolas podrían combinar producción solar con sistemas de reutilización de agua. Comunidades alejadas de grandes redes logísticas podrían reducir el transporte periódico de desinfectantes.

Otra posibilidad consiste en integrar estos reactores con tratamientos avanzados capaces de utilizar el H₂O₂ generado para degradar determinados contaminantes orgánicos.

Incluso podría almacenarse parte del producto fabricado durante las horas centrales del día para utilizarlo posteriormente.

Para llegar hasta ahí hacen falta reactores más grandes, electrodos baratos y duraderos, pruebas con aguas reales y estudios económicos completos. También tendrá que demostrarse que ningún material del electrodo termina introduciendo contaminantes en el agua tratada.

La dirección, con todo, resulta interesante: convertir directamente luz solar en un producto químico útil y fabricarlo justo donde se necesita. Menos intermediarios, menos transporte y una química impulsada por una fuente renovable.

Más información: Unassisted bipolar photoelectrochemical synthesis of H2O2

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Publicado en: Tecnología verde

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