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Una nueva capa lleva una célula solar orgánica al 20,01 %; la versión flexible conserva más del 95 % tras 10.000 dobleces

30 agosto, 2026 Deja un comentario

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Imagen representativa generada por IA

Una nueva capa eleva una célula solar orgánica al 20,01 %; la versión flexible conserva más del 95 % tras 10.000 dobleces en pruebas separadas.

  • ☀️ 20,01 % de eficiencia en laboratorio; 19,78 % certificado.
  • 🧩 Nueva capa de transporte electrónico basada en puntos de carbono fluorados.
  • 💧 85 % del rendimiento tras 1.800 horas con humedad elevada.
  • 🌀 Más del 95 % tras 10.000 dobleces en una versión flexible.
  • 🔬 Células experimentales, todavía sin módulo comercial.

Una red de puntos de carbono fluorados permitió alcanzar un 20,01 % de eficiencia en una célula orgánica rígida. En pruebas separadas, dispositivos encapsulados resistieron humedad elevada y una variante flexible mantuvo más del 95 % tras 10.000 dobleces.

¿Por qué importa?

La fotovoltaica orgánica promete láminas solares muy ligeras, flexibles y adaptables a superficies donde un módulo rígido resulta poco práctico. Su avance depende de resolver al mismo tiempo tres problemas que suelen competir entre sí: convertir más luz en electricidad, soportar ambientes húmedos y resistir deformaciones repetidas. El nuevo trabajo mejora los tres frentes, aunque todavía lo hace en dispositivos de laboratorio diferentes y bajo condiciones controladas.

El punto débil estaba entre las capas

Una célula solar orgánica no es una única película que absorbe luz. Está formada por varias capas extremadamente finas, cada una con una función eléctrica concreta. En la arquitectura invertida utilizada en este estudio, la capa de transporte de electrones se sitúa entre el electrodo transparente de óxido de indio y estaño y la mezcla orgánica que convierte la radiación en cargas eléctricas.

Esa interfaz puede convertirse en un cuello de botella. Materiales habituales como el óxido de zinc pueden degradarse o reaccionar en presencia de humedad y radiación. Otras capas orgánicas demasiado alcalinas pueden alterar los aceptores de electrones que trabajan en la zona activa. Si además la adherencia entre materiales es débil, los esfuerzos mecánicos favorecen la separación de las capas.

El equipo coordinado por Wallace C. H. Choy, de la Universidad de Hong Kong, y Alex K.-Y. Jen, de la City University of Hong Kong, diseñó una capa que intenta abordar a la vez las propiedades eléctricas, químicas y mecánicas de esa frontera.

Una red microscópica que transporta electrones y mantiene unida la célula

La nueva capa, denominada netFCD, incorpora puntos de carbono fluorados dentro de una red polimérica coherente. Para prepararla se empleó Nafion 117, un polímero basado en ácido perfluorosulfónico, durante una síntesis hidrotermal. Los autores atribuyen buena parte del comportamiento observado a una red de enlaces de hidrógeno que favorece la cohesión del material y su contacto con las capas situadas a ambos lados.

La caracterización apunta además a una mejor alineación energética para extraer electrones y bloquear huecos, una mayor movilidad electrónica y una alcalinidad reducida respecto a otras capas estudiadas. En términos sencillos, la interfaz facilita que las cargas útiles salgan de la zona activa y reduce algunas reacciones que aceleran su deterioro.

El mecanismo fue discutido con detalle durante la revisión por pares y los investigadores incorporaron nuevas mediciones y controles. Por eso resulta más preciso hablar de la explicación respaldada por el conjunto de ensayos del estudio que presentar cada interacción molecular como una causa aislada y definitivamente probada.

El 20,01 % corresponde a la célula rígida

La mayor eficiencia se obtuvo con una célula invertida rígida sobre vidrio y una capa activa formada por cuatro componentes orgánicos: PM6, D18, BTP-eC9 y L8-BO. El mejor dispositivo alcanzó una eficiencia de conversión del 20,01 % bajo iluminación solar simulada de 100 mW/cm². La media de 15 muestras fue del 19,73 % ± 0,22 %.

Un laboratorio externo, China Certification & Inspection Group South Testing, midió una eficiencia del 19,78 % en marzo de 2026. El informe se emitió bajo acreditación ISO/IEC 17025:2017 y el ensayo se encuadró en la norma IEC 60904-1:2006. Esta certificación se añadió durante el proceso de revisión para respaldar el resultado obtenido por el equipo.

La influencia de la nueva interfaz también se observó en una composición ternaria distinta. Con la misma capa activa PM6:D18:L8-BO, la célula con netFCD alcanzó un 19,17 %, frente al 18,04 % con puntos de carbono convencionales, el 17,14 % con óxido de zinc y el 16,22 % con óxido de estaño. Esta comparación es relevante porque mantiene el resto de la arquitectura y cambia la capa de transporte.

No es un módulo ni un panel preparado para instalar. Es una célula de área reducida fabricada mediante procesos de laboratorio muy controlados. Esa diferencia de escala importa: al aumentar la superficie aparecen defectos, resistencias eléctricas y dificultades de recubrimiento que suelen rebajar la eficiencia.

Humedad, luz continua y una cifra que no debe convertirse en años de vida útil

Para estudiar la estabilidad operativa, los investigadores encapsularon las células y las mantuvieron funcionando en su punto de máxima potencia bajo iluminación continua equivalente a un sol. El ensayo se realizó en aire, con una humedad relativa del 80 % ± 5 % y una temperatura de 50 °C ± 2 °C. Se utilizaron datos de tres dispositivos independientes.

Tras 1.800 horas, las células con netFCD conservaron el 85 % de su eficiencia inicial. Es una prueba exigente y valiosa para comparar materiales dentro del laboratorio. Aun así, no reproduce toda la complejidad de varios años a la intemperie, donde actúan ciclos de temperatura, radiación ultravioleta cambiante, condensación, suciedad, viento y daños en el encapsulado.

El estudio calcula además una vida T80 superior a 11.000 horas, el tiempo estimado hasta caer al 80 % del rendimiento inicial. Esa cifra procede de una extrapolación, no de un dispositivo que haya funcionado durante más de 11.000 horas. Convertirla directamente en años de vida comercial sería incorrecto.

Otra prueba sumergió durante tres horas estructuras incompletas formadas por el electrodo, la interfaz y la capa activa. Después se añadieron los contactos restantes para medirlas. La variante con netFCD conservó el 90 % de su rendimiento, frente al 71 % con puntos de carbono convencionales; la referencia con óxido de zinc perdió un 60 %. El resultado ayuda a entender la resistencia química de la interfaz, pero no demuestra que exista un panel capaz de generar electricidad bajo el agua.

La versión flexible alcanzó el 18 %, no el 20,01 %

Las células flexibles se fabricaron sobre un sustrato plástico recubierto con el electrodo transparente. Con netFCD alcanzaron una eficiencia máxima del 18,00 %, frente al 17,18 % de la variante con puntos de carbono sin la nueva red.

En una prueba con un radio de curvatura de 5 mm, la versión con netFCD mantenía alrededor del 90 % del rendimiento inicial después de 2.000 ciclos, mientras que la referencia se quedaba en el 78 %. Para prolongar el ensayo, el equipo utilizó una arquitectura de plano neutro: situó las capas fotovoltaicas cerca de la zona que sufre menos tensión al doblarse. Con ese diseño, el dispositivo retuvo más del 95 % de su eficiencia después de 10.000 ciclos de flexión.

El dato es prometedor para sensores, electrónica portátil, fachadas ligeras o superficies curvas. No prueba todavía resistencia frente a perforaciones, abrasión, plegados bruscos, vibraciones, agua exterior o años de manipulación real.

El salto difícil: fabricar metros cuadrados con resultados parecidos

La distancia entre una célula de laboratorio y un producto industrial no depende únicamente de aumentar su tamaño. También exige depositar capas uniformes a alta velocidad, sustituir procesos difíciles de escalar, controlar los disolventes, conectar muchas células sin grandes pérdidas y diseñar un encapsulado ligero que frene la entrada de agua y oxígeno.

Un desarrollo reciente de Fraunhofer ISE permite visualizar esa diferencia. Otro equipo fabricó módulos orgánicos semitransparentes de 14,5 × 14,5 cm mediante procesos compatibles con la industria. Alcanzaron hasta un 9,26 % de eficiencia y un 43,2 % de transmisión visible. No se trata de una comparación directa, porque la transparencia y la arquitectura son distintas. Sí muestra por qué una eficiencia cercana al 20 % en una célula pequeña no puede trasladarse automáticamente a un módulo.

En el trabajo de Hong Kong, las capas activas se depositaron por recubrimiento centrífugo y parte de la fabricación se realizó en una caja de guantes con nitrógeno. La síntesis de netFCD incluyó calentamiento a 180 °C, centrifugación, diálisis y liofilización. El siguiente paso decisivo será comprobar si la interfaz conserva sus ventajas con recubrimiento continuo, áreas mucho mayores y lotes industriales reproducibles.

Potencial para un futuro más sostenible

El avance resulta especialmente interesante como ingeniería de interfaz. No obliga a rediseñar desde cero toda la capa que absorbe luz y, según los ensayos, funciona con varias mezclas orgánicas. Esa compatibilidad podría facilitar su incorporación a futuras arquitecturas si el proceso se adapta a técnicas de impresión o recubrimiento continuo.

Las aplicaciones más razonables no pasan por reemplazar de inmediato los parques solares de silicio. La fotovoltaica orgánica puede aportar valor donde el peso, la forma o la transparencia sean determinantes: cubiertas con poca capacidad estructural, elementos de fachada, invernaderos, sensores autónomos, textiles técnicos y electrónica de bajo consumo.

Antes de llegar ahí harán falta módulos de mayor área, ensayos exteriores prolongados, ciclos combinados de humedad, calor y radiación, fabricación repetible, datos de coste y un diseño de reciclaje. También será necesario demostrar que el encapsulado flexible dura tanto como las capas internas. El estudio resuelve una parte importante del rompecabezas; todavía no completa el producto.

Fuente de los datos: artículo revisado por pares y material suplementario publicados en Nature Communications el 29 de agosto de 2026, con DOI 10.1038/s41467-026-76944-z.

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Publicado en: Energía solar

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