
“jelly ice” es un material de enfriamiento reutilizable y compostable que no se derrite como el hielo convencional. Está hecho de gelatina, un biopolímero seguro para alimentos, y contiene 90% agua.
- Hielo que no se derrite.
- Reutilizable, compostable, sin plásticos.
- Ideal para alimentos, medicinas y zonas sin agua.
- Fabricado con gelatina, 90 % agua.
- En desarrollo comercial, con licencias activas.
- Potencial agrícola: mejora el suelo.
- También usado en carne cultivada y recubrimientos antibacterianos.
‘Jelly ice’: enfriar sin derretir y sin contaminar
Un nuevo material desarrollado por investigadoras de la Universidad de California, Davis, promete revolucionar la cadena de frío: el jelly ice, un hielo reutilizable, compostable y libre de plásticos que no genera agua al derretirse. Esta alternativa, elaborada a partir de gelatina alimentaria, representa un avance significativo frente al hielo tradicional, que no solo se derrite dejando charcos, sino que también supone riesgos sanitarios y logísticos en entornos sensibles como supermercados y hospitales.
Mucho más que hielo: una solución sostenible
A diferencia del hielo convencional, el jelly ice mantiene el agua atrapada dentro de una red de hidrogeles naturales, evitando fugas incluso al cambiar de estado. Su composición —90 % agua y 10 % biopolímeros— lo hace altamente eficiente: absorbe hasta el 80 % del calor que absorbería un hielo de tamaño equivalente. Pero su verdadero valor está en la combinación de versatilidad, higiene y sostenibilidad.
Se puede lavar, congelar y reutilizar múltiples veces sin perder eficacia. Y al final de su vida útil, no termina en vertederos: puede compostarse e incluso mejorar el suelo. En ensayos con plantas de tomate, el gel degradado favoreció su crecimiento, mostrando un doble beneficio: refrigeración limpia y regeneración de suelos.
Aplicaciones que ya están en marcha
Pensado inicialmente para resolver problemas en vitrinas de pescado fresco, donde el hielo derretido puede actuar como vector de contaminación cruzada, este nuevo material ya se está probando en otros sectores:
- Transporte de medicamentos sensibles a la temperatura, como vacunas o insulina, especialmente útil en zonas sin acceso constante al frío.
- Biotecnología y carne cultivada, donde se usa como andamiaje celular gracias a su estructura porosa y biocompatible.
- Recubrimientos antibacterianos temporales, pensados para superficies de contacto con alimentos, que se eliminan fácilmente sin dejar residuos.
Aunque aún está en fase de industrialización, la tecnología ya cuenta con licencias activas. El siguiente paso: escalar la producción para llegar al mercado sin perder sus propiedades ni comprometer su bajo impacto ambiental.
Más allá de la gelatina: biopolímeros vegetales
El interés de las investigadoras no se limita a la gelatina. A partir de subproductos agrícolas como la proteína de soja, el equipo trabaja en nuevas formulaciones que podrían reducir la dependencia de polímeros sintéticos. La idea es aprovechar residuos de cultivos para producir materiales funcionales de alta calidad, sin aumentar la presión sobre los ecosistemas.
Uno de los proyectos más prometedores consiste en crear recubrimientos biodegradables que actúan como barrera contra bacterias en entornos húmedos, donde los materiales plásticos actuales generan residuos persistentes y microplásticos.
Estos desarrollos encajan con el enfoque de bioeconomía circular, donde los residuos se transforman en recursos útiles, reduciendo la extracción de materias primas vírgenes y cerrando ciclos de producción.
Potencial
La introducción de materiales como el jelly ice puede marcar un punto de inflexión en sectores clave para la sostenibilidad global. Algunas de sus aplicaciones más prometedoras incluyen:
- Reducción del desperdicio de alimentos, al mantener temperaturas estables durante el transporte sin necesidad de hielo contaminante o plásticos no reciclables.
- Menor consumo de agua en regiones áridas, al eliminar la necesidad de producir hielo convencional.
- Descarbonización de la logística, al facilitar embalajes térmicos más ligeros y adaptables.
- Mejor gestión de residuos orgánicos, al convertir un subproducto del enfriamiento en enmienda para suelos.
- Fomento de una economía local basada en residuos agrícolas, como fuente de biopolímeros.
Más allá de su aspecto curioso —una especie de gelatina fría que no moja—, el jelly ice encarna una filosofía de innovación que pone la química al servicio del planeta. Un ejemplo claro de cómo se pueden rediseñar procesos cotidianos para reducir impacto ambiental sin renunciar a eficiencia ni seguridad.
Vía EurekAlert!



Isidro Miguel Concepcion Requejo dice
Hola..me gusta el progreso y reconozco el esfuerzo de los ‘científicos ‘..pero me gustaría que incluyeran de vez en cuando a los ‘inventores ‘sí las personas que por las circunstancias de su vida no tuvieron acceso a estudios mayores pero tienen algo muy valioso el Ingenio’..y no se les reconoce debidamente..en cuanto al tema éste..mira yo personalmente cuando leo o veo cosas relacionadas con los ‘polímeros ‘..tengo mis reservas de todos modos gracias