
Convierten residuos de setas y arroz en una pintura que forma una costra protectora cuando la madera empieza a arder.
- 🍄 Residuos del cultivo de setas como materia prima.
- 🔥 Recubrimiento para retrasar la propagación del fuego.
- 🌾 Sílice recuperada de residuos agrícolas.
- 🪵 Aplicación directa sobre superficies de madera.
- 💧 Formulación de base acuosa.
- ♻️ Protección contra incendios + aprovechamiento de residuos.
- 🏠 Pensado especialmente para edificios de madera.
La madera está ganando terreno en la construcción por su capacidad para almacenar carbono y sustituir materiales más intensivos en emisiones, pero su comportamiento frente al fuego obliga a incorporar medidas específicas de protección.
TAIKA plantea abordar ese problema desde la economía circular: recuperar componentes presentes en residuos del cultivo de setas y otros restos agrícolas para fabricar un recubrimiento retardante de llama de origen biológico. La idea no consiste en hacer que la madera sea incombustible. Busca algo más realista: retrasar el avance del fuego y ganar tiempo durante una emergencia.
De un residuo agrícola a una barrera contra el fuego
TAIKA nació en Japón a partir de dos problemas que aparentemente tenían poco que ver.
Por un lado están los barrios japoneses con una elevada presencia de construcciones antiguas de madera. En caso de terremoto, los incendios secundarios pueden propagarse entre edificios próximos y agravar considerablemente una catástrofe.
Por otro, la producción de setas genera grandes cantidades de sustrato agotado y restos fúngicos que necesitan ser gestionados después de cada ciclo de cultivo.
El equipo de TAIKA decidió conectar ambos problemas.

Su propuesta utiliza quitosano obtenido de residuos de hongos y sílice procedente de residuos agrícolas para producir una mezcla de base acuosa que puede extenderse sobre la madera de una forma similar a una pintura protectora.
La materia que antes constituía un residuo pasa así a desempeñar una función completamente distinta: proteger edificios.
Qué ocurre cuando el recubrimiento entra en contacto con el fuego
Aquí está la parte más interesante.
TAIKA no actúa simplemente cubriendo la madera. Cuando aumenta mucho la temperatura, sus componentes modifican su comportamiento.
El quitosano favorece la formación de una capa carbonizada, mientras que la fracción mineral rica en sílice contribuye a generar una barrera que dificulta la transferencia de calor hacia el material situado debajo.

Dicho de otra forma: el propio recubrimiento se transforma al calentarse.
Esa costra superficial funciona como un pequeño escudo térmico. Reduce el contacto directo de la llama con la madera y puede ralentizar la degradación del material.
Los ensayos realizados por sus desarrolladores con muestras de madera recubierta y sin tratar muestran una zona quemada menor y una reducción visual del humo en las piezas protegidas.
Es una diferencia prometedora, aunque todavía existe bastante distancia entre una demostración con muestras y la protección certificada de un edificio.
Quitosano y sílice: una combinación con respaldo científico
La elección de estos materiales no parte de cero.
El quitosano lleva años investigándose como componente de recubrimientos ignífugos de origen biológico. Al someterse a temperaturas elevadas puede favorecer la formación de una capa carbonosa estable que limita parcialmente la transferencia de calor.

También se ha estudiado la combinación de quitosano y sílice para modificar superficies de madera y mejorar su comportamiento frente al fuego.
Otros trabajos recientes han conseguido recubrimientos de quitosano capaces de retrasar la ignición, disminuir la velocidad de combustión e incluso conseguir que determinadas muestras se autoextingan una vez retirada la fuente externa de llama.
Eso no demuestra automáticamente que TAIKA alcance esos mismos resultados. Sí confirma algo relevante: el principio físico y químico sobre el que trabaja el proyecto tiene precedentes científicos sólidos.
Una pintura pensada también para edificios existentes
Otro detalle tiene bastante importancia.
Buena parte de la transición hacia una construcción más sostenible suele centrarse en edificios nuevos. Sin embargo, millones de viviendas de madera ya están construidas.
TAIKA está concebido como un recubrimiento aplicable con brocha, lo que abre la posibilidad de proteger superficies existentes sin reemplazar completamente los elementos de madera.

Esto podría resultar especialmente útil en zonas con viviendas antiguas, construcciones rurales o edificios donde sustituir la estructura supondría un coste económico y ambiental enorme.
Japón es un buen campo de pruebas por una razón adicional: terremotos e incendios están estrechamente relacionados en determinadas situaciones. Un movimiento sísmico puede provocar múltiples focos simultáneos debido a instalaciones eléctricas dañadas, sistemas de calefacción o infraestructuras afectadas.
En barrios densos construidos parcialmente con madera, esa combinación puede ser especialmente problemática.
Del cultivo de setas a una economía circular local
La otra mitad de la propuesta aparece mucho antes del incendio.
El cultivo comercial de hongos necesita un sustrato rico en materia orgánica. Una vez agotado, ese material pierde valor para el productor y debe encontrar otro destino.
TAIKA plantea utilizar parte de ese flujo como materia prima industrial secundaria.
El equipo estudia establecer colaboraciones con productores de setas de regiones japonesas como Nagano, Niigata y Hokkaido. El planteamiento permitiría acercar la fuente del residuo al proceso de fabricación.
Y ahí aparece una idea con bastante potencial: no transportar necesariamente materias primas vírgenes a grandes distancias, aprovechando recursos disponibles alrededor de las propias comunidades.
El reto que todavía queda por resolver: agua, humedad y años de exposición
Las pruebas con una llama son relativamente rápidas. Un edificio no.
Un recubrimiento destinado a construcción debe soportar humedad, cambios de temperatura, radiación solar, abrasión, envejecimiento y movimientos de la propia madera durante años.
Y este punto es particularmente importante para materiales basados en quitosano.
TAIKA todavía debe demostrar cómo conserva sus propiedades después de largos periodos de exposición ambiental. El propio equipo reconoce que las siguientes fases incluyen ensayos de humedad, temperatura e intemperie.
También será necesario comprobar la adherencia, estabilidad, mantenimiento y comportamiento frente al fuego mediante protocolos normalizados.

No todos los residuos son automáticamente sostenibles
Convertir residuos en productos útiles suena bien. Pero hay que mirar el proceso completo.
Extraer quitosano requiere diferentes etapas de tratamiento químico. La recuperación y purificación de sílice también consume energía y reactivos. Por tanto, el balance ambiental real dependerá de cómo se produzca el recubrimiento cuando abandone el laboratorio.
Para determinar si TAIKA presenta una ventaja ambiental clara frente a productos existentes hará falta un análisis de ciclo de vida que contemple extracción, reactivos, energía, transporte, fabricación, aplicación, mantenimiento y final de vida.
Hay otra cuestión.
Un residuo agrícola puede tener ya otros usos: compostaje, mejora del suelo, alimentación animal, producción energética o recuperación de nutrientes. Utilizarlo para fabricar materiales será especialmente interesante cuando genere más valor ambiental que esas alternativas.
Circularidad no significa utilizar cualquier residuo a cualquier precio.
Una tendencia más amplia: proteger la madera con materiales de origen biológico
TAIKA forma parte de una línea de investigación mucho mayor.
En los últimos años han aparecido recubrimientos basados en quitosano, ácido fítico, minerales y otros compuestos de biomasa capaces de favorecer la carbonización de la superficie y reducir la liberación de calor.
Algunos trabajos científicos han obtenido resultados muy significativos.
Un recubrimiento de quitosano publicado en 2024 consiguió reducir aproximadamente un tercio la velocidad de combustión de la madera con una sola aplicación, mientras que varias capas permitieron que las muestras se extinguieran después de retirar la llama.
Otros sistemas experimentales basados en quitosano han conseguido reducciones superiores al 90 % en determinados parámetros de liberación de calor bajo condiciones concretas de laboratorio.
No son resultados directamente trasladables a TAIKA, ya que las formulaciones y los ensayos son diferentes. Pero muestran hasta dónde puede llegar esta familia de materiales.
De proyecto universitario a posible producto
TAIKA ha sido desarrollado por Sai Yee Tip, Moe Pwint Eain y Nygard Jakob, vinculados a Keio University, Japón.
El proyecto obtuvo una medalla de plata en el BioDesign Challenge 2026 de Nueva York y fue seleccionado como uno de los finalistas nacionales de Japón en el James Dyson Award 2026.
A fecha de septiembre de 2026 se encuentra todavía en desarrollo.
Los siguientes pasos planteados por sus creadores incluyen mejorar la resistencia ambiental, realizar pruebas de campo, colaborar con productores de setas, trabajar con especialistas en materiales y estudiar el cumplimiento de las normas internacionales de seguridad contra incendios.
El equipo también contempla proteger mediante patente los desarrollos resultantes.
El salto decisivo llegará cuando esas pruebas permitan pasar de pequeñas piezas de madera a superficies y elementos constructivos reales.
Potencial
La mayor aportación de TAIKA podría no estar únicamente en crear otra pintura ignífuga.
Su interés reside en demostrar que los residuos biológicos pueden convertirse en materiales técnicos de alto valor añadido.
Los restos de una explotación de setas podrían terminar protegiendo una vivienda. La sílice presente en determinados residuos agrícolas podría dejar de considerarse una fracción de escaso valor para integrarse en materiales de construcción.
Ese cambio de perspectiva tiene aplicaciones mucho más amplias.
Si el sistema demuestra durabilidad, seguridad y capacidad para fabricarse a escala, podría utilizarse para rehabilitar construcciones de madera existentes, proteger elementos interiores, mejorar edificios en zonas expuestas a incendios y aumentar el valor de residuos agrícolas producidos localmente.
La condición es importante: tendrá que competir con productos comerciales que llevan años optimizándose y que ya cuentan con certificaciones.
TAIKA todavía no está ahí.
Pero plantea una dirección interesante para los materiales del futuro: obtener más funciones de recursos que ya circulan por la economía, en lugar de extraer continuamente materias primas nuevas.

Deja una respuesta