
TEROS usa CO₂ a presión y seis púas para sembrar directamente en el suelo, una propuesta australiana pensada para acelerar la restauración de grandes terrenos degradados.
- 🌱 Seis semillas en una sola acción.
- 🌳 Hasta seis especies diferentes.
- 🎒 1,9 kg de peso.
- 💨 Plantación mediante un sistema neumático de CO₂.
- 🔋 Entre 6 y 7 horas de autonomía eléctrica.
- 🏞️ Pensado para restauración a gran escala y terrenos remotos.
- 🇦🇺 Prototipo desarrollado en Australia.
TEROS: una herramienta neumática quiere cambiar la forma de reforestar grandes superficies con semillas
Restaurar miles de hectáreas degradadas plantea un problema bastante terrenal: hay que trasladar plantas, personas y equipos hasta lugares que muchas veces son difíciles de alcanzar.
TEROS propone cambiar esa logística desde el principio. En lugar de transportar plantones criados en viveros, utiliza semillas y una herramienta portátil capaz de introducirlas directamente en el suelo. El concepto resulta especialmente interesante para Australia, donde la rehabilitación de antiguas explotaciones mineras y terrenos degradados requiere recuperar comunidades vegetales diversas en superficies enormes.
La idea tiene potencial. También una incógnita importante: plantar una semilla no significa conseguir una planta adulta. Y ahí se jugará buena parte del futuro del proyecto.

Una especie de plantadora neumática que cabe en las manos
TEROS ha sido desarrollado por Thomas Thwaites, de la Queensland University of Technology (QUT), en Australia, con un objetivo bastante concreto: facilitar la restauración de grandes extensiones mediante siembra directa.
A primera vista recuerda a una herramienta de jardinería alargada. Por dentro es bastante más compleja.

Al accionar el mecanismo, CO₂ presurizado impulsa seis púas huecas de acero inoxidable contra el terreno. Las púas penetran en el suelo y depositan las semillas a la profundidad establecida.
Todo ocurre en una sola operación.

Las semillas se almacenan en un tambor giratorio con seis cámaras, lo que permite cargar especies diferentes. Un selector situado en la parte superior permite elegir cuál se quiere utilizar.
El planteamiento tiene una ventaja ecológica interesante. En una restauración no interesa necesariamente llenar el paisaje con una única especie. Poder alternar semillas facilita crear plantaciones con mayor diversidad vegetal, siempre que la selección se adapte al ecosistema que se intenta recuperar.
TEROS ajusta incluso la profundidad de siembra
Una de las partes más interesantes del concepto está en los pequeños recipientes donde se almacenan las semillas.
Cada vial incorpora un código de barras. Al introducirlo, el sistema identifica la configuración correspondiente y ajusta automáticamente la profundidad de plantación. Una pantalla superior muestra las semillas cargadas.
No es un detalle menor.
Una semilla enterrada demasiado profundamente puede quedarse sin reservas antes de alcanzar la superficie. Otra colocada demasiado cerca de ella puede sufrir desecación, depredación o unas condiciones inadecuadas para germinar.
Después de cada operación, una varilla de limpieza atraviesa automáticamente las púas para retirar la tierra acumulada y evitar obstrucciones.
La energía procede de una batería recargable de 12 V, mientras que el trabajo mecánico lo proporciona un cartucho recargable con unos 600 g de CO₂.

El ahorro empieza mucho antes de llegar al terreno
La apuesta de TEROS por las semillas responde en gran medida a un problema logístico.
Un plantón necesita un recipiente, sustrato, espacio y cierta protección durante el transporte. Miles de plantones significan camiones, viveros, manipulación y bastantes viajes.
Una semilla ocupa una fracción de ese espacio.
Según los cálculos presentados por el propio proyecto al James Dyson Award, sustituir plantones por semillas permitiría una reducción de peso de 1:1.360 en el material vegetal transportado.
Es una cifra llamativa, aunque conviene interpretarla correctamente. No significa que TEROS reduzca las emisiones del proceso de restauración en esa misma proporción. El balance ambiental completo tendría que considerar fabricación, CO₂ utilizado, baterías, desplazamientos, preparación del terreno, semillas necesarias y posibles resiembras.
Lo que sí parece razonable es que transportar semillas puede simplificar enormemente determinadas operaciones de restauración a gran escala.
Y no es solamente una hipótesis del diseñador. La siembra directa ya se utiliza en Australia. Las recomendaciones oficiales de Nueva Gales del Sur señalan que puede resultar más eficiente en grandes superficies, relativamente económica y adecuada para establecer distintas especies.

Un caso australiano demuestra que la siembra directa puede funcionar
El contexto en el que aparece TEROS resulta especialmente interesante.
Un estudio publicado en 2025 en Ecological Engineering analizó la rehabilitación mediante siembra directa de una mina de arena en el sureste de Queensland, precisamente el estado donde se ha desarrollado TEROS.
Se utilizó una mezcla de 10 especies leñosas autóctonas y cinco especies de gramíneas nativas, realizando un seguimiento durante 36 meses.
En una de las zonas estudiadas, la densidad de árboles del dosel alcanzó 5.200 ejemplares por hectárea, frente al objetivo de 600 establecido para el proyecto de rehabilitación.
El análisis económico estimó además que la siembra directa resultó aproximadamente un 30 % más económica que la plantación con plantas de vivero.
Pero el experimento dejó otra enseñanza igual de valiosa: el resultado dependía mucho del terreno. En otra zona, una gramínea exótica dificultó considerablemente el establecimiento de las plantas autóctonas.
Es justo el tipo de problema que TEROS no puede solucionar por sí mismo.
El gran desafío no consiste en introducir la semilla
Aquí aparece el principal límite de la propuesta.
La siembra directa es más imprevisible que la plantación de ejemplares ya desarrollados. Las semillas pueden ser comidas por animales, perder viabilidad, quedar expuestas a sequías, competir con especies invasoras o simplemente encontrarse con un suelo inadecuado.
Las propias recomendaciones australianas advierten de que los resultados pueden ser irregulares.
Por tanto, el verdadero indicador de éxito de TEROS no debería ser cuántas semillas consigue introducir por hora. Importará saber cuántas germinan, cuántas sobreviven después del primer verano y qué diversidad vegetal permanece varios años después.
Australia está creando un mercado para restaurar naturaleza
TEROS aparece además en un momento particular para la política ambiental australiana.
Australia cuenta con el Nature Repair Market, un mercado nacional de biodiversidad creado por la Nature Repair Act 2023. Su objetivo es movilizar inversión hacia proyectos capaces de producir mejoras de biodiversidad verificables.
Su primera metodología está dedicada precisamente a la replantación de bosques y ecosistemas forestales autóctonos en terrenos históricamente despejados, incluyendo la recuperación de conectividad ecológica.
Las reformas ambientales australianas aprobadas posteriormente han seguido desarrollando este marco durante 2025 y 2026.
Eso abre un escenario interesante para herramientas como TEROS. Si las tecnologías de restauración consiguen reducir costes operativos manteniendo resultados ecológicos medibles, podrían facilitar proyectos que hoy resultan demasiado caros o complicados.
La tecnología, eso sí, tendrá que adaptarse a la ecología. No al revés.
No compite necesariamente con los drones
La mecanización de la reforestación está avanzando por caminos bastante diferentes.
Existen drones capaces de dispersar semillas o transportar sistemas de plantación a terrenos inaccesibles. También hay grandes sembradoras, herramientas manuales y maquinaria especializada.
TEROS ocupa un espacio intermedio.
Mantiene a una persona sobre el terreno, pero multiplica la capacidad de esa persona mediante asistencia neumática y automatización. Eso permite observar directamente dónde se realiza cada plantación y trabajar en zonas donde introducir vehículos puede resultar complicado.
Los drones ofrecen otra ventaja: alcanzan pendientes o superficies que una persona difícilmente podría recorrer.
Probablemente no haya un ganador universal. Un proyecto de restauración puede terminar utilizando drones en zonas inaccesibles, siembra mecanizada en grandes superficies llanas, regeneración natural donde el ecosistema todavía conserva capacidad de recuperación y herramientas como TEROS en áreas donde interese una intervención selectiva.
A veces la mejor herramienta de reforestación consiste en no plantar
Hay otra precaución que merece atención.
La restauración ecológica moderna está dejando atrás la idea de que recuperar naturaleza equivale automáticamente a plantar árboles.
En algunos lugares, la regeneración natural puede ser más barata y ecológicamente adecuada. Si permanecen árboles productores de semillas, raíces, bancos de semillas y fauna dispersora, eliminar las presiones que bloquean la recuperación puede resultar suficiente.
La intervención activa tiene más sentido cuando esas capacidades se han perdido: minas, terrenos profundamente degradados, paisajes aislados de fuentes naturales de semillas o superficies dominadas por especies invasoras.
TEROS podría encontrar precisamente ahí su espacio.
Potencial
El mayor interés de TEROS quizá no esté en sustituir todas las formas actuales de reforestación. Está en ampliar las opciones disponibles.
Una herramienta ligera podría permitir que pequeñas organizaciones conservacionistas trabajasen con tecnologías que actualmente requieren maquinaria especializada. También podría reducir la dependencia del transporte de miles de plantas de vivero en determinados proyectos.
La capacidad de alternar especies resulta especialmente atractiva para restauraciones orientadas a biodiversidad. Y, si la selección automática de profundidad demuestra ser fiable, una futura versión podría integrar bases de datos de semillas, condiciones del suelo o información geográfica para adaptar mejor cada intervención.
También hay margen para combinar sistemas. Cartografía mediante drones, selección previa de zonas degradadas, regeneración natural asistida y siembra terrestre de precisión pueden complementarse.
La siguiente etapa será bastante menos vistosa que el prototipo presentado al concurso, pero mucho más importante: ensuciar TEROS de tierra y comprobar qué ocurre durante meses y años.
El equipo prevé ensayar el mecanismo neumático y el sistema de deposición con distintos suelos y especies. Después debería desarrollarse un prototipo más próximo al producto definitivo y realizar pruebas con organizaciones dedicadas a la restauración.
Hasta entonces, TEROS debe entenderse como lo que es: una propuesta de ingeniería prometedora para solucionar una parte muy concreta del enorme problema de recuperar ecosistemas degradados.

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