
Disney y NatGeo convierten publicidad exterior en ecosistemas urbanos al crear vallas que albergan abejas de forma permanente.
- Publicidad convertida en infraestructura ecológica.
- Vallas con hábitats reales para polinizadores.
- Instalaciones permanentes en espacios urbanos.
- Uso de madera sostenible reutilizada.
- Integración de diseño, biodiversidad y comunicación.
- Inspiración para ciudades más amigables con las abejas.
- Cambio de enfoque: de mensaje visual a impacto tangible.
Disney y NatGeo construyen vallas publicitarias donde las abejas pueden vivir
La mayoría de las vallas publicitarias cumplen un ciclo breve: captan la atención unos segundos y desaparecen de la memoria. En este caso, la lógica se rompe. En Manchester, una iniciativa impulsada por Disney y National Geographic junto a la agencia creativa Meanwhile plantea algo distinto: convertir estos soportes urbanos en hábitats funcionales para abejas.
Las llamadas “bloomboards” no son simples estructuras decorativas. Incorporan cavidades, superficies rugosas y vegetación integrada, elementos clave para que distintas especies de abejas puedan refugiarse, anidar o descansar. Y aquí está el matiz importante: no se trata de una acción efímera. Son instalaciones permanentes, construidas con madera de cedro de origen sostenible, ya talada previamente, evitando así un impacto adicional sobre los bosques.
Más allá de la campaña: diseño con propósito
La iniciativa acompaña el lanzamiento del documental Secrets of the Bees, pero trasciende lo promocional. No se limita a mostrar imágenes de naturaleza o mensajes bienintencionados. La propia estructura materializa el mensaje.

Ese enfoque responde a una tendencia creciente en el diseño contemporáneo: integrar la función ecológica dentro del objeto urbano. No es nuevo ver hoteles para insectos o jardines verticales, pero sí lo es incorporarlos en soportes publicitarios de gran formato, tradicionalmente asociados al consumo y la saturación visual.
En paralelo, se han instalado pequeños refugios para abejas en distintos puntos de la ciudad, como parques y zonas verdes. Espacios como Chorlton Water Park o Fletcher Moss Botanical Garden pasan a formar parte de una red urbana que favorece la presencia de polinizadores. Poco a poco, pieza a pieza.
El valor de lo permanente
Uno de los aspectos más interesantes del proyecto es su carácter duradero. En un contexto donde muchas campañas ambientales se limitan a momentos puntuales —el clásico “mes de la Tierra”—, aquí el impacto no depende de la atención del público.
Las abejas no necesitan entender la campaña. El beneficio está ahí, integrado en el entorno. Eso cambia las reglas del juego.
Este tipo de intervenciones conecta con una idea cada vez más relevante en sostenibilidad: la infraestructura ecológica urbana. No basta con plantar árboles o crear zonas verdes aisladas. Se trata de diseñar ciudades donde los elementos construidos —farolas, tejados, muros o incluso vallas— contribuyan activamente a la biodiversidad.
Cuando el diseño responde a una crisis real
El declive de las poblaciones de abejas no es una cuestión menor. La polinización sostiene gran parte de la producción alimentaria mundial. Sin estos insectos, muchos cultivos simplemente dejarían de existir o verían reducida su productividad.
Las causas son conocidas: pérdida de hábitat, uso de pesticidas, cambio climático. En entornos urbanos, el problema se agrava por la falta de espacios adecuados para anidar. Aquí es donde iniciativas como esta empiezan a tener sentido.
No van a resolver el problema por sí solas. Pero ayudan a crear microhábitats distribuidos, pequeños puntos de apoyo que, sumados, pueden marcar una diferencia.

Una señal de cambio en el branding sostenible
Cada vez resulta más evidente que el público distingue entre gestos superficiales y compromisos reales. Añadir un mensaje verde ya no basta. Hace falta coherencia, inversión y, sobre todo, resultados tangibles.
Integrar un hábitat en una valla implica costes, diseño específico, mantenimiento. No es una acción cosmética. Es una decisión estratégica.
Este tipo de proyectos apunta hacia un modelo de comunicación donde las marcas no solo cuentan historias, también intervienen en el entorno físico. Y eso, bien hecho, puede generar un impacto más profundo que cualquier campaña tradicional.
Imágenes: James Cross



Jonander dice
y los alergicos que hacen??