
Científicos de Cranfield diseñan WANDER-bot, un robot autónomo que aprovecha energía eólica para operar sin recarga en terrenos hostiles.
- Energía eólica directa.
- Sin baterías para movimiento.
- Exploración prolongada.
- Diseño simple, reparable.
- Impresión 3D in situ.
- Menos dependencia logística.
- Inspiración biomimética.
- Aplicación en desiertos, polos, otros planetas.
Un robot que camina con el viento
Un equipo de la Universidad de Cranfield ha desarrollado WANDER-bot, un robot de bajo coste fabricado mediante impresión 3D que utiliza energía del viento para desplazarse. La idea es tan sencilla como potente: eliminar la necesidad de baterías para el movimiento y aprovechar directamente un recurso natural disponible en muchos entornos extremos.
Esto cambia bastante el enfoque tradicional. En la mayoría de robots, el movimiento puede consumir alrededor de un 20 % de la energía total, lo que limita su autonomía. Aquí, ese problema desaparece de raíz. El robot no necesita detenerse para recargar. Simplemente… sigue mientras haya viento.
Y eso, en escenarios como desiertos, regiones polares o incluso superficies planetarias como Marte, marca la diferencia.
Diseño sencillo, pero con intención
El robot ha sido concebido con una lógica muy clara: simplicidad estructural y reparabilidad. Todas sus piezas son imprimibles en 3D, lo que permitiría fabricar repuestos directamente en el lugar de operación, sin depender de envíos o cadenas logísticas complejas.
Este enfoque recuerda a ciertas estrategias que ya se están explorando en misiones espaciales, donde la fabricación in situ empieza a verse como una solución viable para reducir costes y riesgos.
El diseño se inspira en los conocidos Strandbeest del artista Theo Jansen, utilizando el mecanismo de bielas Jansen para transformar el movimiento rotatorio en un desplazamiento fluido. A esto se le suma una turbina eólica tipo Savonius, capaz de capturar viento desde cualquier dirección sin necesidad de orientación activa.
El resultado no es un robot sofisticado en el sentido clásico. Pero precisamente ahí está su valor.
Menos complejidad, más resiliencia
Uno de los grandes cuellos de botella en la exploración robótica es la combinación de limitaciones energéticas y complejidad tecnológica. Cuanto más complejo es un sistema, más difícil resulta repararlo en condiciones extremas.
WANDER-bot apuesta por lo contrario: reducir al mínimo lo imprescindible. Sin baterías para moverse, sin sistemas delicados que dependan de condiciones ideales.
Esto abre la puerta a una nueva generación de robots más resilientes, autónomos y adaptados a entornos hostiles, donde la intervención humana es prácticamente inviable.
Además, al no depender de fuentes como paneles solares o generadores termoeléctricos, se evitan problemas asociados a la degradación de materiales con el tiempo, algo especialmente crítico en entornos con radiación intensa o temperaturas extremas.

Más allá del prototipo
Por ahora, WANDER-bot es un prototipo en fase inicial (bajo nivel de madurez tecnológica), presentado en la conferencia ASTRA 2025 de la Agencia Espacial Europea. Pero el camino que plantea es interesante.
El siguiente paso será mejorar su maniobrabilidad, permitiéndole cambiar de dirección y adaptarse a terrenos más complejos. Aquí es donde podrían entrar sistemas híbridos: pequeños módulos electrónicos alimentados por fuentes energéticas ligeras, mientras el movimiento sigue dependiendo del viento.
No se trata de sustituir a los robots actuales. Se trata de complementarlos con soluciones más simples, más robustas… y en muchos casos, más sostenibles.
Potencial
Este tipo de tecnología no va a revolucionarlo todo de golpe. Pero apunta en una dirección interesante.
Por ejemplo, en la monitorización de ecosistemas remotos, donde enviar drones o vehículos eléctricos implica mantenimiento, baterías y logística. Un robot que simplemente camina cuando sopla el viento podría recopilar datos durante meses sin intervención.
También podría aplicarse en agricultura extensiva o zonas áridas, para tareas básicas de inspección sin necesidad de infraestructuras energéticas.
En el ámbito espacial, encaja con la tendencia hacia sistemas autosuficientes y fabricables localmente, algo clave para futuras misiones de larga duración.
Incluso a nivel educativo o comunitario, su bajo coste y simplicidad lo convierten en una herramienta interesante para acercar conceptos de energía renovable, diseño sostenible y fabricación distribuida.
No es solo un robot curioso. Es una idea que cuestiona cómo diseñamos tecnología: menos dependencia, más adaptación. Y quizá ahí esté la clave.



Antonio dice
De innovador no tiene nada, esto hace décadas que está inventado.y el primer caso documentado fue en los años noventa, el Strandbeest de Theo Jansen y si quieres algo lo más parecido a un «robot» tenemos a DRAGON, documentado en el 2018…
En fin, asî vamos, desinformando que es gratis!!
Anónimo dice
Es cierto es conocimiento ya ancestral
Desinformacion .
ahora esta de moda la palabra recilencia y la usan para todo.
y tambien escalable.
muy poca creatividad o ninguna
Jose dice
investigadores copiado el trabajo Strandbeest de Theo Jansen.