
Corteza de pino modificada con magnetita elimina fármacos del agua con eficacia comparable al carbón activado, pero a menor coste.
- Corteza de pino, residuo forestal, nueva función.
- Filtros naturales contra antibióticos en ríos y mares.
- Economía circular aplicada al agua.
- Menos resistencia bacteriana, más salud ambiental.
- Tratamiento avanzado sin grandes costes energéticos.
En las últimas décadas, los fármacos de uso cotidiano han pasado de los botiquines a los ríos sin apenas levantar sospechas. Analgésicos, antibióticos, antidepresivos y medicamentos para la presión arterial llegan a las estaciones depuradoras a través de hogares, hospitales e industrias. El problema aparece al final del proceso: los sistemas convencionales limpian el agua, sí, pero dejan pasar una fracción invisible de compuestos que, gota a gota, va alterando los ecosistemas acuáticos y favoreciendo la temida resistencia a los antibióticos.
La actualización de la Directiva Europea de Aguas Residuales Urbanas (2024) pone el foco justo ahí, en los llamados micropoluentes. El mensaje es claro: se necesita un tratamiento más fino, más inteligente y, a ser posible, más sostenible. En ese contexto, una línea de investigación en la Universidad de Oulu, en Finlandia, ha encontrado una aliada inesperada en la corteza de pino, un subproducto abundante de la industria forestal boreal que hasta ahora se destinaba principalmente a usos de bajo valor.
“Los resultados ofrecen una alternativa real basada en la economía circular”, explica la investigadora doctoral Mahdiyeh Mohammadzadeh, que probó el material en la planta de tratamiento de Taskila, en Oulu. Allí, en el efluente final —cuando el agua ya parece limpia a simple vista—, su equipo instaló columnas de filtrado que funcionan como una especie de cafetera industrial, donde la corteza modificada actúa como medio de purificación.
El secreto está en los compuestos polifenólicos presentes en la corteza. Estas moléculas permiten “activar” el material para que atraiga y retenga residuos farmacéuticos. Al añadir magnetita (óxido de hierro), el sistema gana una ventaja práctica: tras el tratamiento, el material se puede separar fácilmente del agua con métodos magnéticos, sin procesos complejos ni consumo elevado de energía.
Durante un piloto de cuatro meses, los resultados fueron más que prometedores. En función del compuesto, las eficiencias de eliminación se movieron desde porcentajes moderados hasta cifras muy altas. El antibiótico trimetoprim alcanzó una reducción cercana al 99,7%, mientras que el antidepresivo venlafaxina superó el 93%. No se trata solo de retener, sino también de degradar: los investigadores desarrollaron bionanocompuestos de cobalto y magnetita capaces de descomponer sustancias como la levofloxacina, otro antibiótico ampliamente utilizado.
Frente a tecnologías ya conocidas como el carbón activado o la ozonización, la corteza de pino juega otra liga. No pretende ser la más sofisticada, sino la más accesible. No requiere altas temperaturas, ni reactivos caros, ni instalaciones complejas. En regiones con una fuerte industria forestal, su disponibilidad es casi constante, lo que abre la puerta a modelos de colaboración entre depuradoras y sector maderero. Residuo de uno, recurso para otro. Así de simple. Así de potente.
La profesora Tiina Leiviskä, responsable de la unidad de Ingeniería de Procesos Químicos y supervisora de la tesis, destaca precisamente ese punto: el material no solo sirve para fármacos. También puede adaptarse para retirar otros contaminantes presentes en efluentes industriales, ampliando su valor más allá del ámbito sanitario.
En paralelo, la Universidad de Oulu investiga otros materiales naturales, como los taninos de corteza de abeto, con los que ya se han desarrollado soluciones para reducir la turbidez en aguas industriales. Poco a poco, se perfila una nueva generación de tratamientos basados en biomateriales locales, menos dependientes de insumos químicos y más conectados con los recursos del entorno.
Mohammadzadeh insiste en que la innovación tecnológica no lo es todo. Hay una parte que empieza en casa, sin laboratorios ni columnas de filtrado: no tirar medicamentos por el desagüe ni a la basura común. En países como Finlandia, las farmacias ya recogen los fármacos no utilizados para su gestión segura. Un gesto pequeño. Un impacto real.
Potencial
La corteza de pino convertida en filtro abre un escenario interesante para pequeñas y medianas depuradoras, especialmente en regiones rurales o con recursos limitados. Integrar este tipo de soluciones como etapa adicional de bajo coste podría mejorar la calidad del agua vertida sin disparar la factura energética.
A medio plazo, proyectos piloto en países del norte de Europa podrían inspirar adaptaciones con otras especies forestales en el sur del continente, creando soluciones locales con materiales locales. También existe margen para combinar estos filtros biológicos con energías renovables, como sistemas solares para el bombeo o la monitorización, cerrando el círculo entre agua limpia, recursos naturales y transición ecológica. No es una revolución ruidosa. Es de las que avanzan despacio, pero dejan huella.
Más información: Adsorption and degradation of residual pharmaceuticals in water | University of Oulu



ANTONIO dice
Sería bueno estudiar la posibilidad de aplicar este sistema en las piletas donde se crían los salmones en Tierra del Fuego del lado chileno y en Argentina