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Científicos oregoneses descubren que los suelos de montaña almacenan el doble de carbono de lo que se creía

18 junio, 2026 Deja un comentario

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Estudio de casi 10.000 deslizamientos revela que las montañas son grandes reservas de carbono con suelos de más de cinco metros de profundidad.

  • ⛰️ Suelos de montaña, gran reserva oculta de carbono.
  • 🌱 Hasta el doble de carbono del estimado por modelos globales.
  • 🪨 Deslizamientos de tierra, origen de depósitos profundos y estables.
  • 📏 Suelos con más de 5 metros de profundidad.
  • 🌍 Mejora de los inventarios climáticos mundiales.
  • 🔬 Nuevas pistas para soluciones climáticas basadas en la naturaleza.
  • 🛡️ Protección de ecosistemas montañosos, prioridad creciente.
  • ♻️ Gestión del suelo, herramienta clave frente al cambio climático.

Las montañas esconden un gigantesco almacén natural de carbono

Durante décadas, gran parte de la investigación climática asumió que las zonas montañosas y de fuertes pendientes almacenaban poco carbono. La lógica parecía razonable: la erosión constante impediría la formación de suelos profundos y ricos en materia orgánica. Sin embargo, un nuevo estudio realizado en la Cordillera Costera de Oregón está obligando a replantear esa idea desde sus cimientos.

Los investigadores han descubierto que los suelos montañosos pueden almacenar aproximadamente el doble de carbono de lo que estimaban los modelos globales más utilizados. El hallazgo tiene implicaciones importantes para la comprensión del ciclo del carbono terrestre y para el diseño de estrategias de mitigación climática.

La investigación, liderada por la científica Brooke Hunter, analizó cerca de 10.000 deslizamientos de tierra con edades comprendidas entre apenas unos años y casi medio millón de años. El objetivo era comprender cómo evoluciona el carbono en los depósitos de suelo que quedan tras estos procesos geológicos.

El papel inesperado de los deslizamientos de tierra

Los deslizamientos suelen asociarse a destrucción del paisaje, pérdida de vegetación y erosión. Sin embargo, desde una perspectiva geológica a largo plazo, pueden desempeñar una función mucho más compleja.

Cuando una ladera colapsa, los materiales desplazados se acumulan en zonas relativamente estables. Allí comienzan procesos lentos de meteorización, formación de suelo y acumulación de materia orgánica. Con el paso de miles o incluso cientos de miles de años, estos depósitos se transforman en auténticos almacenes de carbono.

Lo interesante es que estos suelos no solo son más profundos. También desarrollan una estructura rica en partículas finas capaces de fijar carbono orgánico con gran eficacia. Cuanto más antiguo es el depósito, mayor suele ser su capacidad de almacenamiento.

En cierto modo, la montaña recicla continuamente sus materiales y crea nuevos espacios donde el carbono puede permanecer retenido durante largos periodos.

Más profundidad, más carbono

Uno de los aspectos más llamativos del estudio es la diferencia entre la realidad observada y los supuestos utilizados habitualmente por los modelos climáticos.

Muchos inventarios de carbono del suelo se basan en mediciones realizadas en los primeros 30 centímetros de profundidad, una práctica heredada de estudios agrícolas desarrollados principalmente en terrenos llanos.

Sin embargo, las perforaciones realizadas por los investigadores revelaron depósitos que superaban los 5 metros de profundidad. A esas profundidades existe una enorme cantidad de carbono que normalmente queda fuera de los cálculos.

Este hallazgo sugiere que una parte significativa del carbono terrestre podría estar siendo infravalorada en regiones montañosas de todo el planeta, desde los Andes hasta el Himalaya, pasando por los Alpes o las cordilleras ibéricas.

Un cambio de perspectiva para los modelos climáticos

Los modelos climáticos globales dependen de estimaciones precisas sobre cuánto carbono almacenan los ecosistemas terrestres. Si los suelos de montaña contienen más carbono del previsto, algunos balances globales podrían necesitar ajustes.

Esto no significa que exista una solución mágica al cambio climático escondida bajo las montañas. Lo que sí implica es que los científicos dispondrán de una imagen más precisa sobre cómo circula el carbono entre la atmósfera, la vegetación y el suelo.

Una mejor comprensión de estos procesos permitirá identificar qué ecosistemas son especialmente valiosos para la regulación climática y cuáles requieren medidas de conservación más estrictas.

La importancia de los suelos en la lucha climática

A menudo se habla de bosques, océanos o energías renovables cuando se aborda el cambio climático. Los suelos reciben menos atención mediática, pese a que almacenan más carbono que la vegetación y la atmósfera juntas.

La materia orgánica presente bajo nuestros pies actúa como una gigantesca cuenta de ahorro de carbono. Cuando los suelos se degradan, parte de ese carbono vuelve a la atmósfera en forma de dióxido de carbono. Cuando se conservan adecuadamente, pueden mantenerlo retenido durante siglos o milenios.

Por esta razón, organismos internacionales como la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y diversas estrategias europeas de restauración ecológica consideran la protección del suelo una prioridad creciente.

La reciente aprobación de normativas orientadas a la restauración de ecosistemas degradados en Europa también está impulsando un mayor interés por conocer el verdadero potencial de los suelos como sumideros de carbono.

Qué impacto puede tener en el medio ambiente

Si estos resultados se confirman en otras regiones montañosas del mundo, podrían producirse varios efectos positivos para la gestión ambiental.

En primer lugar, ayudarían a identificar zonas especialmente valiosas para la conservación del carbono natural, evitando actuaciones que alteren depósitos profundos de suelo.

Además, mejorarían la planificación de proyectos de restauración ecológica, reforestación y gestión forestal sostenible, permitiendo priorizar áreas con mayor capacidad de almacenamiento.

También podrían contribuir a perfeccionar los sistemas de contabilidad de carbono utilizados por gobiernos y organismos internacionales, aumentando la precisión de los compromisos climáticos.

Por último, este conocimiento favorece una visión más integrada del paisaje, donde procesos naturales como la erosión, la meteorización y los deslizamientos no se interpretan únicamente como fenómenos destructivos, sino como parte de ciclos ecológicos y geológicos mucho más complejos.

Las montañas como aliadas invisibles del clima

Las regiones montañosas ocupan aproximadamente una cuarta parte de la superficie terrestre y proporcionan agua, biodiversidad y recursos esenciales para millones de personas. Ahora también empiezan a ser reconocidas como piezas fundamentales del sistema climático global.

Este descubrimiento recuerda algo importante: todavía existen procesos naturales poco comprendidos que pueden modificar la forma en que se evalúa el equilibrio de carbono del planeta. A veces, las respuestas no están en tecnologías futuristas ni en infraestructuras gigantescas. Están bajo nuestros pies, ocultas en capas de suelo formadas durante miles de años.

Y ahí siguen, trabajando en silencio.

Más información: Widespread ancient bedrock landslide deposits facilitate deep weathering for storage and access of organic carbon | Science Advances

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Publicado en: Cambio Climático

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