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Nueva investigación descubre que la exposición crónica a microplásticos puede dañar el cerebro al afectar la barrera hematoencefálica, inducir estrés oxidativo y provocar daño neuronal

24 agosto, 2025 Deja un comentario

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Imagen: katerynakon – Depositphotos.

La exposición crónica a microplásticos daña la barrera hematoencefálica, induce estrés oxidativo en el cerebro y daña las neuronas, según un nuevo estudio en ratas. Estas partículas ahora están muy extendidas en océanos, ríos, suelo e incluso en el aire, lo que las hace difíciles de evitar.

  • Microplásticos en el cerebro.
  • Barrera hematoencefálica dañada.
  • Neuronas afectadas.
  • Estrés oxidativo elevado.
  • Estudio con polietileno de baja densidad.
  • Riesgos crecientes para la salud humana.

Exposición crónica a microplásticos: barrera hematoencefálica comprometida y daño neuronal

Un nuevo estudio publicado en Molecular Neurobiology revela que la exposición prolongada a microplásticos puede tener consecuencias neurotóxicas graves. En ratas, estos fragmentos plásticos no solo alteraron la barrera hematoencefálica, sino que también provocaron estrés oxidativo y lesiones neuronales. Aunque se trata de un modelo animal, las implicaciones para la salud humana son preocupantes.

¿Qué son los microplásticos y por qué importan?

Los microplásticos son partículas diminutas, de menos de 5 milímetros, que derivan del desgaste de plásticos más grandes o se fabrican directamente para productos comerciales. Están por todas partes: en el agua, el suelo, el aire, e incluso en la comida. No se degradan fácilmente y pueden persistir en el ambiente durante siglos.

Lo alarmante es que ya están dentro de nosotros. Estudios recientes han detectado microplásticos en la sangre humana, en la placenta, y hasta en pulmones. No es un problema lejano ni invisible: es cotidiano.

Las fuentes más comunes incluyen envases de un solo uso, fibras sintéticas de la ropa, fragmentos de neumáticos y envoltorios. Cada lavado de prendas de poliéster, por ejemplo, libera miles de microfibras que terminan en los ríos y océanos. Desde allí, entran a la cadena alimentaria.

Un experimento con consecuencias

En esta investigación, los científicos utilizaron polietileno de baja densidad (LDPE), uno de los plásticos más comunes, presente en bolsas, film transparente y envoltorios alimentarios. El LDPE flota en el agua, lo que aumenta su interacción con especies marinas de superficie —y, por ende, con nuestra dieta.

El experimento se realizó con 80 ratas macho Wistar, divididas en grupos de control y exposición, durante períodos de 3 y 6 semanas. A las ratas expuestas se les administró agua con partículas de LDPE (menores a 25 micrómetros) a razón de 10 mg por kilogramo de peso corporal al día.

Los resultados fueron claros:

  • Pérdida de integridad en la barrera hematoencefálica, esencial para proteger al cerebro de sustancias tóxicas.
  • Incremento de marcadores de estrés oxidativo, indicador de daño celular.
  • Disminución del factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF), clave para la supervivencia y plasticidad neuronal.
  • Alteraciones estructurales en las neuronas, incluyendo necrosis y encogimiento celular.

Estas observaciones apuntan a una neurotoxicidad potencial en humanos, aún por confirmar, pero difícil de ignorar.

Más allá de los laboratorios: ¿cómo nos afecta?

Aunque los experimentos se hayan hecho en ratas, las preocupaciones son reales. Si estas partículas pueden atravesar la barrera hematoencefálica en mamíferos, no es descabellado pensar que podrían tener efectos similares en personas, especialmente con exposición prolongada.

Ya existen reportes que vinculan la presencia de microplásticos con inflamación crónica, alteraciones metabólicas y estrés celular en humanos. Además, algunos compuestos adheridos a estas partículas —como ftalatos, metales pesados o residuos de pesticidas— agravan el riesgo, actuando como disruptores endocrinos o neurotóxicos.

Esto es especialmente relevante en poblaciones vulnerables: niños, mujeres embarazadas, adultos mayores, o personas con condiciones neurológicas preexistentes.

Avances y desafíos en la regulación

A nivel global, la preocupación por los microplásticos ha crecido. La Unión Europea ha empezado a restringir su uso intencionado en cosméticos y fertilizantes. Francia, por ejemplo, exige desde 2025 que las lavadoras incluyan filtros para retener fibras plásticas. Y la ONU trabaja en un tratado global contra la contaminación por plásticos, previsto para 2025.

Sin embargo, la producción mundial de plásticos sigue creciendo, superando los 400 millones de toneladas anuales. Y solo una fracción mínima se recicla de forma efectiva.

Las tecnologías para eliminar microplásticos del agua potable aún están en fase experimental. Mientras tanto, el mejor filtro sigue siendo la prevención en origen: reducir el uso y la liberación de plásticos.

Más información: Chronic Exposure to Microplastics Induces Blood–Brain Barrier Impairment, Oxidative Stress, and Neuronal Damage in Rats | Molecular Neurobiology

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Publicado en: Contaminación

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