
Un estudio de la Universidad de Reading revela cómo los gases del tráfico interfieren en la comunicación química entre plantas y polinizadores, con consecuencias para la biodiversidad y la agricultura.
- 🐝 Hasta un 68 % menos de rendimiento: es la reducción media observada en los estudios que analizaron conjuntamente el ozono y los óxidos de nitrógeno.
- 🌸 Las flores pierden su señal química: los contaminantes reaccionan con las moléculas responsables de sus aromas, dificultando que los insectos las encuentren.
- 🚗 El tráfico es parte del problema: los vehículos de combustión, especialmente los diésel, constituyen una fuente importante de óxidos de nitrógeno.
- 🦋 No afecta únicamente a las abejas: mariposas, polillas y otros insectos polinizadores también pueden sufrir sus consecuencias.
- 🌍 Las próximas décadas serán decisivas: los investigadores advierten de que la evolución de la contaminación podría mantener la presión sobre los polinizadores hasta mediados de siglo.
Las flores siguen desprendiendo sus aromas, pero la contaminación atmosférica está alterando las señales químicas que utilizan las abejas y otros insectos para encontrarlas. Una investigación dirigida por la Universidad de Reading (Reino Unido) revela que dos contaminantes habituales del aire pueden reducir considerablemente la capacidad de los polinizadores para localizar las flores de las que dependen para alimentarse.
El estudio, publicado en octubre de 2026 en la revista científica Frontiers in Ecology and the Environment, reúne los resultados de 22 investigaciones experimentales y advierte de que este problema podría agravarse durante las próximas décadas, incluso mientras avanza la transición hacia energías más limpias.
Las flores emiten señales invisibles que la contaminación puede destruir
Para una abeja, encontrar una flor no depende únicamente de sus colores.
Las plantas liberan al aire mezclas de compuestos orgánicos volátiles, pequeñas moléculas que forman una especie de huella química característica de cada especie vegetal.
Estas sustancias se dispersan con el viento y permiten que numerosos insectos localicen flores incluso cuando todavía no pueden verlas.
Las abejas, por ejemplo, utilizan los receptores olfativos de sus antenas para identificar determinados aromas y asociarlos con fuentes de néctar y polen.
Sin embargo, estas señales no son inmunes a la contaminación.
El ozono troposférico (O₃) y los óxidos de nitrógeno (NOₓ) pueden reaccionar con las moléculas aromáticas, modificar su composición y reducir la distancia a la que los insectos pueden reconocerlas.
El resultado es que una flor puede continuar produciendo néctar y desprendiendo su aroma, pero la señal que llega al polinizador ya no es la misma.
Es como intentar seguir un rastro que se va borrando a medida que se avanza.

Un análisis de 22 estudios revela reducciones preocupantes
El equipo investigador, encabezado por James Ryalls, de la Universidad de Reading, analizó 22 estudios experimentales para determinar cómo afectan estos contaminantes al comportamiento de los insectos polinizadores.
Los resultados muestran una disminución importante de su rendimiento en condiciones de contaminación elevada.
| Contaminante | Reducción media del rendimiento |
|---|---|
| Ozono (O₃) | 42 % |
| Óxidos de nitrógeno (NOₓ) | 46 % |
| Ambos contaminantes | 68 % |
Estos porcentajes describen el rendimiento de los polinizadores evaluado en las investigaciones, no una reducción equivalente de sus poblaciones.
Los científicos también encontraron un resultado especialmente interesante: la combinación de ambos contaminantes no siempre produce un daño igual a la suma de sus efectos individuales.
Esto se debe a que el ozono y los óxidos de nitrógeno reaccionan entre sí en la atmósfera, modificando sus concentraciones y, por tanto, sus efectos sobre los aromas florales.
Además, fueron relativamente pocos los experimentos que estudiaron ambos contaminantes simultáneamente, por lo que el resultado combinado debe interpretarse con cautela.
La conclusión principal, sin embargo, es clara: la contaminación del aire constituye una amenaza para las interacciones entre plantas y polinizadores, incluso cuando no provoca directamente la muerte de los insectos.
No todos los polinizadores sufren las mismas consecuencias
Uno de los hallazgos del estudio es que la vulnerabilidad depende de la especie y de sus hábitos de alimentación.
Los insectos especializados, que dependen de determinadas plantas y de sus señales aromáticas, pueden resultar especialmente perjudicados.
Es el caso de algunas polillas que utilizan aromas florales muy específicos para localizar sus recursos alimenticios.
Por el contrario, especies más generalistas, capaces de visitar numerosas plantas y utilizar diferentes señales, podrían disponer de más alternativas.
También influye el momento del día en el que los insectos buscan alimento.
Las abejas y las mariposas, generalmente activas durante las horas de luz, pueden encontrarse con concentraciones importantes de ozono troposférico, cuya formación está relacionada con la radiación solar.
Las polillas nocturnas, por su parte, pueden estar más expuestas a determinadas condiciones de contaminación por óxidos de nitrógeno.
Esto significa que las medidas de protección no deberían centrarse exclusivamente en las abejas, sino contemplar la diversidad de insectos que participan en la polinización.
El problema podría prolongarse hasta 2050
La investigación plantea una paradoja relacionada con la transición energética.
Aunque la sustitución progresiva de los combustibles fósiles debería reducir las emisiones de óxidos de nitrógeno, la evolución del ozono troposférico resulta más compleja.
Este contaminante secundario se forma mediante reacciones fotoquímicas en las que intervienen los óxidos de nitrógeno, los compuestos orgánicos volátiles y la luz solar.
Por tanto, reducir un contaminante no implica necesariamente una disminución inmediata y proporcional de todos los demás.
Según las proyecciones recogidas por los investigadores, los niveles de ozono podrían continuar aumentando aproximadamente hasta 2050, mientras las emisiones de NOₓ comienzan a disminuir.
James Ryalls advierte de que esta situación podría generar un periodo especialmente complicado para los polinizadores durante las próximas dos o tres décadas.
El investigador considera que acelerar la reducción de emisiones, especialmente las asociadas al transporte diésel, permitiría acortar ese periodo de riesgo y favorecer una recuperación más temprana.
No obstante, el comportamiento futuro del ozono dependerá de múltiples factores, incluidos los cambios en las emisiones, las condiciones meteorológicas y las políticas de calidad del aire.
Estudios anteriores ya habían detectado hasta un 90 % menos de visitas a las flores
La nueva investigación refuerza una línea de trabajo que lleva varios años desarrollándose.
En 2022, científicos de la Universidad de Reading y otras instituciones publicaron un experimento de campo en el que expusieron plantas de mostaza negra a concentraciones controladas de contaminantes atmosféricos.
Los investigadores observaron que, en determinadas condiciones, las parcelas contaminadas recibían entre un 83 % y un 90 % menos de visitas a las flores.
También detectaron reducciones de entre el 14 % y el 31 % en diferentes indicadores relacionados con la polinización y la producción de semillas.
Estos resultados fueron especialmente relevantes porque las concentraciones utilizadas estaban por debajo de determinados límites de calidad del aire establecidos para la protección ambiental.
Posteriormente, otro estudio publicado en 2023 mostró que el ozono podía modificar la estructura de las columnas de aire que transportan los aromas florales.
Los experimentos demostraron que las abejas tenían mayores dificultades para reconocer esos olores a medida que aumentaba la distancia respecto a las flores.
En conjunto, estas investigaciones ayudan a explicar cómo un contaminante atmosférico puede terminar afectando a la reproducción de las plantas.

¿Qué consecuencias puede tener para la agricultura y la biodiversidad?
La polinización es uno de los procesos ecológicos fundamentales para el funcionamiento de los ecosistemas terrestres.
Numerosas plantas silvestres dependen de los animales para transportar el polen entre flores y producir semillas.
En la agricultura, cultivos como las manzanas, las fresas y muchas otras frutas se benefician de la actividad de los insectos polinizadores.
Cuando estos animales tienen dificultades para localizar las flores, pueden producirse varios efectos encadenados.
En primer lugar, necesitan dedicar más tiempo y energía a buscar alimento.
Además, las plantas pueden recibir menos visitas, lo que en determinadas especies reduce las posibilidades de fecundación.
Si estas alteraciones se mantienen, podrían afectar a la producción de semillas, a la reproducción de las plantas silvestres y al rendimiento de algunos cultivos.
Sin embargo, no es correcto interpretar la reducción media del 68 % observada en el estudio como una caída equivalente de la producción agrícola. La relación entre comportamiento de los insectos, polinización y cosechas depende de numerosos factores y necesita evaluarse en condiciones reales.
Qué se puede hacer para proteger a los polinizadores
La investigación subraya la necesidad de incorporar la protección de los insectos a las políticas de calidad del aire.
Reducir las emisiones del tráfico y de otras fuentes de combustión es una medida importante, aunque la formación de ozono exige estrategias coordinadas que tengan en cuenta toda la química atmosférica.
También resulta conveniente conservar y recuperar hábitats con abundancia de flores, limitar el uso innecesario de insecticidas y favorecer paisajes agrícolas con recursos alimenticios diversos.
Los corredores ecológicos y las zonas verdes pueden facilitar el desplazamiento de los polinizadores, pero plantar flores no elimina por sí solo el problema de la contaminación atmosférica.
De hecho, un espacio con abundantes plantas puede seguir siendo difícil de utilizar para determinados insectos si sus señales aromáticas se degradan.
Los investigadores reconocen además una limitación importante: gran parte de las pruebas disponibles procede de Europa.
Todavía falta estudiar con mayor profundidad qué sucede en regiones de Asia y otras zonas del planeta donde las concentraciones de contaminación pueden ser considerablemente superiores.
¿Por qué importa este descubrimiento?
La pérdida de polinizadores suele relacionarse con los pesticidas, la destrucción de hábitats y el cambio climático.
Esta investigación pone de relieve otro factor menos visible: la contaminación puede perjudicar a los insectos sin necesidad de entrar en contacto directo con ellos.
Basta con modificar las señales químicas que necesitan para encontrar alimento.
El estudio también demuestra que proteger la biodiversidad exige comprender cómo interactúan los diferentes contaminantes, y no limitarse a analizar cada uno de manera aislada.
Las decisiones que se adopten durante los próximos años para reducir las emisiones y mejorar la calidad del aire podrían influir no solo en la salud humana, sino también en la capacidad de millones de insectos para encontrar las flores que mantienen vivos numerosos ecosistemas.
Más información: Pollinator risks and recovery from air pollutant interactions during the fossil-fuel transition

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