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NASA descubre que partes de Ciudad de México se hunden más de 2 cm al mes y teme daños en infraestructuras críticas

15 mayo, 2026 Deja un comentario

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NASA

El megarradar espacial NISAR revela cómo Ciudad de México se hunde de forma desigual por la extracción de agua subterránea.

  • 🌍 Hundimiento desigual bajo una megaciudad de más de 22 millones de habitantes.
  • 💧 Extracción masiva de agua subterránea.
  • 🛰️ Satélite NISAR vigilando deformaciones del terreno desde el espacio.
  • ✈️ Aeropuerto y metro en zonas críticas.
  • ⚠️ Infraestructuras tensionadas por movimientos del suelo milimétricos… y constantes.
  • 🌊 Riesgo combinado: subsidencia + escasez hídrica + cambio climático.
  • 🏙️ Ciudad construida sobre un antiguo lago.
  • 📡 Radar espacial de alta precisión para anticipar daños y salvar vidas.

Ciudad de México se hunde cada mes y la NASA ya lo observa desde el espacio

Hay ciudades que crecen hacia arriba. Otras, sin darse cuenta, empiezan a caer.

Eso es exactamente lo que ocurre en Ciudad de México, donde algunas zonas descienden más de 2 centímetros al mes debido a la extracción intensiva de agua subterránea. Puede parecer poco. No lo es. En un año, ciertas áreas llegan a hundirse cerca de 50 centímetros, una cifra capaz de deformar carreteras, fracturar tuberías y comprometer estructuras enteras.

Ahora, un nuevo protagonista entra en escena: el satélite NISAR, desarrollado conjuntamente por la NASA y la ISRO. Su misión no consiste únicamente en tomar imágenes espectaculares desde el espacio. Lo realmente importante es su capacidad para detectar movimientos minúsculos en la superficie terrestre con una precisión casi quirúrgica.

Y los datos empiezan a dibujar un escenario incómodo.

Una ciudad levantada sobre agua

La actual capital mexicana ocupa el lugar donde antes se encontraba Tenochtitlán, construida originalmente sobre islotes del lago Texcoco. Con el paso de los siglos, aquel sistema lacustre fue drenado para expandir la ciudad y controlar inundaciones. El problema es que el subsuelo nunca dejó de comportarse como un terreno saturado de agua.

Debajo de la urbe existe un enorme acuífero del que dependen millones de personas. Según distintos estudios y organismos locales, alrededor del 60% del suministro hídrico de la ciudad procede todavía de aguas subterráneas.

El equilibrio era delicado ya hace décadas. Pero el crecimiento urbano, la expansión periférica y las sequías cada vez más frecuentes han disparado la presión sobre esos recursos.

Y claro, cuando se extrae más agua de la que el terreno puede recuperar, el suelo se compacta. Literalmente se aplasta sobre sí mismo.

El problema no es solo hundirse: es hacerlo de forma desigual

Aquí aparece uno de los conceptos más preocupantes: la subsidencia diferencial.

No toda la ciudad desciende al mismo ritmo. Mientras algunos barrios apenas se mueven, otros bajan varios centímetros cada pocas semanas. Esa diferencia genera tensiones brutales en infraestructuras pensadas para permanecer estables.

Un túnel de metro puede deformarse. Una tubería puede romperse. Un puente elevado puede perder alineación. Incluso pequeños desniveles acumulados terminan afectando drenajes, alcantarillado y redes de agua potable.

En una megaciudad, todo está conectado. Y cuando el terreno deja de comportarse de forma homogénea, empiezan los problemas caros. Muy caros.

El colapso de un tramo elevado del metro en 2021, que causó 26 muertes, volvió a poner sobre la mesa hasta qué punto los movimientos del terreno influyen en la seguridad urbana.

El satélite más ambicioso de observación terrestre

El satélite NISAR representa uno de los proyectos de observación terrestre más avanzados jamás lanzados. Ha costado alrededor de 1.400 millones de euros y utiliza un enorme radar desplegable de 12 metros capaz de medir deformaciones del terreno casi imperceptibles para el ojo humano.

Su radar de banda L tiene otra ventaja importante: puede penetrar vegetación, humedad y determinadas condiciones atmosféricas que dificultan otras observaciones satelitales.

Eso abre la puerta a una nueva generación de vigilancia climática y geológica.

No solo servirá para monitorizar subsidencias urbanas. También podrá seguir:

  • Deslizamientos de tierra.
  • Movimientos tectónicos.
  • Cambios en glaciares.
  • Deformaciones costeras.
  • Pérdida de humedales.
  • Impactos de inundaciones y sequías.

En cierto modo, funciona como una especie de electrocardiograma planetario. Un sistema capaz de detectar tensiones invisibles antes de que se conviertan en desastre.

Aeropuertos, metros y barrios enteros bajo presión

Uno de los detalles más llamativos de las primeras imágenes de NISAR es que el Aeropuerto Internacional Benito Juárez aparece dentro de una de las zonas con subsidencia más intensa.

Eso obliga a realizar mantenimientos constantes sobre pistas, drenajes y estructuras. El problema no es puntual. Es continuo. Mes tras mes.

Y ocurre algo parecido con muchas infraestructuras críticas de la ciudad.

Las fugas en las redes de agua aumentan precisamente porque el terreno se desplaza y rompe conducciones. Luego se necesita extraer todavía más agua para compensar esas pérdidas. Una espiral complicada de detener.

Un círculo vicioso, vaya.

Cuando la crisis hídrica y el cambio climático se cruzan

En 2024, la capital mexicana estuvo cerca de una situación extrema de escasez de agua. Las reservas bajaron hasta niveles alarmantes tras una combinación de sequías, altas temperaturas y sobreexplotación de acuíferos.

El contexto climático empeora el panorama.

Las lluvias son cada vez más irregulares. Se alternan periodos secos prolongados con precipitaciones intensas incapaces de recargar correctamente el subsuelo urbano, cubierto en gran parte por asfalto y hormigón.

Además, muchas ciudades latinoamericanas crecen más rápido de lo que sus infraestructuras hidráulicas pueden adaptarse.

Eso multiplica la dependencia del bombeo subterráneo.

Imagen: jkraft5 – Depositphotos.

Ciudad de México no está sola

Yakarta lleva años considerada una de las ciudades que más rápido se hunden en el mundo. Cerca del 40% de la ciudad ya se encuentra por debajo del nivel del mar en algunas estimaciones. Allí, el gobierno indonesio incluso impulsa la construcción de una nueva capital administrativa parcialmente motivada por este problema.

Venecia también convive con subsidencia, aunque mucho más controlada gracias a limitaciones estrictas sobre la extracción de agua subterránea y grandes inversiones en protección hidráulica.

La diferencia está en la capacidad de adaptación y en la velocidad del hundimiento.

Porque una ciudad puede convivir con movimientos lentos durante décadas. Lo complicado llega cuando esos cambios empiezan a acelerarse.

La vigilancia espacial cambia las reglas

Hasta hace pocos años, detectar estos movimientos requería campañas topográficas lentas y mediciones locales. Ahora, satélites como NISAR pueden generar mapas dinámicos casi globales cada pocos días.

Eso permite identificar puntos críticos antes de que aparezcan grietas visibles o fallos estructurales graves.

La clave ya no consiste únicamente en reaccionar. Empieza a ser posible anticiparse.

Y eso puede marcar una diferencia enorme en ciudades vulnerables de Asia, América Latina o regiones costeras donde coinciden urbanización acelerada, estrés hídrico y aumento del nivel del mar.

Vía NASA

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Publicado en: Curiosidades

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