
Más de 2.000 lanzamientos anuales podrían reducir hasta un 4% del ozono sobre la Antártida, según nuevos modelos atmosféricos.
- Cohetes espaciales: nueva amenaza para el ozono.
- Aumentan los lanzamientos comerciales.
- Residuos químicos afectan la atmósfera.
- Frenazo potencial a la recuperación del ozono.
- Tecnología limpia, aún marginal.
- Urge regulación antes de que sea tarde.
Los lanzamientos espaciales están abriendo un nuevo agujero en la capa de ozono
Mientras la industria espacial privada se dispara, una nueva preocupación empieza a tomar forma en las capas altas de nuestra atmósfera. Cada lanzamiento, por más espectacular que parezca desde la Tierra, deja una huella química que erosiona la capa de ozono, debilitando la barrera natural que protege la vida del exceso de radiación ultravioleta. Y aunque el impacto todavía es limitado, el ritmo de crecimiento de los lanzamientos apunta a un problema que puede escalar rápido.
El precedente del Protocolo de Montreal
En los años 80, la crisis del ozono se convirtió en un símbolo global del daño ambiental causado por la actividad humana. Los CFCs (clorofluorocarbonos), presentes en aerosoles y sistemas de refrigeración, estaban literalmente agujereando la atmósfera. La respuesta internacional fue ejemplar: con la firma del Protocolo de Montreal en 1987, se prohibieron estos compuestos, lo que logró reducir sus emisiones en un 99%. Hoy, la capa de ozono muestra signos claros de recuperación. Pero no está completamente a salvo.
Auge de lanzamientos y efectos invisibles
Desde 2019, el número anual de lanzamientos espaciales se ha más que duplicado, empujado por la demanda de internet satelital, observación terrestre, exploración y turismo espacial. Cada uno de estos lanzamientos libera una mezcla de cloro, hollín, óxidos de nitrógeno y partículas metálicas a alturas donde la atmósfera es especialmente vulnerable.
Aunque el impacto directo actual es pequeño, el riesgo está en la acumulación. Estudios recientes advierten que, si no se actúa a tiempo, esta nueva fuente de contaminación puede ralentizar o incluso revertir parte de los avances logrados desde los años 80.
Datos que preocupan
Los modelos más conservadores, como los de Laura Revell y su equipo, calculan una pérdida del 0,17% del ozono global para 2030 con un ritmo moderado de 884 lanzamientos por año. En un escenario más agresivo, con unos 2.040 lanzamientos anuales, la pérdida alcanzaría el 0,29% global y hasta un 4% en la Antártida, donde la capa ya es frágil por naturaleza.
Puede parecer poco, pero en química atmosférica no hay márgenes seguros. Cambios mínimos pueden desencadenar efectos desproporcionados, sobre todo en zonas polares donde las temperaturas extremas y la presencia de nubes estratosféricas favorecen las reacciones que destruyen ozono.
Qué contiene realmente ese escape de los cohetes
La mayoría de los cohetes actuales usan propulsores sólidos, ricos en compuestos de cloro. Al alcanzar la estratósfera, este cloro actúa como un catalizador letal, destruyendo moléculas de ozono una tras otra, sin agotarse. A esto se suma el hollín (carbono negro) que absorbe calor y calienta la atmósfera media, acelerando aún más esas reacciones destructivas.
En cambio, los motores que funcionan con combustibles criogénicos como hidrógeno y oxígeno líquido apenas afectan al ozono. Son más limpios, pero también más complejos, costosos y menos frecuentes: hoy representan solo el 6% de los lanzamientos.
Y no todo termina cuando el cohete sale de la atmósfera. Los satélites que reentran y se desintegran liberan óxidos de nitrógeno y polvo metálico, ambos capaces de contribuir al agotamiento del ozono. Es una dimensión del problema aún poco estudiada, pero con un peso potencial significativo a medida que crecen las constelaciones de satélites.
La urgencia de actuar
Lo que está claro es que la tecnología actual no es neutra. Si se repite el error de ignorar señales tempranas, la recuperación de la capa de ozono podría estancarse, con consecuencias globales para la salud humana, los ecosistemas y el clima.
Hoy estamos a tiempo de actuar con inteligencia. Como ocurrió en los 80, es posible dar una respuesta coordinada, científica y eficaz. Pero no ocurrirá sola.
Más información: Near-future rocket launches could slow ozone recovery | npj Climate and Atmospheric Science



Nuria dice
Que pena,con el problema tan grande de contaminación que tenemos y no sean capaces de verlo sigan destruyendo el mundo sin sentido,nadie es capaz de frenar tanta ambición y locura que vivimos en éste siglo.