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Nuevo estudio descubre que la península ibérica está girando lentamente en sentido horario

9 enero, 2026 2 comentarios

5/5 - (3 votos)
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Investigadores del País Vasco confirman que la Península Ibérica gira lentamente en sentido horario por la presión entre África y Eurasia.

  • Rotación lenta pero real.
  • Placas africana y euroasiática en tensión constante.
  • Milímetros que importan.
  • Fallas activas, algunas invisibles.
  • Riesgo sísmico silencioso.

Un estudio reciente confirma algo que la geología llevaba tiempo intuyendo: la península ibérica rota lentamente en sentido horario. No es un giro perceptible a escala humana, ni mucho menos. Pero ocurre. Año tras año. Milímetro a milímetro. Y está directamente ligado al avance sostenido de África hacia Eurasia, especialmente en la compleja región de Gibraltar y el dominio de Alborán.

La investigación, liderada por Asier Madarieta-Txurruka en la Universidad del País Vasco, combina dos fuentes de información clave: décadas de registros sísmicos y mediciones satelitales de alta precisión mediante redes GNSS repartidas por toda Iberia. El resultado es una imagen coherente, nada espectacular, pero muy reveladora.

Por qué rota la península ibérica

La clave está en el sur. Allí, la península no se comporta como un bloque rígido, sino como una pieza atrapada entre fuerzas desiguales. La placa africana avanza hacia el norte unos 5 milímetros al año, presionando contra Eurasia a través de una frontera difusa, ancha, llena de estructuras activas.

Ese contacto desordenado permite que el esfuerzo no se quede concentrado en un único punto. La tensión se filtra tierra adentro, afecta a fallas alejadas de la costa y, a largo plazo, modifica la geometría completa de la península. De ahí la rotación. No es un empujón directo, es más bien un arrastre continuo, persistente.

Los terremotos ayudan a leer esa historia. Cada uno deja una “firma”, un mecanismo focal que indica cómo se ha deslizado una falla y en qué dirección actuaba el esfuerzo. Al superponer cientos de estos registros, aparecen patrones claros: zonas dominadas por compresión, otras por deslizamiento lateral. Y encajan, sorprendentemente bien, con lo que dicen los satélites.

Señales desde los satélites

Las estaciones GNSS detectan movimientos del terreno del orden de milímetros por año. Cambios demasiado lentos para notarlos, pero suficientes para acumular energía durante décadas o siglos. En Iberia, estas redes han permitido observar cómo distintos bloques corticales se mueven en direcciones ligeramente distintas.

Aquí entra un concepto clave: tasa de deformación. No es solo cuánto se mueve el suelo, sino cómo cambia de forma con el tiempo. Y eso no siempre coincide con el sentido del esfuerzo interno. Comparar ambos parámetros permite saber si una zona está bloqueada, si fluye lentamente o si combina varios modos de deformación a la vez.

En regiones complejas, esa comparación es oro.

Arco de Gibraltar y dominio de Alborán

El arco de Gibraltar actúa como un amortiguador geológico. Al este del Estrecho, buena parte de la deformación se concentra en el propio arco. La corteza es más delgada, más “blanda”, y absorbe mejor el empuje africano. Por eso, parte del esfuerzo se disipa antes de propagarse hacia el norte.

Al oeste, la historia cambia. El contacto entre placas es más directo y la presión se transmite hacia el suroeste de la península y al margen atlántico cercano. No es casualidad que ahí se registren mayores velocidades de deformación en los datos GNSS.

En los bordes del dominio de Alborán, además, se mezclan compresión y fallas de desgarre, un cóctel tectónico que explica la diversidad de señales sísmicas y satelitales observadas.

Identificación de fallas activas

Uno de los aportes más prácticos del estudio es la identificación de posibles fallas activas allí donde no hay evidencias claras en superficie. La base de datos española QAFI recoge fallas activas desde el Cuaternario, pero presenta vacíos importantes, sobre todo cerca de Gibraltar y en sectores de los Pirineos occidentales.

Las nuevas cartografías de deformación sugieren dónde conviene mirar con más detalle. Trabajo de campo, geofísica, más estaciones GNSS, especialmente en el mar y en el norte de África. Ahí se juegan muchas respuestas.

Cuestiones sobre el riesgo sísmico

La pregunta inevitable aparece sola: ¿cambia esto el riesgo sísmico para ciudades como Lisboa, Sevilla o Rabat? No de forma inmediata. La rotación es lenta, y el riesgo depende de qué fallas estén bloqueadas y con qué frecuencia rompan.

Pero sí afina el mapa. Reduce la incertidumbre, orienta mejor los estudios de peligrosidad y permite ajustar códigos de edificación y planes de emergencia con información más realista. En prevención, los detalles importan.

La calma no significa estabilidad

Zonas con baja deformación aparente siguen registrando pequeños terremotos. La quietud no implica estabilidad. En los Pirineos, por ejemplo, la erosión y el levantamiento continuo pueden generar extensión local. En el Atlas, al sur, pueden producirse grandes terremotos aunque el movimiento superficial sea mínimo.

La tectónica no siempre hace ruido.

Por qué los datos no siempre coinciden

No siempre coinciden los datos sísmicos y los satelitales. A veces porque hay pocos terremotos. Otras, porque la corteza libera tensión de forma silenciosa, sin rupturas bruscas. En regiones con pocas estaciones o geología muy fragmentada, la incertidumbre crece.

El propio estudio insiste en no forzar interpretaciones. Mejor más datos. Más tiempo. Más contraste.

Por qué importa que la península ibérica esté rotando

Porque los paisajes que habitamos son el resultado de estos procesos lentos. Puertos, costas, cordilleras, cuencas sedimentarias. Todo responde, en última instancia, a movimientos como este.

La combinación de sismología y geodesia permite hoy seguirlos con una precisión impensable hace solo unas décadas. No para alarmar, sino para entender. Y planificar mejor.

Qué impacto puede tener en el medio ambiente

A corto plazo, ninguno visible. A largo plazo, varios. La deformación tectónica condiciona la evolución de costas, la subsidencia de deltas, la estabilidad de acuíferos profundos y la distribución de riesgos naturales. Todo ello influye en ecosistemas costeros, infraestructuras críticas y planificación territorial.

Comprender estas dinámicas ayuda a evitar impactos indirectos: construcciones mal ubicadas, alteraciones innecesarias del litoral, infraestructuras expuestas a fallas activas que no estaban bien cartografiadas.

Más información: New insights on active geodynamics of Iberia and Northwestern Africa from seismic stress and geodetic strain-rate fields – ScienceDirect

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Publicado en: Curiosidades

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Comentarios

  1. José dice

    9 enero, 2026 a las 22:00

    Eso es que los vascos están empujando.

    Responder
  2. Ricardo Monges Fonseca dice

    10 enero, 2026 a las 22:12

    Los que construimos deberíamos leer un poco más, para estar enterados de los cambios. Poner más atención a la ubicación de las obras.

    Responder

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