
Nuevo mapa global revela que la mayoría de los países puede mejorar su economía y proteger la naturaleza al mismo tiempo.
- 🌳 Más carbono almacenado, mismo territorio.
- 🦋 Protección de biodiversidad y desarrollo económico.
- 📈 Ingresos rurales adicionales sin ampliar la frontera agrícola.
- 🌾 Agricultura más eficiente, menor presión sobre ecosistemas.
- 🗺️ 146 países analizados en un estudio global.
- 💰 Más de 350.000 millones de dólares de valor económico potencial.
- 🌎 Más de 200.000 millones de toneladas de CO₂ con capacidad de almacenamiento adicional.
- 🤝 Clima y economía, objetivos más compatibles de lo esperado.
La gran oportunidad escondida en el uso del suelo
Durante décadas, la gestión del territorio ha estado marcada por una idea aparentemente incuestionable: proteger la naturaleza implica renunciar a parte del crecimiento económico. Bosques, humedales y praderas eran vistos como espacios que debían sacrificarse cuando se buscaba aumentar la producción agrícola, la explotación forestal o el desarrollo industrial.

Sin embargo, una nueva investigación internacional plantea una visión mucho más optimista. Tras analizar el uso del suelo en 146 países, los investigadores concluyen que gran parte del planeta está muy lejos de aprovechar todo su potencial. Y lo más llamativo es que mejorar los resultados económicos no tendría por qué deteriorar la biodiversidad ni agravar la crisis climática.
La conclusión desafía uno de los argumentos más utilizados contra las políticas ambientales: la idea de que proteger la naturaleza resulta demasiado caro.
El suelo: el punto de encuentro entre clima, biodiversidad y economía
Pocas veces se piensa en ello, pero el suelo es uno de los recursos más estratégicos del planeta. De cómo se gestione depende buena parte de la capacidad de la Tierra para almacenar carbono, conservar especies y producir alimentos.

Cuando un bosque desaparece para dar paso a un cultivo poco productivo, no solo se pierde biodiversidad. También se libera carbono almacenado durante décadas o incluso siglos. A la vez, si ese nuevo uso del suelo genera escasos beneficios económicos, la sociedad acaba perdiendo por partida doble.
Precisamente ahí radica la importancia de este estudio liderado por el profesor Stephen Polasky, de la Universidad de Minnesota. Su equipo desarrolló mapas capaces de identificar qué combinación de usos del suelo permite obtener el mejor equilibrio posible entre conservación y rentabilidad.
El resultado fue sorprendente: en la mayoría de los países existen márgenes muy amplios para mejorar ambos objetivos simultáneamente.
Una nueva forma de medir el potencial de cada país
Los investigadores utilizaron un concepto conocido como frontera de eficiencia, que representa el máximo rendimiento que podría alcanzar un territorio considerando sus características climáticas, sus suelos y los usos actuales de la tierra.
Para ello evaluaron cinco grandes beneficios asociados al territorio:
- Almacenamiento de carbono.
- Conservación de biodiversidad.
- Producción agrícola.
- Ganadería.
- Aprovechamiento forestal.
Además, incorporaron los costes reales que supone transformar un uso del suelo en otro, evitando escenarios teóricos poco realistas.
El resultado final fue una serie de mapas que muestran la distancia entre la situación actual y el potencial alcanzable de cada país.
Un hallazgo que cambia las reglas del juego
La imagen global revela que la mayoría de las naciones están operando muy por debajo de sus posibilidades.
Según los cálculos del estudio, si los países priorizaran la captura de carbono mediante una mejor gestión territorial, podrían llegar a almacenar más de 200.000 millones de toneladas adicionales de dióxido de carbono.
Por otro lado, si el objetivo principal fuera aumentar los beneficios económicos derivados de la agricultura y la actividad forestal, el potencial adicional superaría los 350.000 millones de dólares anuales.
Lo verdaderamente relevante es que estos dos objetivos no aparecen enfrentados en la mayor parte de los casos.
De media, muchos países podrían incrementar de forma muy significativa uno de estos beneficios sin perjudicar el otro. Una realidad que rompe con la visión tradicional de «naturaleza contra economía».
Restaurar donde importa y producir mejor donde ya se cultiva
El estudio identifica dos estrategias principales para aprovechar este potencial.
La primera consiste en reubicar determinadas actividades productivas. Existen terrenos agrícolas de baja rentabilidad ubicados en áreas con gran capacidad para almacenar carbono o albergar biodiversidad. Recuperar estos espacios mediante reforestación o restauración ecológica puede generar beneficios ambientales muy superiores al valor económico que actualmente producen.
La segunda estrategia pasa por mejorar la productividad de las tierras agrícolas ya existentes.

En muchos países de renta baja y media siguen existiendo importantes diferencias entre el rendimiento actual de los cultivos y su potencial real. Reducir esa brecha mediante mejores técnicas agronómicas, variedades adaptadas al clima o sistemas de riego más eficientes permitiría producir más alimentos sin necesidad de ocupar nuevos ecosistemas naturales.
Este enfoque encaja con los principios de la llamada intensificación sostenible, una corriente que busca aumentar la producción agrícola minimizando el impacto ambiental.
Dos países, dos historias muy diferentes
Los datos muestran que no todos los países parten de la misma situación.
Japón aparece como un ejemplo de territorio que ya ha maximizado buena parte del valor económico que puede obtener de su suelo. Aunque ha experimentado una notable reducción de su capital natural a lo largo del tiempo, actualmente extrae elevados rendimientos económicos de sus tierras disponibles.
Haití representa prácticamente el caso contrario. El país ha sufrido una fuerte degradación ambiental durante décadas y, aun así, obtiene retornos económicos relativamente bajos en comparación con lo que podría conseguir con una gestión más eficiente.
Este contraste demuestra que la destrucción de recursos naturales no garantiza prosperidad. A menudo refleja justamente lo contrario: una utilización ineficiente del territorio que agota el capital natural sin generar beneficios equivalentes.
El papel de la financiación verde
Uno de los aspectos más interesantes de esta investigación es su potencial aplicación en la toma de decisiones financieras.
Los nuevos mapas pueden ayudar a bancos de desarrollo, fondos climáticos e instituciones internacionales a identificar aquellas inversiones que ofrecen beneficios múltiples al mismo tiempo.

Por ejemplo, proyectos de restauración forestal combinados con agricultura regenerativa, recuperación de humedales productivos o sistemas agroforestales podrían mejorar los ingresos locales mientras aumentan la captura de carbono y la protección de especies.
Esta información llega en un momento especialmente relevante, cuando numerosos países están desarrollando estrategias vinculadas a los mercados voluntarios de carbono, los pagos por servicios ecosistémicos y los objetivos internacionales de conservación.
La conexión con los objetivos globales de conservación
Los resultados también aportan argumentos sólidos para iniciativas internacionales como el objetivo 30×30, que busca proteger el 30% de las tierras y océanos del planeta antes de 2030.
Uno de los principales desafíos de estas políticas es convencer a gobiernos y comunidades locales de que la conservación puede generar beneficios tangibles.
La investigación sugiere que, en muchos casos, las áreas prioritarias para la biodiversidad coinciden con zonas donde una gestión más inteligente del territorio puede aportar ventajas económicas duraderas.
No se trata únicamente de preservar paisajes por razones ecológicas. Se trata de proteger activos naturales que sostienen la agricultura, regulan el agua, reducen riesgos climáticos y generan oportunidades económicas a largo plazo.
Qué impacto puede tener en el medio ambiente
Si las conclusiones del estudio se trasladan a políticas reales, el impacto ambiental podría ser enorme.
Una mejor planificación territorial permitiría reducir la deforestación, proteger corredores ecológicos esenciales para la fauna y aumentar la capacidad de absorción de carbono de los ecosistemas naturales.
También contribuiría a frenar la degradación de los suelos, uno de los problemas más graves para la seguridad alimentaria mundial. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura lleva años advirtiendo sobre la pérdida progresiva de fertilidad en muchas regiones agrícolas.
Además, la restauración de bosques y humedales aporta beneficios adicionales como la regulación hídrica, la reducción de inundaciones, la mejora de la calidad del aire y una mayor resiliencia frente a fenómenos meteorológicos extremos.
En otras palabras, una gestión más inteligente del territorio no solo beneficia al clima. Refuerza la salud de los ecosistemas que sostienen la vida cotidiana de millones de personas.
Más información: Landscape efficiency frontiers for biodiversity, climate mitigation, and net economic value | Science



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