
No todos los paisajes reaccionan igual a las nuevas plantaciones. Los científicos descubren un efecto inesperado en el Mediterráneo que obliga a replantear cómo restaurar los ecosistemas.
- 🌲 Un resultado inesperado: Un estudio de 67.248 áreas forestadas revela que plantar bosques en terrenos anteriormente no forestados se asocia con un aumento medio del 26 % en la ocurrencia de incendios en regiones templadas.
- 🔥 Hasta 2,7 veces más incendios: El mayor incremento se registra en regiones de bosques templados de coníferas, mientras que en otros ecosistemas la frecuencia disminuye.
- 🇪🇸 Especial atención al Mediterráneo: En los ecosistemas mediterráneos analizados, la ocurrencia de incendios aumenta un 38 % y la superficie quemada esperada, un 9 % cuando se produce un incendio.
- 🌍 Consecuencias climáticas: Los incendios pueden comprometer el almacenamiento de carbono que se pretende conseguir mediante nuevas plantaciones forestales.
- 📊 Evidencia científica: La investigación, publicada en PNAS, utiliza registros satelitales de 2001 a 2023 y demuestra que los efectos de la forestación dependen del ecosistema y de las condiciones locales.

Plantar árboles parece una de las formas más sencillas de combatir el cambio climático. Los bosques absorben dióxido de carbono, proporcionan materias primas y pueden contribuir a proteger los suelos. Sin embargo, establecer nuevas masas forestales no siempre produce los beneficios esperados, especialmente cuando se realiza en terrenos que históricamente no estaban arbolados.
Conviene distinguir la forestación, que establece masas forestales en terrenos anteriormente no forestados, de la reforestación, que busca recuperar la cubierta arbórea de superficies que previamente fueron bosques. Esta investigación se centra en la primera práctica.
Una investigación internacional publicada en la revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) ha encontrado que transformar terrenos no forestados en plantaciones de árboles puede modificar significativamente la actividad de los incendios forestales. En determinadas regiones templadas, el número de incendios aumenta de forma considerable después de la forestación.
El resultado más llamativo aparece en las regiones de bosques templados de coníferas, donde la ocurrencia de incendios llega a multiplicarse por 2,7. En los ecosistemas mediterráneos, especialmente relevantes para países como España, también se observa un incremento significativo. Pero la investigación revela algo todavía más importante: plantar árboles no tiene el mismo efecto sobre los incendios en todos los paisajes.
Un estudio internacional de 67.248 áreas forestadas
El trabajo ha sido desarrollado por investigadores de España, Chile y Finlandia, con participación de la Universidad de Cádiz y la Universidad de Finlandia Oriental. El equipo examinó 67.248 áreas distribuidas por diferentes regiones templadas del planeta que habían pasado de ser terrenos no forestados a albergar bosques plantados entre 2001 y 2023.
Para identificar estos cambios se utilizaron registros satelitales de cobertura del suelo y superficies quemadas, combinados con información climática y sobre la actividad humana. Los investigadores compararon la actividad de los incendios antes y después del establecimiento de las plantaciones. Los modelos estadísticos tuvieron en cuenta factores como la temperatura, las precipitaciones, la accesibilidad y el tamaño de las áreas estudiadas.
En el conjunto de los ecosistemas templados analizados, la forestación se asoció con dos cambios principales:
- Un aumento medio del 26 % en la ocurrencia de incendios por hectárea y año.
- Un incremento del 23 % en la superficie quemada esperada cuando se produce un incendio.
Es fundamental entender que estos porcentajes representan variaciones relativas. Para ilustrar la magnitud del riesgo en términos absolutos, los investigadores ofrecen otra estimación: en una superficie estandarizada de 100 hectáreas durante diez años, la probabilidad calculada de registrar un incendio pasa del 4,1 % al 4,6 %. La diferencia parece pequeña en términos absolutos, pero adquiere importancia cuando se considera la enorme extensión que pueden ocupar las plantaciones forestales a escala global.
El riesgo de incendio aumenta en unos ecosistemas y disminuye en otros
Una de las aportaciones más relevantes del estudio es que permite distinguir cómo responde cada tipo de paisaje a la introducción de nuevas masas forestales. Los resultados no deben interpretarse como predicciones directamente aplicables a cualquier plantación concreta, sino como tendencias estadísticas a gran escala:
- Bosques templados de coníferas: Los mayores incrementos se registraron en estas regiones. La forestación se asoció con una ocurrencia de incendios 2,7 veces superior y con una superficie quemada esperada aproximadamente dos veces mayor.
- Regiones mediterráneas: Los resultados son especialmente relevantes para estos paisajes, caracterizados por veranos secos y temperaturas elevadas. La ocurrencia de incendios aumentó un 38 % después de la forestación, mientras que la superficie quemada esperada creció un 9 %. Estos datos resultan especialmente relevantes para España, donde las condiciones climáticas mediterráneas, los periodos de sequía y la continuidad de la vegetación pueden favorecer la propagación de incendios. Sin embargo, el incremento del 38 % es un resultado agregado para los ecosistemas mediterráneos estudiados, no una estimación específica para las plantaciones españolas.
- Bosques templados caducifolios y mixtos: La forestación se relacionó con una reducción del 23 % en la ocurrencia de incendios. Sin embargo, cuando estos se producían, la superficie quemada esperada aumentaba un 20 %.
- Pastizales, sabanas y matorrales: En los ecosistemas templados de pastizales, sabanas y matorrales analizados, la forestación se asoció con una reducción del 18 % en la ocurrencia de incendios. Este resultado no permite concluir que disminuyera necesariamente el número de igniciones.

Mecanismos potenciales detrás de los cambios observados
Para comprender estos resultados es necesario observar cómo cambia la vegetación cuando un terreno abierto se transforma en una masa forestal. La introducción de árboles modifica la cantidad, distribución y continuidad del combustible vegetal. Troncos, ramas, hojas y restos orgánicos pueden cambiar las condiciones de propagación del fuego, aunque el efecto depende de la vegetación original y de las características de la plantación.
Esta disponibilidad de combustible interactúa con otros factores determinantes, como la sequía, la temperatura, el viento, las características de las especies y las fuentes de ignición. El estudio identifica cambios estadísticos en la actividad del fuego y señala la disponibilidad y continuidad del combustible, junto con la humedad y la estructura forestal, como mecanismos potenciales. No obstante, no demuestra que exista un único mecanismo causal responsable de todos los resultados observados.
Cómo pueden afectar los incendios al carbono almacenado
Una de las principales razones para promover nuevas plantaciones forestales es su capacidad para retirar dióxido de carbono de la atmósfera mediante la fotosíntesis y almacenarlo en la biomasa y los suelos. Pero estos beneficios dependen de que el carbono permanezca almacenado durante periodos suficientemente largos.
Cuando una plantación sufre un incendio, parte del carbono acumulado puede regresar a la atmósfera. Además, la pérdida de árboles reduce temporalmente la capacidad de absorción de CO₂ y puede afectar a las reservas de carbono del suelo. Por tanto, una plantación que inicialmente presenta un balance climático favorable puede ofrecer beneficios menores de los previstos si sufre incendios recurrentes.
Es importante aclarar que este estudio no cuantifica directamente las emisiones de CO₂ ni determina el balance climático neto de cada plantación, pero sí señala que la exposición al fuego debe incorporarse a los cálculos sobre su capacidad real de almacenar carbono a largo plazo.
Implicaciones prácticas para la planificación forestal
Los resultados plantean una cuestión importante para las políticas de restauración ecológica y mitigación del cambio climático: no basta con contabilizar cuántos árboles se plantan o cuántas hectáreas se forestan. También es necesario evaluar qué tipo de ecosistema existía anteriormente y cómo puede cambiar su comportamiento frente al fuego.
Entre las medidas que pueden ayudar a mejorar la planificación forestal destacan:
- Seleccionar cuidadosamente los terrenos: evitar que los objetivos de plantación prevalezcan sobre las características ecológicas y los riesgos propios del paisaje.
- Conservar los ecosistemas abiertos naturales: reconocer que pastizales, sabanas y matorrales pueden tener un elevado valor ecológico sin necesidad de transformarlos en bosques.
- Adaptar las especies y la estructura forestal: considerar su comportamiento frente a la sequía, la acumulación de combustible y las condiciones climáticas locales.
- Gestionar la continuidad del combustible: las necesidades de gestión de una plantación dependen de las especies, la densidad, las condiciones climáticas y los objetivos forestales. En determinados contextos, las claras, las podas y la gestión del combustible pueden contribuir a reducir la vulnerabilidad frente al fuego, aunque su eficacia debe evaluarse según las características locales.
- Evaluar el carbono a largo plazo: incorporar el riesgo de incendios al cálculo de los beneficios climáticos esperados.
Los límites de la investigación
Aunque el trabajo utiliza una amplia base de datos y modelos estadísticos que consideran numerosos factores ambientales, presenta limitaciones importantes que el lector debe tener en cuenta:
- El estudio se concentra exclusivamente en biomas templados. Sus resultados no pueden trasladarse directamente a regiones tropicales o boreales.
- Los resultados proceden de observaciones satelitales y análisis estadísticos. Las asociaciones observadas no prueban por sí solas todos los mecanismos causales subyacentes.
- Las variables estudiadas son la ocurrencia de incendios y la superficie quemada. Estas métricas no equivalen necesariamente a la intensidad de las llamas, la severidad ecológica del daño o las pérdidas económicas.
- Los resultados medios de cada ecosistema no permiten predecir el comportamiento de una plantación concreta sin estudiar sus condiciones locales específicas.

El lugar importa tanto como la cantidad
La investigación no cuestiona la importancia de los bosques ni los beneficios que pueden proporcionar las plantaciones bien planificadas. La producción de madera, la protección del suelo y el almacenamiento de carbono siguen siendo objetivos relevantes.
Lo que pone en cuestión es la idea de que aumentar la superficie arbolada siempre constituye una mejora ambiental, independientemente del lugar donde se haga. En un contexto de calentamiento global, incorporar el riesgo de incendios a la planificación forestal resulta esencial para evaluar la permanencia de los beneficios climáticos que se esperan de nuevas plantaciones.
La principal enseñanza es que una estrategia forestal eficaz debe planificarse teniendo en cuenta el ecosistema original, el régimen de incendios histórico y la permanencia del carbono almacenado. En ocasiones, recuperar un bosque será la mejor alternativa. En otras, conservar un pastizal natural, restaurar un matorral degradado o mejorar la gestión de la vegetación existente puede resultar más apropiado para conseguir paisajes ecológicamente funcionales y resilientes.
Más información: Irene Repeto-Deudero et al., La forestación modifica la actividad de los incendios forestales en los biomas templados globales, Actas de la Academia Nacional de Ciencias (2026). DOI: 10.1073/pnas.2623623123

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