
Cada vez que llueve, una parte importante del agua se pierde en desagües o corre calles abajo sin ningún uso. A veces, las ideas más sencillas son también las más eficaces. Captar el agua de lluvia y aprovecharla para tareas cotidianas como regar el jardín o limpiar el patio es una de esas soluciones que cada vez más personas están incorporando en sus hogares. No hace falta montar un sistema complicado: con un depósito bien colocado y una bomba sumergible, es posible montar un pequeño circuito autosuficiente que funciona casi solo.

Recoger el agua, el primer paso lógico
Lo primero es recolectar el agua que cae sobre tejados o terrazas. Basta con conectar una bajante del tejado a un depósito. No hace falta que sea enorme ni complicado. De hecho, muchos optan por contenedores de plástico reciclados o depósitos enterrados, siempre que estén protegidos de la luz solar directa y tengan tapa o filtro para que no entren hojas ni insectos. Un simple filtro o rejilla a la entrada ayuda a mantener limpia el agua desde el principio.
Una vez que se empieza a almacenar agua de lluvia, enseguida se descubre que el problema no es recolectarla, más bien sacarle partido sin complicarse la vida. Llegados a este punto, las aplicaciones de bombas sumergibles se multiplican cuando se trata de llevar esa agua donde realmente se necesita: al huerto, al jardín o a la manguera del porche.
La instalación de la bomba: más sencilla de lo que parece
La idea no es nueva. Se trata de introducir una bomba en el fondo del depósito, conectarla a una manguera y disponer de un caudal de agua constante con la presión suficiente para usarla en diferentes tareas. Las bombas domésticas, sobre todo las que están diseñadas para este tipo de usos, son ligeras, fáciles de instalar y muy intuitivas. Muchas vienen incluso con un asa para bajarlas al interior del depósito y un sistema de flotador o parada automática por si se agota el agua.
Desde la bomba se conecta una manguera que puede ir directamente al jardín, a un sistema de riego por goteo o a una toma donde se conectan diferentes accesorios. Hay bombas que permiten automatizar el encendido, controlar el caudal o detenerse si detectan que no queda agua. En cambio, las más sencillas se activan con un interruptor o al enchufarlas.

Riego, limpieza y otras utilidades diarias
Con la bomba funcionando, el uso del agua de lluvia se vuelve tan cotidiano como abrir un grifo. Se puede regar con manguera, llenar regaderas, fregar suelos exteriores o baldear herramientas sin preocuparse por el contador. Algunos lo conectan al WC o a lavadoras de uso esporádico, aunque eso requiere algo más de planificación.
Pero lo más interesante no es tanto la variedad de usos como la sensación de autonomía que ofrece. Saber que no se está desperdiciando agua potable en tareas en las que no hace falta, y que además se está aprovechando un recurso natural que antes se perdía por el desagüe, cambia la forma de relacionarse con el consumo.



Deja una respuesta