
Oshen logra que sus micro-robots autónomos sobrevivan 100 días en el océano y crucen un huracán categoría 5.
- 🚀 Oshen desarrolla micro-robots oceánicos autónomos (C‑Stars) capaces de operar hasta 100 días seguidos en mar abierto.
- 📉 El reto: los intentos fallaban por falta de datos oceánicos y por la dificultad de sobrevivir en condiciones extremas.
- 💡 Laverack detectó una oportunidad: no existía una forma eficaz de recopilar datos del océano, pero había demanda dispuesta a pagar por ello.
- 🌧️ Pruebas durísimas: los robots debían funcionar en todas las estaciones, incluso en tormentas invernales peligrosas.
- ⚙️ El desafío técnico: debían ser baratos, masivamente desplegables y tecnológicamente avanzados.
- 🌀 En 2025, tres robots C‑Stars sobrevivieron a un huracán categoría 5, convirtiéndose en los primeros en recopilar datos dentro de una tormenta de ese nivel.
Oshen construyó el primer robot oceánico capaz de recoger datos dentro de un huracán de categoría 5
Anahita Laverack soñaba con diseñar naves espaciales. El océano, sin embargo, terminó marcando su rumbo. Lo que empezó como una curiosidad técnica en un desafío de robótica autónoma se transformó en una empresa que hoy se mueve en la frontera entre tecnología marina, ciencia climática y sostenibilidad aplicada.
En 2021, Laverack se lanzó al Microtransat Challenge, una competición que propone cruzar el Atlántico con pequeños robots a vela sin ningún tipo de control humano. El reto es brutal: corrientes impredecibles, tormentas, salinidad, corrosión, fatiga estructural. Su robot, como tantos otros, no llegó al final.
Pero el verdadero hallazgo no fue el fracaso técnico, sino la causa. Faltaba algo esencial: datos del océano en tiempo real y a escala fina. Sin información precisa sobre olas, viento, presión atmosférica o temperatura superficial, incluso el mejor algoritmo navega a ciegas. Ahí se abrió la grieta por la que entró una idea más grande.
De la vela al dato: cuando el océano se convierte en laboratorio
En ferias especializadas como Oceanology International, Laverack buscó quién estaba resolviendo ese vacío de información. Encontró lo contrario: investigadores, agencias y empresas preguntándole si podía ser ella quien recogiera esos datos.
Esa demanda latente dio forma a Oshen, fundada en abril de 2022 junto a Ciaran Dowds, ingeniero eléctrico. El enfoque fue poco habitual para una startup tecnológica: sin inversión externa, sin oficinas, sin grandes promesas. Solo ahorros personales, un velero de unos 7,6 metros de eslora y un amarre en uno de los puertos más baratos del Reino Unido.
Ese barco se convirtió en banco de pruebas flotante. Cada fallo era una lección, cada tormenta una auditoría natural del diseño. No había simulador que sustituyera al Atlántico en invierno.
C-Stars: micro-robots pensados para durar, no para lucirse
Los robots de Oshen, conocidos como C-Stars, no buscan parecer futuristas. Son herramientas. Compactos, robustos y diseñados para desplegarse en enjambres, pueden permanecer en el mar hasta 100 días seguidos recogiendo datos sin intervención humana.
El reto no era solo técnico, sino económico. Hacerlos resistentes, inteligentes y a la vez lo bastante asequibles como para desplegar decenas o cientos a la vez. La mayoría de proyectos similares se queda en dos de esas tres variables. Oshen apostó por las tres, y ese equilibrio empezó a llamar la atención de organismos públicos y agencias de defensa.
En el fondo, hay una idea poderosa: pasar de grandes boyas fijas y costosas a redes dinámicas de sensores móviles, capaces de adaptarse al océano en lugar de resistirse a él.

El día que un robot entró en un huracán
La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) siguió el desarrollo de Oshen durante meses. Al principio, la tecnología no estaba lista para una misión real. Pero tras pruebas exitosas en tormentas invernales del Reino Unido, llegó la llamada antes de la temporada de huracanes de 2025.
Quince C-Stars fueron enviados al Caribe. Cinco de ellos se posicionaron cerca de las Islas Vírgenes estadounidenses, justo en la trayectoria prevista del huracán Humberto.
La expectativa era modesta: recoger datos previos al impacto. Lo que ocurrió fue otra cosa. Tres robots resistieron el paso completo del huracán, alcanzando categoría 5 en su punto máximo, y siguieron transmitiendo información durante todo el evento. Algunas piezas se perdieron por el camino. Los datos, no.
Por primera vez, se obtuvo un registro continuo desde la superficie del océano dentro de una de las tormentas más intensas del planeta. Un tipo de información que hasta ahora dependía casi exclusivamente de satélites y vuelos tripulados, con ventanas de observación limitadas.
Plymouth como puerto base y contratos que ya no son promesas
Hoy, Oshen opera desde Plymouth, uno de los principales polos de tecnología marina de Europa. Desde allí, trabaja con el gobierno del Reino Unido y otros organismos en proyectos que mezclan meteorología avanzada, vigilancia marítima y modelado oceánico.
La empresa planea abrirse a inversión para escalar la producción de sus flotas. La demanda ya no viene solo de científicos, sino también de quienes necesitan anticiparse a riesgos: puertos, aseguradoras, operadores energéticos y agencias de gestión de emergencias.
Porque en un mundo con océanos más cálidos y tormentas más intensas, el dato deja de ser académico. Se vuelve infraestructura crítica.
Potencial
La tecnología de Oshen apunta a un cambio de escala en la relación con el océano. No se trata solo de entenderlo mejor, sino de integrarlo en los sistemas de decisión diaria.
En un escenario realista, estas flotas podrían ayudar a planificar la ubicación de parques eólicos marinos con mayor precisión, reducir riesgos en cables submarinos o anticipar marejadas que afecten a ciudades costeras. Incluso apoyar la pesca sostenible, identificando cambios en corrientes y temperaturas que influyen en los desplazamientos de especies.
No es una solución mágica. Pero sí una pieza clave en algo más grande: una red planetaria de observación oceánica, distribuida, resiliente y accesible.
Porque al final, cuidar el clima empieza por escuchar al océano. Y por primera vez, hay pequeños robots que lo hacen sin miedo a la tormenta.
Más información: Oshen



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