
Planta submarina de Flocean abastecerá a 37.500 personas al día con 95% menos uso de tierra y sin verter salmuera tóxica.
- Agua dulce desde el fondo del mar.
- Presión oceánica como aliada.
- Menos energía, menos emisiones.
- Desalinización sin ocupar la costa.
- Infraestructura modular y escalable.
- Respuesta real a la escasez hídrica.
La primera planta desalinizadora submarina del mundo utiliza la presión del océano para reducir a la mitad el consumo energético
La desalinización siempre ha sido una solución con trampa. Funciona, sí. Pero consume mucha energía, ocupa suelo costero valioso y genera impactos ambientales difíciles de ignorar. El enfoque que propone Flocean cambia esa lógica desde la raíz: bajar la planta al fondo del mar y dejar que la física haga parte del trabajo.
En 2026, la startup noruega pondrá en marcha el primer demostrador y planta comercial de desalinización submarina en Mongstad, un enclave industrial donde ya lleva un año validando la tecnología en condiciones reales. No es un prototipo de laboratorio. Es una instalación pensada para operar, producir y escalar.
Mover la infraestructura al lecho marino permite atacar varios problemas a la vez: el coste energético, la complejidad de los permisos costeros y el impacto sobre ecosistemas sensibles. Todo, de una sola jugada.
La tecnología de Flocean opera a profundidades de 300 a 600 metros para convertir el agua de mar en potable. Esta ubicación aporta una ventaja de ingeniería fundamental.
A esas profundidades, la presión hidrostática es enorme. Y ahí está la clave. En lugar de gastar electricidad para generar presión artificial, el sistema aprovecha la presión natural del océano para impulsar el proceso de ósmosis inversa. El resultado: reducciones del consumo energético y de las emisiones asociadas de entre un 30 y un 50 % frente a plantas terrestres convencionales.
Hay otro detalle nada menor. A más de 200 metros, prácticamente no hay luz solar. Sin fotosíntesis, la concentración de bacterias y materia orgánica cae en picado. El agua que entra al sistema está más limpia desde el inicio, lo que simplifica el pretratamiento, reduce productos químicos y alarga la vida útil de las membranas.
Inicialmente, Flocean One producirá 1.000 metros cúbicos de agua dulce al día. Su arquitectura modular permite una rápida ampliación de capacidad —hasta 50.000 metros cúbicos diarios— para abastecer a ciudades, fábricas y explotaciones agrícolas.
La primera unidad, Flocean One, producirá 1.000 metros cúbicos diarios de agua dulce. Pero el diseño es modular. Se pueden añadir más pods submarinos según crezca la demanda, hasta alcanzar 50.000 metros cúbicos al día. No hace falta levantar una megaplanta de golpe. Se empieza pequeño y se crece con sentido.
Ese enfoque encaja bien con contextos muy distintos: desde islas con estrés hídrico crónico hasta polos industriales donde el agua empieza a ser el verdadero cuello de botella.

Abordar la crisis mundial del agua
La crisis del agua ya no es un problema del futuro. Según datos de United Nations, la mitad de la población mundial sufre episodios de escasez severa y, si nada cambia, la demanda global superará la oferta en torno a un 40 % en 2030. Sequías más largas, crecimiento urbano, agricultura intensiva, industrias cada vez más sedientas. Todo suma.
La desalinización es parte de la respuesta, pero su despliegue masivo se ha visto frenado por costes, conflictos sociales y huella ambiental. De ahí el interés de trasladar el proceso mar adentro, lejos de la costa y de la vista, pero no del control.
“En lugar de plantas costeras ruidosas, intensivas en energía y contaminantes, la desalinización se transforma en módulos silenciosos que descansan en el lecho marino,” explicaba Alexander Fuglesang, CEO de la compañía, en declaraciones recogidas por TIME, que incluyó esta tecnología entre sus Mejores Invenciones de 2025. Un reconocimiento poco habitual para una solución de gestión del agua.
Podría abastecer de agua a 37.500 personas al día
Los beneficios no se quedan en la eficiencia energética. Cada módulo podría abastecer de agua potable a unas 37.500 personas al día. Además, el sistema promete costes de capital entre siete y ocho veces inferiores por unidad de capacidad instalada. Menos acero en tierra, menos hormigón, menos obra civil. Y eso se nota.
La ocupación de suelo costero se reduce en un 95 %, algo clave en regiones donde cada metro cuadrado genera conflictos urbanísticos, turísticos o ecológicos. También se elimina la descarga de salmuera concentrada cerca de la costa: el vertido se realiza en profundidad, sin productos químicos y con una dispersión mucho mayor, reduciendo el riesgo para hábitats sensibles.
No es un simple ajuste tecnológico. Es una reconfiguración completa de la economía del agua, que puede hacer viable la desalinización en lugares donde antes no cuadraban las cuentas.
El interés industrial ya está ahí. Sectores como centros de datos, fabricación de semiconductores o minería dependen de un suministro hídrico estable y cada vez más sostenible. En noviembre, la empresa cerró una inversión estratégica con Xylem Inc., uno de los grandes actores globales en soluciones de agua, para acelerar el despliegue internacional.
A nivel local, el municipio noruego de Alver estudia integrar este suministro en su red existente. Y a mayor escala, Flocean ya trabaja en proyectos en el Mediterráneo, el mar Rojo y el océano Índico, bajo un modelo Build-Own-Operate: la empresa construye, opera y vende agua como servicio mediante contratos a largo plazo. Menos riesgo para el cliente. Más previsibilidad.
Potencial
Esta tecnología abre una puerta interesante para desacoplar el acceso al agua del consumo intensivo de energía fósil. Integrada con parques eólicos marinos o solar flotante, podría convertirse en una pieza clave de sistemas hídricos bajos en carbono.
También permite pensar en infraestructuras más distribuidas, adaptadas a la demanda real y no sobredimensionadas desde el inicio. Eso reduce costes, residuos y errores de planificación. Para regiones áridas, islas o zonas industriales aisladas, la desalinización submarina puede marcar la diferencia entre depender de camiones cisterna o contar con una fuente estable y predecible.
No resolverá sola la crisis del agua. Pero bien aplicada, con criterios ambientales claros y gobernanza pública sólida, puede cambiar las reglas del juego. Y eso, hoy, ya es mucho.
Vía Flocean Subsea Desalination Plant: The Best Inventions of 2025 | TIME
Más información: Subsea Desalination | Flocean



Jaime dice
No entiendo está noticia. La parte que dice que aprovechando la presión a esas profundidades mejora la eficiencia es absurda.
La presión para sacar el agua desalinizada a la superficie es la misma que la existente antes de la membrana. Con lo que la energía necesaria para que el agua atraviese la membrana es la misma que en la superficie.
La única forma en la que se pudiera aprovechar la presión en profundidad para la desalinización, es que el consumo del agua desalinizada se produjera a la misma profundidad, lo cual también es absurdo.
David dice
Jaime el detalle es que la presurización del agua para realizar la ósmosis inversa ya no depende de bombas se usa la presión de la columna de agua que existe a esa profundidad, eso disminuye el gasto energético. Ah, que hay que bombear a la superficie no hay problema, eso consume menos energía que la presurización de las membranas para efectuar la ósmosis, y sin considerar que el equipo en la superficie debe ser más voluminoso para efectuar el mismo trabajo en cambio a 300 metros de profundidad lo que se requiere es prácticamente que las membranas este en contacto con el agua circundante, por decirlo de alguna manera, y como el agua a esa profundidad posee menos bacterias, entonces el sistema de filtrado es también más sencillo. Espero lo hayas entendido.
Javier Garcia dice
Hola, solo por aclarar conceptos. Bombear el agua a la superficie consumirá los mismos kwh/m3 que para presurizarla, pero en la ósmosis inversa sólo entorno al 50% acaba como agua producto. El ahorro vendrá de que se debe bombear la mitad de caudal a la superficie. En todo caso la.idea no es nada novedosa, en el libro «El agua prometida» ya lo explicaba Alberto Vázquez Figueroa., creo que tenía incluso una patente del proceso. La idea no es descabellada pero tampoco fácil de implementar. Habrá que seguir pendientes a ver como lo han resuelto.