
Veronika, una vaca suiza parda de Austria, fue observada usando palos y luego una escoba para rascarse distintas partes del cuerpo. Este comportamiento constituye uso de herramientas, algo extremadamente raro en el ganado.
- Vaca usando herramientas, sin adiestramiento humano.
- Elección consciente de extremos, función distinta.
- Movimientos adaptados al cuerpo, control y anticipación.
- Entorno rico y longevidad, clave para la innovación animal.
- Replanteamiento del bienestar ganadero, nuevas miradas.
Una vaca austriaca muestra el primer caso documentado de uso flexible y multipropósito de herramientas en ganado
Durante décadas, la idea de que las vacas carecen de la capacidad mental necesaria para usar herramientas ha sido casi un reflejo cultural. Incluso la cultura popular lo reforzó con humor, como en la famosa viñeta Cow Tools de Gary Larson, donde una vaca aparece rodeada de “herramientas” absurdas, sin lógica ni propósito. Esa broma, sin quererlo, consolidó una creencia: el ganado no innova, solo reacciona.
Hoy esa suposición empieza a resquebrajarse. Un estudio publicado el 19 de enero en la revista Current Biology describe por primera vez un caso documentado de uso flexible y multipropósito de herramientas en una vaca doméstica. La protagonista se llama Veronika, una vaca Brown Swiss que vive en Austria y que, sin entrenamiento ni recompensas, ha desarrollado una forma sorprendentemente precisa de manipular objetos para rascar distintas partes de su cuerpo.

“La investigación muestra que muchas de nuestras ideas sobre la inteligencia del ganado no reflejan límites reales, sino una falta de observación”, señala Alice Auersperg, bióloga cognitiva de la Universidad de Medicina Veterinaria de Viena.
Veronika no forma parte de un sistema de producción intensiva. Vive con Witgar Wiegele, agricultor ecológico y panadero, que la considera un animal de compañía más que un recurso. Fue él quien, hace más de diez años, se dio cuenta de que la vaca recogía palos del suelo para rascarse. No era un gesto ocasional, sino un comportamiento repetido, con intención clara.
Cuando los vídeos llegaron a manos de Auersperg y de su colega Antonio Osuna-Mascaró, investigador posdoctoral en la misma universidad, la reacción fue inmediata. Aquello no parecía un simple juego. Era manipulación dirigida a un objetivo, con decisiones visibles en cada movimiento.
El equipo viajó hasta la granja para diseñar pruebas controladas. Colocaron un cepillo de cubierta en el suelo, en posiciones aleatorias, y observaron qué extremo elegía Veronika y en qué parte del cuerpo lo aplicaba. Con el paso de las sesiones, los patrones se repitieron. No había azar.

La vaca prefería el extremo con cerdas para zonas amplias y firmes, como la espalda. Para áreas más sensibles, como la parte baja del cuerpo, cambiaba al extremo liso del palo. Además, ajustaba la intensidad: movimientos amplios y enérgicos arriba, gestos lentos y cuidadosos abajo. Misma herramienta, funciones distintas, técnicas adaptadas.
“Esto va más allá de rascarse con un objeto”, explica Osuna-Mascaró. “Estamos viendo una forma de uso flexible de herramientas, donde el animal anticipa el resultado de su acción y modifica su agarre y su movimiento en función de lo que quiere lograr.”
En términos científicos, la manipulación de un objeto externo para alcanzar un objetivo mecánico cumple la definición clásica de herramienta. Pero lo que hace Veronika entra en una categoría aún más rara: el uso multipropósito, donde distintas partes del mismo objeto sirven para resultados funcionales diferentes. Hasta ahora, este tipo de comportamiento se había documentado con claridad casi exclusivamente en humanos y chimpancés.
Hay un matiz interesante. Veronika utiliza la herramienta sobre su propio cuerpo, lo que se considera una forma “egocéntrica” de uso, menos compleja que emplearla sobre otros objetos del entorno. Aun así, sus limitaciones físicas son evidentes: solo puede manipular con la boca. Lo llamativo es cómo compensa esa desventaja, ajustando la posición del palo y la fuerza del movimiento como si “previera” lo que va a pasar después. Esa anticipación, aunque suene grande, es justo lo que ha sorprendido a los investigadores.

El contexto en el que vive la vaca parece clave. Veronika ha tenido una vida larga, acceso a espacios abiertos y variados, contacto diario con personas y objetos que puede explorar. En sistemas ganaderos convencionales, muchas vacas no alcanzan esa edad ni ese nivel de estimulación ambiental. El estudio sugiere que la oportunidad de experimentar y un entorno complejo pueden ser tan importantes como la capacidad cognitiva en sí.
Los autores lo resumen con cierta ironía: la verdadera rareza no es una vaca que use herramientas, sino la costumbre humana de asumir que eso es imposible.
Ahora el equipo quiere ir más allá. Les interesa identificar qué condiciones sociales y ambientales permiten que este tipo de comportamientos emerjan en especies ganaderas. También sospechan que hay más casos ahí fuera, invisibles, simplemente porque nadie los ha estado mirando con atención.
Vía EurekAlert!
Más información: Flexible use of a multi-purpose tool by a cow: Current Biology



Anónimo dice
Hay gran variedad de pajaron que tambien utilizan herramientas.