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Canadá construye en solo seis semanas la mayor megafábrica del mundo para dar una segunda vida a las baterías de coches eléctricos

29 junio, 2026 Deja un comentario

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Canadá abre la mayor planta de reutilización de baterías de vehículos eléctricos para convertirlas en sistemas de almacenamiento energético.

🔋 Megafactoría de baterías reutilizadas en Canadá.
⚡ Almacenamiento energético a partir de baterías de vehículos eléctricos.
🏭 Construcción completada en apenas seis semanas.
🌍 Menos residuos y mayor economía circular.
📈 Capacidad prevista de 1 GWh antes de 2030.
💼 Más de 100 empleos especializados.
🚗 Nueva vida para baterías retiradas del transporte.

Canadá inaugura la mayor megafábrica del mundo para dar una segunda vida a las baterías de coches eléctricos en solo seis semanas

Las baterías de los coches eléctricos suelen protagonizar el debate cuando llega el momento de su reciclaje. Sin embargo, existe una etapa intermedia que cada vez cobra más importancia: darles una segunda vida antes de recuperar sus materiales. Esa estrategia permite aprovechar durante muchos años unas baterías que todavía conservan buena parte de su capacidad de almacenamiento, aunque ya no resulten adecuadas para impulsar un automóvil.

En este contexto, la empresa canadiense Moment Energy ha dado un paso de enorme relevancia al poner en marcha en Vancouver una instalación destinada exclusivamente a reacondicionar baterías retiradas de vehículos eléctricos. El proyecto destaca tanto por sus dimensiones como por la velocidad con la que ha sido desarrollado: apenas seis semanas desde el anuncio hasta su puesta en funcionamiento.

Una infraestructura pensada para responder al crecimiento de la demanda eléctrica

El aumento del consumo eléctrico está obligando a replantear la forma en la que se almacena la energía. La expansión de las energías renovables, el crecimiento de los centros de datos, la electrificación de la industria y el incremento del parque de vehículos eléctricos están elevando la necesidad de disponer de sistemas capaces de almacenar electricidad durante horas o incluso días.

En ese escenario, reutilizar baterías procedentes del transporte aparece como una alternativa especialmente interesante. Aunque un vehículo eléctrico suele sustituir su batería cuando esta desciende aproximadamente al 70-80 % de su capacidad original, ese nivel continúa siendo perfectamente válido para aplicaciones estacionarias, donde el peso y el tamaño dejan de ser un factor determinante.

En lugar de fabricar nuevos sistemas desde cero, Moment Energy recupera módulos ya existentes, los inspecciona individualmente, verifica su estado y los integra en nuevos sistemas de almacenamiento energético destinados a edificios, industrias, hospitales o pequeñas redes eléctricas aisladas.

Mucho más que reciclar: aprovechar al máximo los recursos ya existentes

La diferencia entre reutilizar y reciclar resulta fundamental. El reciclaje implica desmontar completamente la batería para recuperar materiales como litio, níquel, cobalto, cobre o grafito, un proceso que requiere energía, instalaciones especializadas y tratamientos industriales complejos.

La reutilización retrasa ese paso durante varios años. Es decir, la batería continúa prestando servicio antes de convertirse finalmente en materia prima para fabricar nuevas celdas.

Este modelo encaja plenamente con los principios de la economía circular, cuyo objetivo consiste en prolongar la vida útil de los productos el mayor tiempo posible, reduciendo tanto la extracción de materias primas como la generación de residuos.

Imagen generada por IA

Además, permite amortizar mejor el elevado impacto ambiental asociado a la fabricación inicial de una batería, que concentra una parte importante de las emisiones generadas durante todo su ciclo de vida.

La mayor instalación del mundo dedicada exclusivamente a baterías de segunda vida

La nueva planta de Vancouver aspira a convertirse en la mayor instalación mundial especializada en reacondicionamiento de baterías de vehículos eléctricos. Según las previsiones de la compañía, alcanzará una capacidad anual de 1 GWh antes de 2030, suficiente para desplegar numerosos sistemas estacionarios de almacenamiento energético en Norteamérica.

Uno de los aspectos más llamativos es que la fábrica controla prácticamente todas las fases del proceso. Las baterías llegan desde fabricantes o empresas colaboradoras, son sometidas a rigurosas pruebas eléctricas y de seguridad, se clasifican según su estado y posteriormente se integran en nuevos sistemas modulares listos para su instalación.

Este enfoque integral permite mantener un control muy preciso sobre la trazabilidad de cada batería y garantizar que únicamente se reutilicen aquellas que cumplen los requisitos técnicos y de seguridad necesarios.

La empresa también destaca por trabajar bajo la certificación UL 1974, una referencia internacional para evaluar la reutilización segura de baterías destinadas a aplicaciones de segunda vida. Esta certificación aporta confianza tanto a clientes industriales como a compañías eléctricas interesadas en incorporar este tipo de soluciones a gran escala.

Un recurso energético que apenas acaba de empezar a aprovecharse

Durante la próxima década, millones de vehículos eléctricos alcanzarán el momento de sustituir sus baterías. Esto supondrá la aparición de una enorme reserva de almacenamiento energético ya fabricada, con un enorme potencial para seguir funcionando durante años.

Cada batería reutilizada representa una oportunidad para reducir costes, disminuir la presión sobre la minería de minerales críticos y acelerar el despliegue de sistemas de almacenamiento sin depender exclusivamente de nuevas líneas de producción.

No es casualidad que numerosos analistas consideren las baterías de segunda vida como uno de los recursos energéticos más prometedores de los próximos años. La infraestructura ya existe. Lo que faltaba era la capacidad industrial para aprovecharla de forma eficiente y a gran escala. La planta de Vancouver pretende precisamente cubrir ese vacío y demostrar que esta tecnología puede dejar de ser un proyecto piloto para convertirse en una solución comercial consolidada.

Cuando una batería deja de mover un coche, todavía puede alimentar una ciudad

Una de las ideas equivocadas más extendidas consiste en pensar que una batería retirada de un coche eléctrico está «agotada». En realidad, cuando pierde parte de su capacidad para ofrecer la autonomía que exige un automóvil, todavía conserva suficiente energía para desempeñar funciones mucho menos exigentes.

En un sistema estacionario no existen aceleraciones bruscas, pendientes pronunciadas ni variaciones constantes de potencia. Lo importante es almacenar electricidad cuando sobra y devolverla a la red cuando hace falta. Para esa tarea, muchas baterías mantienen un rendimiento muy elevado durante años.

Este cambio de uso permite retrasar considerablemente el reciclaje final y extraer mucho más valor de unos materiales cuya fabricación ha requerido una gran cantidad de recursos, energía y minerales estratégicos.

El almacenamiento energético, la pieza que faltaba para las renovables

La expansión de la energía solar y la eólica ha puesto de manifiesto un desafío evidente: la electricidad no siempre se produce cuando se necesita. Un parque solar genera más energía durante las horas centrales del día y un parque eólico depende completamente del viento.

Los sistemas de almacenamiento permiten absorber esos excedentes y utilizarlos más tarde, estabilizando la red eléctrica y reduciendo la necesidad de recurrir a centrales de respaldo alimentadas por combustibles fósiles.

En los últimos años, numerosos países han comenzado a considerar el almacenamiento como una infraestructura estratégica, al mismo nivel que las redes eléctricas o las propias centrales de generación. La Agencia Internacional de la Energía (AIE) estima que la capacidad mundial de almacenamiento mediante baterías tendrá que multiplicarse varias veces antes de 2030 para acompañar el crecimiento de las energías renovables.

En ese escenario, las baterías de segunda vida pueden desempeñar un papel especialmente relevante porque permiten desplegar nuevos sistemas con mayor rapidez y, en muchos casos, a un coste inferior al de fabricar baterías completamente nuevas.

Centros de datos, hospitales y fábricas: los nuevos destinos de estas baterías

Moment Energy no orienta sus sistemas únicamente al almacenamiento doméstico. Su objetivo principal son instalaciones que necesitan un suministro eléctrico extremadamente fiable.

Los centros de datos, impulsados por el crecimiento de la inteligencia artificial y los servicios en la nube, consumen cantidades cada vez mayores de electricidad. Una interrupción de apenas unos segundos puede provocar pérdidas económicas muy importantes.

Los hospitales, las plantas industriales y las infraestructuras críticas también requieren sistemas capaces de mantener el suministro durante cortes de red o de gestionar picos de demanda sin comprometer su funcionamiento.

Las baterías reacondicionadas pueden asumir parte de estas funciones, aportando flexibilidad al sistema eléctrico y reduciendo la necesidad de instalar grupos electrógenos convencionales que funcionan con diésel.

Un ejemplo real: una isla que ha reducido drásticamente el consumo de diésel

La utilidad de esta tecnología ya puede observarse fuera de los laboratorios. Uno de los proyectos más representativos desarrollados por Moment Energy se encuentra en God’s Pocket Resort, un complejo turístico aislado situado frente a la costa de la Columbia Británica.

Durante años, el suministro eléctrico dependía de grandes generadores diésel y de bancos de baterías de plomo-ácido. Además del elevado coste del combustible, el ruido constante de los motores alteraba el entorno natural que atraía a los visitantes.

La instalación del sistema Flora Battery Energy Storage System (BESS) cambió completamente esa situación. Tras varios años de funcionamiento y más de 1.000 ciclos de carga, el complejo incorporó además una instalación fotovoltaica que alimenta directamente el sistema de baterías.

Gracias a esta combinación, el consumo de diésel se redujo aproximadamente un 66 %, disminuyendo tanto las emisiones como el transporte de combustible hasta la isla y mejorando notablemente el confort acústico para trabajadores y turistas.

Este caso demuestra que la reutilización de baterías no es únicamente una propuesta industrial. Ya está resolviendo problemas energéticos reales en lugares donde producir electricidad resulta especialmente complicado.

Una industria que empieza a ganar velocidad

El interés por las baterías de segunda vida está creciendo en paralelo al aumento del parque mundial de vehículos eléctricos. Cada año se incorporan millones de nuevas baterías a la circulación y, con el paso del tiempo, una parte creciente llegará al final de su vida útil para la movilidad.

Lejos de convertirse inmediatamente en residuos, muchas de ellas podrán integrarse en una nueva cadena de valor dedicada al almacenamiento energético.

Fabricantes de automóviles, empresas eléctricas y compañías especializadas están desarrollando programas para recuperar estos acumuladores y destinarlos a nuevas aplicaciones. Algunos fabricantes ya colaboran directamente con empresas de almacenamiento para asegurar que sus baterías continúen siendo útiles antes de reciclarse definitivamente.

Este enfoque también responde a las nuevas estrategias internacionales para reforzar la autonomía en materias primas críticas. Cuanto mayor sea el tiempo durante el que una batería permanece en servicio, menor será la presión sobre la extracción de litio, níquel, cobalto y otros minerales cuya demanda continúa creciendo a gran velocidad.

Además, mantener estas baterías dentro de cadenas de suministro nacionales reduce la dependencia de importaciones y fortalece el tejido industrial local. Es un cambio de enfoque importante. Ya no se trata únicamente de fabricar más baterías, también de aprovechar mucho mejor las que ya existen.

Vía Moment Energy

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Publicado en: Almacenamiento de energía, Reutilizar

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