
Circularity Fuels transforma biogás de granjas lecheras en combustible sostenible para aviones con costes de inversión un 80% inferiores.
- ✈️ Biogás de estiércol convertido directamente en combustible de aviación sostenible (SAF).
- 🐄 Metano de explotaciones lecheras aprovechado como materia prima.
- 🌍 Reducción de emisiones y aprovechamiento de un residuo agrícola.
- 💰 Costes de producción mucho más bajos que otras plantas de SAF.
- 🚜 Nueva fuente de ingresos para las explotaciones ganaderas.
- ⚡ Tecnología modular, instalada junto a las granjas.
- 🏭 Primer despliegue comercial previsto para 2027.
De residuo ganadero a combustible para aviones: convierten biogás de estiércol en combustible sostenible para la aviación por primera vez
Un residuo agrícola que podría ayudar a descarbonizar la aviación
La aviación comercial continúa siendo uno de los sectores más difíciles de descarbonizar. Aunque la electrificación avanza con rapidez en el transporte por carretera, los aviones de media y larga distancia seguirán dependiendo durante años de combustibles líquidos con alta densidad energética. En ese escenario, el combustible sostenible para la aviación (SAF) se ha convertido en una de las herramientas más prometedoras para reducir las emisiones sin necesidad de rediseñar completamente la flota aérea mundial.
El gran problema es que la producción actual sigue siendo muy limitada. A día de hoy representa menos del 1 % del combustible utilizado por la aviación, una cifra insuficiente para cumplir los objetivos climáticos que numerosos países y aerolíneas han asumido para las próximas décadas.

Ahora, una empresa estadounidense asegura haber dado un paso que podría cambiar esa situación. Circularity Fuels ha completado la primera conversión integral de biogás agrícola sin depurar en combustible sostenible para aviones, utilizando como materia prima el metano procedente del estiércol de vacas lecheras.
Del estiércol al queroseno sostenible
La demostración tecnológica se llevó a cabo durante seis meses en una granja lechera de California con más de 5.000 cabezas de ganado. El sistema utilizó directamente el biogás generado en un digestor anaerobio, evitando los complejos procesos de purificación que normalmente encarecen este tipo de instalaciones.
Ese detalle resulta especialmente interesante. El biogás procedente del estiércol contiene aproximadamente un 65 % de metano y un 35 % de dióxido de carbono, una composición que tradicionalmente dificultaba su aprovechamiento para fabricar combustibles de alta calidad.
La tecnología desarrollada por la empresa consigue transformar ambos gases en un combustible compatible con la aviación comercial actual, cumpliendo la especificación ASTM D7566, uno de los estándares internacionales que regulan los combustibles sostenibles para aeronaves.

En la práctica, el producto obtenido puede mezclarse hasta en un 50 % con queroseno convencional (Jet-A) sin necesidad de modificar motores, infraestructuras aeroportuarias ni procedimientos de repostaje. Esa compatibilidad inmediata representa una de las grandes ventajas del SAF frente a otras alternativas que todavía requieren cambios tecnológicos mucho más profundos.
Un sistema compacto pensado para instalarse junto a las granjas
Uno de los aspectos más novedosos del proyecto es su enfoque completamente descentralizado.
En lugar de transportar el biogás hasta grandes plantas industriales, la empresa plantea instalar reactores modulares directamente donde se genera el residuo, es decir, junto a explotaciones ganaderas o instalaciones agrícolas.
El sistema combina dos reactores electrificados capaces de realizar todo el proceso de conversión en un espacio relativamente reducido. Según la compañía, durante las pruebas se logró transformar más del 98 % del metano y más del 90 % del dióxido de carbono presentes en el biogás.
Eso permite aprovechar prácticamente todo el contenido energético del residuo, reduciendo al mínimo las pérdidas y simplificando notablemente la infraestructura necesaria.
Esta filosofía modular también facilita que pequeñas y medianas explotaciones puedan plantearse producir combustible sin depender de grandes redes de gas o de costosas instalaciones centralizadas. Es una idea sencilla, aunque con implicaciones enormes para el mundo rural.

Mucho más barato que otras plantas de SAF
El coste sigue siendo el gran obstáculo para que el combustible sostenible se produzca a gran escala.
Muchas de las plantas que actualmente se están construyendo en Europa requieren inversiones muy elevadas y tecnologías complejas que aumentan el precio final del combustible. Circularity Fuels sostiene que su sistema comercial podría instalarse con una inversión aproximada equivalente a una quinta parte del coste de algunas plantas europeas actualmente en desarrollo.
Si esas previsiones se confirman cuando la tecnología llegue al mercado, el SAF obtenido a partir de biogás podría competir económicamente con el combustible fósil, algo que hasta hace poco parecía difícil de alcanzar.
Otro elemento importante es la materia prima. Mientras otras rutas de producción dependen de aceites de cocina usados, cuya disponibilidad es limitada y en muchos casos procede de importaciones, el estiércol generado por la ganadería constituye un recurso abundante y disponible durante todo el año en numerosos países.
Aprovechar un gas que hoy se pierde
En muchas explotaciones ganaderas, el metano producido durante la descomposición del estiércol continúa escapando a la atmósfera o se quema mediante antorchas para evitar riesgos ambientales.
Desde el punto de vista climático, esa situación supone un importante desperdicio. El metano posee un potencial de calentamiento global muy superior al del dióxido de carbono durante sus primeras décadas en la atmósfera. Capturarlo y transformarlo en combustible evita que ese gas llegue directamente al aire y permite recuperar parte de su energía.
En otras palabras, un residuo que tradicionalmente representaba un problema ambiental pasa a convertirse en un recurso energético con valor económico. Ese cambio de enfoque encaja plenamente con los principios de la economía circular, donde los residuos dejan de verse como un coste para convertirse en nuevas materias primas.
Una oportunidad para las explotaciones ganaderas
La producción de leche afronta desde hace años una presión creciente por el aumento de los costes energéticos, la volatilidad de los mercados y las exigencias ambientales.
Disponer de una tecnología capaz de generar un combustible de alto valor añadido directamente a partir del estiércol podría abrir una nueva vía de diversificación económica para muchas explotaciones.
En lugar de limitarse a gestionar un residuo, las granjas podrían participar en una cadena de suministro energética vinculada a la aviación, un sector que necesitará enormes cantidades de SAF durante las próximas décadas para cumplir los objetivos de reducción de emisiones.
Además, la instalación de equipos de transformación junto a las propias explotaciones reduciría el transporte del biogás y favorecería una producción distribuida, más adaptada a la realidad del medio rural.
La regulación está acelerando la demanda de combustibles sostenibles
El desarrollo de tecnologías como esta no responde únicamente a una cuestión ambiental. También está impulsado por una normativa cada vez más exigente.
En la Unión Europea, el reglamento ReFuelEU Aviation establece una incorporación progresiva de combustibles sostenibles para la aviación en los aeropuertos europeos durante las próximas décadas. El objetivo es reducir la dependencia del queroseno de origen fósil y favorecer la producción de alternativas con una menor huella climática.
Al otro lado del Atlántico, Estados Unidos mantiene distintos programas de incentivos para los biocombustibles, entre ellos el Renewable Fuel Standard (RFS) y los créditos del programa Low Carbon Fuel Standard (LCFS) de California. Estos mecanismos recompensan los combustibles con menores emisiones durante todo su ciclo de vida, facilitando que nuevas tecnologías puedan competir en el mercado mientras aumentan su escala de producción.
En este contexto, aprovechar residuos agrícolas para fabricar SAF encaja con una tendencia internacional que busca producir energía con materias primas locales, reduciendo además la dependencia de recursos importados.
El reto ya no es solo fabricar SAF, también producirlo a gran escala
Durante los últimos años han surgido numerosas propuestas para fabricar combustible sostenible a partir de residuos forestales, biomasa, hidrógeno verde o dióxido de carbono capturado de la atmósfera. Cada una ofrece ventajas, aunque también presenta limitaciones económicas o técnicas.
Los llamados e-fuels, por ejemplo, prometen combustibles prácticamente neutros en carbono utilizando electricidad renovable, agua y CO₂. El inconveniente es que requieren enormes cantidades de energía eléctrica limpia y una infraestructura todavía muy costosa.
La producción basada en aceites vegetales usados ha permitido que el mercado del SAF despegue, aunque su capacidad de crecimiento es limitada porque depende de un residuo cuya disponibilidad no aumenta al mismo ritmo que la demanda del transporte aéreo.
El biogás agrícola ofrece un enfoque diferente. Se genera de forma continua en miles de explotaciones ganaderas repartidas por todo el mundo y, en muchos casos, apenas se aprovecha. Convertir ese gas en combustible cerca del lugar donde se produce reduce parte de los costes logísticos y evita pérdidas de energía durante el transporte.
Eso no significa que una única tecnología vaya a resolver el problema. Lo más probable es que el futuro del SAF combine distintas materias primas según los recursos disponibles en cada región.
Del campo a los aeropuertos
Uno de los aspectos más interesantes del proyecto es la conexión entre dos sectores que rara vez aparecen relacionados: la ganadería y la aviación.
Durante décadas, el estiércol ha sido visto principalmente como un residuo que debía gestionarse correctamente para evitar impactos ambientales. Ahora comienza a valorarse también como una fuente de carbono renovable capaz de sustituir parcialmente al petróleo en aplicaciones donde todavía no existen alternativas sencillas.
Esta transformación también cambia la percepción sobre el biogás. Tradicionalmente se utilizaba para generar electricidad, producir calor o inyectarse en redes de gas tras un proceso de depuración. La posibilidad de convertirlo directamente en combustible líquido para aviones amplía de forma considerable sus aplicaciones y aumenta su valor económico.
Si los primeros proyectos comerciales alcanzan los resultados esperados, podrían aparecer instalaciones similares en regiones con una elevada concentración de explotaciones ganaderas de Estados Unidos, Europa o Latinoamérica.
Vía Circularity Fuels Converts Raw Dairy Biogas to Jet Fuel in World First End-to-End Pilot
Más información: Circularity Fuels



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