
Científicos desarrollan método que concentra litio 1.500 veces a partir de escoria minera sin usar agua líquida.
- Demanda creciente de litio → electrificación global.
- Minería tradicional → alto consumo de agua y energía.
- Residuos mineros aún ricos en litio.
- Sales higroscópicas → absorción de humedad ambiental.
- Extracción selectiva sin químicos agresivos.
- Recuperación hasta 97% → alta pureza.
- Reducción drástica de agua → clave en zonas áridas.
- Potencial industrial → módulos escalables.
Sales higroscópicas extraen litio de residuos mineros usando solo humedad del aire
El litio se ha convertido en uno de los pilares invisibles de la transición energética. Está en todo: baterías de vehículos eléctricos, almacenamiento renovable, electrónica cotidiana. Y la presión sobre su extracción va en aumento. Se estima que la demanda podría casi triplicarse antes de 2030, lo que plantea un problema claro: cómo obtener más litio sin agravar el impacto ambiental.
La minería convencional no lo pone fácil. Procesos largos, uso intensivo de agua —hasta 60.000 litros por tonelada— y una dependencia fuerte de condiciones climáticas. Además, deja atrás algo incómodo: residuos que aún contienen litio aprovechable.
Aquí es donde entra una propuesta que cambia el enfoque. No busca más litio en nuevos yacimientos. Mira lo que ya está ahí… y lo recupera.

Extracción impulsada por la humedad del aire
El avance se basa en una propiedad poco conocida pero muy potente: la higroscopicidad. Algunas sales, como el cloruro de litio hidratado, tienen la capacidad de absorber humedad del aire hasta disolverse por sí solas.
Ese comportamiento, que podría parecer anecdótico, se convierte aquí en una herramienta de separación. Cuando este tipo de sal se encuentra en una mezcla con otros minerales —sodio, calcio, magnesio— ocurre algo interesante:
solo el litio capta humedad con rapidez y forma una solución líquida, mientras el resto permanece sólido.
El resultado es una separación natural, sin reactivos agresivos ni procesos complejos.
En condiciones controladas de humedad relativa (entre el 12% y el 30%), el sistema consigue concentrar el litio en una fase líquida muy rica. En algunos ensayos se ha alcanzado una pureza hasta 1.500 veces superior, con concentraciones cercanas a 97.000 partes por millón.
No es magia. Es física y química trabajando con el entorno, no contra él.

El problema de las sales competidoras
Uno de los grandes retos en la extracción de litio es su similitud química con otros elementos. El sodio o el magnesio se comportan de forma muy parecida, lo que complica la separación.
Por eso, incluso con tecnologías avanzadas como la extracción directa de litio (DLE), una parte significativa queda atrapada en los residuos. En algunos casos, hasta un 1% del litio sigue presente en escorias mineras.
Puede parecer poco. No lo es. A escala global, representa una cantidad enorme de material desaprovechado.
Este nuevo enfoque cambia las reglas del juego: en lugar de luchar contra esas similitudes químicas, aprovecha una diferencia clave en la interacción con la humedad.
Y eso simplifica mucho el proceso.
Una extracción más rápida y eficiente
En pruebas con residuos reales de minería, el sistema ha logrado recuperar alrededor del 83,5% del litio en apenas una hora. Un salto notable frente a métodos tradicionales que pueden tardar meses.
Además, el proceso no requiere grandes infraestructuras hidráulicas ni piscinas de evaporación. Funciona en módulos, lo que permite pensar en una implantación descentralizada y adaptable.
Los investigadores estiman que cada metro de altura de estos módulos podría procesar entre 3,65 y 8,01 kilogramos de residuos al día. No es solo eficiencia, es también flexibilidad.
Y eso abre una puerta interesante: recuperar litio directamente en el lugar donde ya existen residuos, evitando transporte adicional y nuevas explotaciones.
Qué impacto puede tener en el medio ambiente
El cambio más evidente está en el agua. Reducir o eliminar el uso de grandes volúmenes de agua en la extracción de litio puede marcar la diferencia en regiones donde este recurso ya es escaso, como el altiplano andino.
También hay un efecto menos visible pero igual de importante: la revalorización de residuos mineros. Lo que antes se consideraba desecho pasa a ser una fuente secundaria de materia prima. Menos presión sobre nuevos yacimientos. Menos alteración del territorio.
A nivel energético, el proceso evita etapas intensivas en calor o presión. Eso se traduce en una menor huella de carbono, especialmente si se combina con energías renovables para controlar las condiciones del sistema.
Ahora bien, no todo es automático. Será clave evaluar el comportamiento del proceso a gran escala, su estabilidad en diferentes climas y la gestión de los concentrados obtenidos. La sostenibilidad real se juega en esos detalles.
Más información: Hongxu Chen et al, Hygroscopicity-driven spontaneous sustainable direct lithium extraction, Nature Communications (2026). DOI: 10.1038/s41467-026-70720-9



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