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Investigadores escoceses desarrollan nuevo motor aeronáutico superconductor de 100 kW con potencial para aviones eléctricos e impulsados por hidrógeno

3 junio, 2026 Deja un comentario

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Investigadores de Glasgow integran superconductividad y refrigeración criogénica en un motor de 100 kW para futuras aeronaves de cero emisiones.

  • ⚡ Motor aeronáutico superconductor de 100 kW.
  • ❄️ Funcionamiento a −253 °C.
  • 🚀 Mayor densidad de potencia con menos peso.
  • 🌍 Aplicaciones en aviones eléctricos y de hidrógeno.
  • 🔬 Desarrollo liderado por la Universidad de Strathclyde.
  • ✈️ Paso clave hacia sistemas de propulsión de varios megavatios.
  • ♻️ Potencial para reducir emisiones del transporte aéreo.

Una tecnología que busca resolver uno de los mayores retos de la aviación

La descarbonización del transporte aéreo sigue siendo uno de los desafíos tecnológicos más complejos de la transición energética. Mientras que los vehículos eléctricos terrestres ya forman parte del paisaje cotidiano en muchos países, los aviones se enfrentan a una barrera mucho más difícil: la enorme cantidad de energía necesaria para mantenerse en vuelo durante largas distancias.

En este contexto, investigadores de la Universidad de Strathclyde, en Glasgow, han desarrollado un motor aeronáutico totalmente superconductor de 100 kW, un prototipo que podría abrir el camino hacia una nueva generación de aeronaves eléctricas y propulsadas por hidrógeno.

El proyecto ha sido desarrollado por el Applied Superconductivity Laboratory (ASL) y constituye uno de los primeros intentos a nivel mundial de construir un motor axial de flujo totalmente superconductor diseñado específicamente para aplicaciones aeronáuticas.

Qué hace diferente a este motor

Los motores eléctricos convencionales pierden parte de la energía en forma de calor debido a la resistencia de los conductores. En cambio, los materiales superconductores permiten que la corriente eléctrica circule con una resistencia prácticamente nula cuando se mantienen a temperaturas extremadamente bajas.

El sistema desarrollado en Escocia emplea superconductores de alta temperatura (HTS), una familia de materiales capaces de transportar corrientes muy elevadas con pérdidas mínimas.

Aunque el término «alta temperatura» puede resultar engañoso, estos materiales siguen necesitando condiciones criogénicas para funcionar. En este caso, el motor opera alrededor de 20 Kelvin, equivalentes a −253 °C.

A esas temperaturas, materiales como las cintas de óxido de cobre, bario y tierras raras adquieren propiedades extraordinarias que permiten diseñar motores mucho más compactos y potentes.

La ventaja es enorme: se obtiene una relación potencia-peso muy superior a la de los motores eléctricos convencionales, un factor decisivo en aviación, donde cada kilogramo cuenta.

El peso: el enemigo número uno de la aviación eléctrica

La electrificación de los aviones no depende únicamente de mejorar las baterías. También requiere sistemas de propulsión extremadamente ligeros.

Actualmente, las aeronaves eléctricas experimentales están limitadas por la densidad energética de las baterías. Incluso las tecnologías más avanzadas almacenan mucha menos energía por kilogramo que los combustibles de aviación tradicionales.

Por esta razón, reducir el peso de los motores es una prioridad estratégica.

Los motores superconductores permiten concentrar una gran cantidad de potencia en un volumen reducido. Esto podría traducirse en aeronaves capaces de transportar más pasajeros o recorrer mayores distancias utilizando la misma cantidad de energía.

En otras palabras, se trata de una pieza fundamental para hacer viable la aviación eléctrica a gran escala.

La conexión con el hidrógeno líquido

Uno de los aspectos más interesantes de esta tecnología es su posible integración con futuros aviones impulsados por hidrógeno líquido.

El hidrógeno debe almacenarse a temperaturas extremadamente bajas, alrededor de −253 °C, prácticamente las mismas que necesitan muchos sistemas superconductores para funcionar.

Esto abre la posibilidad de crear arquitecturas aeronáuticas donde un único sistema criogénico sirva simultáneamente para:

  • Almacenar el combustible.
  • Refrigerar los motores superconductores.
  • Mantener operativos otros componentes eléctricos avanzados.

Este enfoque podría mejorar la eficiencia global de la aeronave y reducir parte de la complejidad asociada a los sistemas de refrigeración independientes.

No es casualidad que grandes fabricantes del sector estén investigando esta combinación.

Airbus y la carrera hacia los aviones de cero emisiones

El demostrador forma parte del programa Zero Emissions for Sustainable Transport (ZEST1), liderado por la empresa Airbus.

Dentro de esta iniciativa se exploran tecnologías que permitan desarrollar aeronaves capaces de operar con emisiones directas muy reducidas o prácticamente nulas.

El interés de Airbus por los sistemas superconductores también se refleja en proyectos como Cryoprop, una plataforma experimental centrada en la propulsión eléctrica criogénica.

El objetivo final es desarrollar motores de varios megavatios capaces de impulsar aviones regionales y, en el futuro, aeronaves comerciales de mayor tamaño.

Aunque todavía queda un largo recorrido hasta su aplicación comercial, estos demostradores permiten validar conceptos que hace apenas una década parecían reservados a la investigación académica.

Los desafíos técnicos que aún deben superarse

La superconductividad ofrece ventajas impresionantes, aunque también plantea importantes dificultades de ingeniería.

Mantener un motor en funcionamiento continuo a temperaturas cercanas al cero absoluto exige sistemas criogénicos fiables, ligeros y seguros.

Además, los ingenieros deben resolver cuestiones relacionadas con:

  • La protección frente a fallos eléctricos.
  • La gestión térmica durante el vuelo.
  • Las vibraciones mecánicas.
  • La integración con sistemas aeronáuticos existentes.
  • Los costes de fabricación de materiales superconductores.

También será necesario demostrar la fiabilidad de estas tecnologías durante miles de horas de operación antes de que puedan certificarse para vuelos comerciales.

La industria aeronáutica es extremadamente exigente en materia de seguridad, por lo que cualquier innovación debe superar procesos de validación muy rigurosos.

Más allá de los aviones: aplicaciones en otros sectores

Las investigaciones en superconductividad no benefician únicamente a la aviación.

Los avances desarrollados para motores aeronáuticos pueden trasladarse a otras áreas donde el peso, la eficiencia y la potencia resultan determinantes.

Entre las posibles aplicaciones destacan:

  • Buques eléctricos de gran capacidad.
  • Sistemas de propulsión espacial.
  • Trenes de alta velocidad.
  • Redes eléctricas avanzadas.
  • Generadores para energías renovables.
  • Centros de datos de alta eficiencia energética.

Este efecto de transferencia tecnológica suele acelerar la innovación y reducir costes con el paso de los años.

Potencial

La aparición de motores superconductores para aviación representa mucho más que una mejora técnica. Refleja un cambio de paradigma en la forma de concebir el transporte aéreo del futuro.

La combinación de superconductividad, hidrógeno verde, electrificación y sistemas criogénicos integrados podría permitir el desarrollo de aeronaves más limpias, silenciosas y eficientes durante las próximas décadas.

Aunque todavía se encuentra en una fase experimental, esta tecnología ayuda a construir el conocimiento necesario para reducir el impacto climático de uno de los sectores más difíciles de descarbonizar. No será una solución inmediata. Tampoco resolverá por sí sola todos los problemas de la aviación.

Pero cada avance de este tipo acerca un poco más la posibilidad de viajar largas distancias con una huella ambiental mucho menor. Y en un mundo que necesita reducir emisiones con urgencia, eso ya es un paso importante.

Vía Strathclyde University

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Publicado en: Aviones eléctricos, Hidrógeno

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