
Investigadores estadounidenses crean dispositivo solar que limpia agua potable en menos de una hora sin electricidad.
- Agua potable segura en menos de 1 hora.
- Uso directo de energía solar.
- Combinación de filtrado, calor y procesos fotoquímicos.
- Eliminación eficaz de virus, bacterias y protozoos.
- Indicador visual de seguridad del agua.
- Aplicación en zonas sin infraestructuras.
- Posible producción de hasta 50 litros por persona y día.
Dispositivo solar desinfecta agua potable en menos de una hora
Para millones de personas, el acceso a agua potable segura sigue siendo un reto cotidiano. Mientras en las ciudades el tratamiento del agua pasa desapercibido —filtración avanzada, cloración, radiación ultravioleta—, en muchas regiones del mundo estas tecnologías simplemente no están disponibles. Y ahí es donde la energía solar, abundante y gratuita, empieza a jugar otro papel.
Un equipo liderado por investigadores de la Universidad de Connecticut y Yale ha desarrollado un sistema compacto que aprovecha el sol para desinfectar agua en menos de una hora. No se trata de una idea completamente nueva, pero sí de una evolución inteligente: combinar varios métodos conocidos en un único dispositivo.
Aprovechar el sol para garantizar agua limpia
El principio es sencillo, aunque la ejecución tiene miga. Este sistema integra filtración física, pasteurización solar y un proceso fotoquímico avanzado basado en fotosensibilizadores.
Primero, el agua pasa por un filtrado que elimina partículas grandes, protozoos o sedimentos. Después entra en juego el calor del sol, suficiente para debilitar o inactivar muchos microorganismos. Hasta aquí, métodos conocidos.
La clave está en el tercer paso: la fotosensibilización. Aquí, ciertos compuestos activados por la luz solar transfieren energía al oxígeno presente en el agua, generando especies reactivas de oxígeno (ROS). Estas moléculas son altamente reactivas y atacan directamente a bacterias y virus, dañando sus estructuras internas.
Este enfoque resuelve uno de los grandes problemas de la desinfección solar tradicional: los virus, mucho más resistentes y difíciles de eliminar que las bacterias. Mientras que una botella al sol puede tardar horas en desinfectar, este sistema reduce ese tiempo a menos de una hora en condiciones óptimas.
Un sistema híbrido más eficiente
Lo interesante no es solo cada tecnología por separado, sino su combinación estratégica. Cada etapa compensa las limitaciones de la anterior.
- El filtrado elimina lo visible.
- El calor solar actúa rápido sobre bacterias.
- La fotosensibilización remata el trabajo con virus.
Ese enfoque multicapa es clave en entornos reales, donde el agua puede contener una mezcla compleja de contaminantes. No es lo mismo tratar agua clara que agua con carga orgánica o turbidez. Aquí, el sistema mantiene cierta robustez.
Además, introduce algo poco habitual en este tipo de soluciones: un indicador visual de seguridad. El uso de eritrosina —un colorante alimentario— permite que el agua cambie de color a medida que el proceso avanza. Cuando el color desaparece, el tratamiento ha terminado. Sin sensores, sin electrónica. Simple, directo.
Resultados reales y capacidad de suministro
En condiciones de radiación solar alta, en torno a 1.100 W/m², el sistema puede desinfectar agua en menos de una hora. En pruebas de campo realizadas en Guatemala, con niveles ligeramente inferiores (1.050 W/m²), los resultados han sido consistentes.
Un dato relevante: el modelo indica que podría proporcionar hasta 50 litros diarios por persona, alineado con las recomendaciones de Naciones Unidas para cubrir necesidades básicas. Y lo haría prácticamente todo el año, salvo unos pocos días con condiciones climáticas adversas.
Esto abre dos escenarios claros: uso doméstico a pequeña escala o sistemas comunitarios más grandes. Ambos con sentido, dependiendo del contexto.
Hacia fotosensibilizadores naturales
Uno de los aspectos en evolución es el tipo de compuestos utilizados. Aunque la eritrosina es segura en pequeñas cantidades, el equipo ya explora alternativas más sostenibles como la clorofila o la hipericina (presente en plantas como el hipérico).
La idea es reducir cualquier posible preocupación toxicológica y, de paso, facilitar el acceso a materiales más locales o naturales. Un paso lógico si se quiere escalar esta tecnología en comunidades con recursos limitados.
Aquí hay recorrido. Bastante.
Potencial
Este tipo de soluciones apunta hacia un modelo distinto de acceso al agua: más descentralizado, más autónomo, más adaptado al territorio.
Puede integrarse en programas de cooperación, en comunidades rurales aisladas o incluso en situaciones de emergencia climática, donde el acceso a agua potable se vuelve crítico.
Tiene potencial para combinarse con otras tecnologías, como sistemas de recogida de agua de lluvia o almacenamiento modular. Incluso podría formar parte de kits domésticos de resiliencia climática.
No va a sustituir a las grandes plantas de tratamiento. Ni falta que hace. Pero sí puede cubrir ese espacio donde las soluciones tradicionales no llegan.
Y ahí, justo ahí, es donde más falta hace.
Vía UConn
Más información: Mandi Pretorius et al, Building-integrated solar water disinfection system for reliable year-round drinking water safety, npj Clean Water (2026). DOI: 10.1038/s41545-025-00539-2



kitara dice
Es un chiste? le agran eritrosina?…La eritrosina (o rojo n.º 3 / E127) es un colorante artificial de color rojo cereza brillante, derivado del petróleo, utilizado para dar color a alimentos, fármacos y cosméticos. Aunque se usa en caramelos, cerezas en almíbar y bebidas, su seguridad es cuestionada debido a estudios que lo vinculan con problemas tiroideos….super bien para la vida no?