
Científicos descubren que el cemento producido con basalto podría requerir menos del 60% de la energía actual.
- 🌋 Basalto en lugar de caliza.
- 🏭 Hasta un 80% menos de emisiones de CO₂
- ⚡ Menor consumo energético industrial.
- 🪨 Rocas abundantes durante miles de años.
- 🔩 Producción conjunta de cemento, acero y aluminio.
- 🌍 Descarbonización de uno de los sectores más contaminantes.
- 🏗️ Mismo cemento Portland, nuevas materias primas.
- 📉 Menos dependencia de combustibles fósiles.
El basalto podría cambiar para siempre la industria del cemento
Cuando se habla de emisiones contaminantes, casi toda la atención se la llevan los coches, los aviones o las centrales eléctricas. El cemento suele quedar fuera de la conversación pública. Y, sin embargo, la realidad es otra: la fabricación de cemento genera aproximadamente el 4,4% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero. Una cifra enorme. Comparable a las emisiones de todos los automóviles particulares del planeta juntos.
El problema lleva décadas enquistado. El cemento Portland, el más utilizado en el mundo, depende de un ingrediente clave: la piedra caliza. Y ahí está el gran conflicto climático. La propia roca contiene carbono atrapado en su composición química, de modo que al calentarla para fabricar cemento, ese carbono termina liberándose a la atmósfera en forma de CO₂.
Ahora, un grupo de investigadores propone algo que, visto con perspectiva, parece casi evidente: fabricar cemento usando rocas ricas en silicatos, como el basalto, en lugar de piedra caliza.
La idea puede sonar técnica. Pero detrás hay un cambio industrial enorme.
Una roca volcánica con potencial climático
El basalto es una roca volcánica extremadamente abundante en la corteza terrestre. Se forma a partir del enfriamiento rápido de lava rica en minerales y aparece en grandes extensiones del planeta, desde Islandia hasta India, pasando por África, América Latina o buena parte del fondo oceánico.
Lo interesante es que contiene calcio, el elemento esencial para fabricar cemento, aunque prácticamente sin carbono incorporado. Ahí está la clave.
En el sistema actual, la industria debe calentar piedra caliza a más de 1.500 °C para obtener óxido de calcio. Durante ese proceso se libera una gran cantidad de CO₂ de forma inevitable, incluso aunque la energía utilizada fuera completamente renovable.
Con el basalto ocurre algo distinto. Al no estar compuesto principalmente por carbonatos, las emisiones químicas asociadas a la producción se desploman. Según el estudio, el uso de silicatos podría reducir más del 80% de las emisiones relacionadas con el proceso y requerir menos del 60% de la energía mínima necesaria actualmente.
Y eso cambia las reglas del juego.
El gran problema del cemento moderno
El hormigón es el material más utilizado del mundo después del agua. Está en edificios, carreteras, presas, puertos, puentes, hospitales y viviendas. Cada año se producen miles de millones de toneladas de cemento.
Por eso el impacto ambiental del sector resulta tan difícil de ignorar.
No se trata solo del CO₂ liberado en los hornos. También influye el enorme consumo energético, la extracción minera, el transporte pesado y la dependencia de combustibles fósiles para mantener temperaturas extremas.
Durante años, buena parte de las estrategias climáticas se centraron en capturar carbono o sustituir combustibles en los hornos cementeros. Pero muchas de esas soluciones siguen siendo caras, complejas o difíciles de escalar.
La propuesta basada en basalto ataca el problema desde otro ángulo: cambiar la materia prima.
Una diferencia importante. Bastante.

Un proceso compatible con la industria actual
Uno de los aspectos más relevantes del estudio es que no plantea reemplazar el cemento Portland por un material experimental desconocido. Eso habría complicado muchísimo su adopción.
La investigación propone fabricar el mismo tipo de cemento que ya utiliza la industria de la construcción, aunque obteniendo el calcio desde otra fuente mineral.
Esto permite mantener infraestructuras, normativas técnicas y cadenas de suministro ya existentes. En un sector tan conservador como la construcción, esa compatibilidad puede marcar la diferencia entre una idea prometedora y una tecnología realmente viable.
Los investigadores también destacan que las tecnologías necesarias ya existen en otras industrias, especialmente en procesos metalúrgicos y de refinado mineral. El reto no está en inventar maquinaria completamente nueva, sino en adaptar procesos y optimizarlos a gran escala.
Cemento, acero y aluminio desde la misma roca
Aquí aparece uno de los puntos más interesantes de toda la propuesta.
El basalto no solo contiene calcio. También incorpora hierro, aluminio y otros minerales valiosos. Eso abre la puerta a producir varios materiales industriales simultáneamente aprovechando una misma extracción minera.
Según los investigadores, la proporción de calcio e hierro presente en muchas rocas basálticas coincide sorprendentemente bien con la demanda global de cemento y acero. Además, el contenido en aluminio es muy elevado.
En otras palabras: una misma roca podría alimentar varias cadenas industriales a la vez.
Esto permitiría reducir residuos, aprovechar mejor la energía empleada y disminuir el desperdicio de materiales. Un enfoque mucho más cercano a la economía circular industrial que al modelo extractivo clásico basado en procesos separados y altamente intensivos.
Qué impacto puede tener en el medio ambiente
Si esta tecnología logra escalarse, el impacto ambiental podría ser enorme.
La fabricación de cemento es responsable de una parte importante de las emisiones industriales mundiales porque combina dos factores especialmente problemáticos: altas temperaturas y liberación química de carbono. El uso de basalto reduce ambos.
Además, al disminuir la demanda de piedra caliza, también podrían reducirse algunos impactos asociados a la minería tradicional, como la alteración del paisaje, el polvo en suspensión o ciertas emisiones derivadas del transporte y trituración de materiales carbonatados.
Otro aspecto importante tiene que ver con la electrificación industrial. Los procesos basados en silicatos parecen más compatibles con sistemas alimentados mediante electricidad renovable, algo clave para la transición energética de las próximas décadas.
Y hay más. El aprovechamiento simultáneo de hierro y aluminio podría reducir la necesidad de abrir nuevas explotaciones mineras independientes para abastecer otras industrias. Menos fragmentación extractiva. Menos consumo energético acumulado.
No es una solución mágica, claro. La minería seguirá existiendo y cualquier gran actividad industrial tendrá impactos ambientales asociados. Pero la diferencia de emisiones respecto al modelo actual puede ser gigantesca.
La descarbonización del cemento ya se ha convertido en prioridad global
La presión regulatoria sobre el sector está aumentando rápidamente.
La Unión Europea ya incluye al cemento dentro de su sistema de comercio de emisiones y prepara mecanismos para penalizar productos con alta huella de carbono importados desde terceros países. Además, numerosos países están incorporando criterios climáticos en licitaciones públicas de infraestructuras.
Eso está acelerando la búsqueda de alternativas.
Empresas emergentes como Brimstone Energy, implicada en esta investigación, forman parte de una nueva generación de industrias climáticas centradas en transformar materiales básicos de la economía moderna: cemento, acero, fertilizantes o combustibles industriales.
También están apareciendo proyectos de captura de carbono en cementeras, hornos eléctricos experimentales e incluso hormigones capaces de absorber CO₂ durante su vida útil. La carrera tecnológica ya está en marcha.
Porque el tiempo aprieta.
El principal reto: convencer a una industria muy conservadora
La construcción cambia despacio. Muy despacio.
Los estándares técnicos, las certificaciones y las garantías estructurales obligan a validar cualquier modificación durante años antes de aplicarla masivamente. Tiene lógica: nadie quiere arriesgar la seguridad de edificios o infraestructuras críticas.
Por eso muchas alternativas bajas en carbono llevan décadas existiendo sin haber logrado despegar comercialmente.
El cemento tradicional es barato, fiable y está profundamente integrado en toda la cadena de suministro global. Cambiar eso requiere inversiones enormes y pruebas muy sólidas.
Aun así, el contexto actual es distinto. Las emisiones ya tienen un coste económico creciente. La electrificación industrial avanza. Y cada vez más constructoras buscan materiales con menor huella climática para cumplir objetivos ambientales y normativas futuras.
Eso podría acelerar la transición mucho más de lo que parecía hace apenas unos años.
Vía UC Santa Bárbara
Más información: Jeff Prancevic, Silicate-derived calcium as a pathway to low-carbon Portland cement, Communications Sustainability (2026). DOI: 10.1038/s44458-026-00056-4. www.nature.com/articles/s44458-026-00056-4



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