
Científicos detectan por primera vez contaminante tóxico MCCP en el aire de Oklahoma, con concentraciones miles de veces superiores a valores remotos.
- Primera detección aérea de MCCP en EE.UU.
- 3 ng/m³ sobre cultivos, sorpresivo.
- Posible fuente: biosólidos agrícolas.
- Necesidad de regulación, monitoreo e innovación.
Primera detección aérea de un contaminante químico tóxico
El hallazgo de parafinas cloradas de cadena media (MCCP) sobre Lamont, Oklahoma, marca un hito: es la primera vez que se detectan MCCP en la atmósfera del continente americano. Gracias al uso de espectrometría de masas por ionización química (CIMS) – capaz de detectar concentraciones del orden de partes por cuatrillón – el equipo identificó picos de hasta 3 ng/m³, miles de veces superiores a niveles remotos esperados.
La distribución diurna (picos al mediodía, caídas nocturnas) sugirió un intercambio térmico entre suelo y aire, apuntando a una fuente cercana: no chimeneas industriales lejanas, sino posiblemente el propio suelo agrícola tratado con biosólidos.
¿Por qué sorprendió a los químicos?
Antes de este estudio, se asumía que los niveles de MCCP en América del Norte eran insignificantes, a diferencia de su presencia reconocida en regiones polares y algunas ciudades asiáticas. El hallazgo invierte esa expectativa y sugiere que los modelos actuales de transporte atmosférico están incompletos.
Además, al regularse los SCCP (parafinas de cadena corta) desde 2009 en EE.UU. por ser persistentes y bioacumulables, muchas industrias reemplazaron esos compuestos por MCCP. El resultado fue un efecto “whack-a-mole”: se regulaba uno, emergía otro, sin resolver la raíz del problema.
Ahora, con la propuesta de su eliminación global en análisis por el Convenio de Estocolmo (votación final prevista para 2025), hay presión para cerrar esa laguna regulatoria.
De aditivo industrial a fertilizante agrícola
¿Cómo llegan esas parafinas volátiles al aire sobre campos de trigo? La respuesta radica en biosólidos: lodo residual urbano utilizado como fertilizante. Más de la mitad de los CP llegan a estos lodos durante el tratamiento de aguas residuales, convirtiéndolos en reservorios tóxicos. Al esparcirlos sobre la tierra, el viento levanta partículas que liberan MCCP al calentarse durante el día.
En Australia se observaron concentraciones de hasta 3 600 ng/g en lodos secos, lo que —si se replicara en EE.UU.— explicaría los picos medidos.
Riesgos para la salud y el ecosistema
Los estudios en animales han asociado los CP con estrés hepático, alteraciones endocrinas y daño en el desarrollo. Aunque los datos en humanos son limitados, se ha visto que personas en zonas industriales presentan mayores cargas corporales. Su persistencia, similar a los PFAS, les permite acumularse en tejido graso, moverse por cadenas alimentarias y alcanzar poblaciones lejanas sin contacto directo.
Todavía no existe un estándar federal de calidad del aire para MCCP, ni monitoreo sistemático personal. Este descubrimiento exige a las autoridades crear guías claras y controles que respondan a esa inquietud ciudadana creciente.
Técnicas de detección: del suelo al espectro
La CIMS empleada por Katz registra emisiones cada segundo a partir de la identificación de firmas isotópicas de moléculas de cloro, carbono e hidrógeno. Al notar patrones fuera de lo esperado, se recurrió a espectros de referencia y análisis manual, confirmando al menos 18 variantes de MCCP. La clara relación entre concentración y temperatura (ley de Clausius-Clapeyron) reforzó la hipótesis del suelo como fuente.
Lluvias recientes no eliminaron por completo la pluma aérea, lo que indica una emisión continua desde la superficie tratada.
¿Qué vendrá después?
El equipo planea monitoreos durante todo el año para observar variaciones estacionales y localizar puntos críticos, complementando con muestreos de suelo y biosólidos. En paralelo, algunos legisladores estatales ya ajustan normas sobre la aplicación agrícola de biosólidos, y debates similares surgen en otros estados agrícolas.
Por su parte, la industria considera opciones sin base clorada para lubricantes o plastificantes, anticipándose a una eventual prohibición total.



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