
Científicos de la Academia China de Ciencias crean aerogel flexible que almacena y libera calor según la temperatura sin absorber humedad.
- 🔹 Textura suave y esponjosa, similar al algodón.
- 🔹 Almacenamiento y liberación de calor según la temperatura.
- 🔹 Repelencia al agua y al vapor de humedad.
- 🔹 Funcionamiento mediante materiales de cambio de fase.
- 🔹 Mantenimiento del rendimiento tras 20 lavados.
- 🔹 Mayor aislamiento térmico en condiciones extremas.
- 🔹 Aplicaciones potenciales en ropa técnica y deportiva.
- 🔹 Menor dependencia de sistemas de calefacción portátiles.
Un tejido inteligente con tacto de algodón que almacena calor, repele la humedad y podría revolucionar la ropa de invierno
Cuando el confort térmico y la gestión de la humedad dejan de ser incompatibles
Durante décadas, el algodón ha sido uno de los tejidos más apreciados por su suavidad y comodidad. Sin embargo, presenta una limitación importante: cuando absorbe humedad, pierde gran parte de su capacidad aislante y puede acelerar la pérdida de calor corporal. Por este motivo, los expertos en actividades al aire libre suelen recomendar fibras sintéticas o lanas técnicas para entornos fríos y húmedos.
Ahora, un equipo de investigadores de la Academia China de Ciencias ha desarrollado un material que intenta combinar lo mejor de ambos mundos. El resultado es un novedoso aerogel de fibra con cambio de fase (PCFA), un tejido ligero y flexible que mantiene una textura similar al algodón, aunque incorpora mecanismos avanzados para gestionar el calor y la humedad de forma dinámica.
La investigación, publicada en ACS Energy Letters, abre una nueva vía para el desarrollo de textiles capaces de adaptarse automáticamente a las condiciones ambientales.

Cómo funciona este aerogel textil
La clave de este material reside en una estructura formada por una red de fibras poliméricas hidrofóbicas, es decir, fibras que rechazan el agua. En su interior se distribuyen millones de microcápsulas que contienen un hidrocarburo de cambio de fase, una sustancia capaz de almacenar y liberar energía térmica durante las transiciones entre distintos estados físicos.
A temperaturas relativamente bajas, la estructura molecular de este compuesto favorece una configuración compacta que permite retener calor. Cuando la temperatura alcanza aproximadamente los 26,2 °C, el material experimenta una transformación interna que modifica la disposición de las fibras y facilita la liberación gradual de la energía almacenada.
En otras palabras, el tejido actúa como una pequeña batería térmica distribuida por toda su superficie.
Un comportamiento muy diferente al del algodón tradicional
Las pruebas realizadas en laboratorio revelaron diferencias significativas respecto a los tejidos convencionales.
Mientras las muestras de algodón absorbían vapor de agua y humedad ambiental, el nuevo material permanecía prácticamente seco. Esta característica resulta especialmente interesante porque la humedad acumulada en la ropa es uno de los factores que más contribuyen a la sensación de frío en climas adversos.
Los investigadores también evaluaron el rendimiento térmico en condiciones extremas. Cuando una mano fue envuelta con el nuevo tejido en un entorno de -25 °C, mantuvo una temperatura considerablemente superior a la obtenida utilizando una capa de algodón del mismo grosor.
No se trata únicamente de generar más calor, algo imposible sin una fuente externa de energía. Lo relevante es que el material reduce las pérdidas térmicas y gestiona mejor la energía corporal disponible, una diferencia fundamental desde el punto de vista de la eficiencia energética.

Durabilidad: uno de los grandes desafíos de los textiles avanzados
Muchos materiales inteligentes muestran resultados espectaculares en laboratorio, aunque pierden rápidamente sus propiedades tras el uso diario.
En este caso, los investigadores sometieron el tejido a 20 ciclos de lavado, observando que mantenía su estructura esponjosa y conservaba aproximadamente el 97 % de su capacidad de almacenamiento térmico.
Además, no se detectó desprendimiento significativo de fibras durante las pruebas. Este aspecto resulta especialmente relevante en un momento en el que la contaminación por microfibras textiles se ha convertido en una preocupación creciente para los ecosistemas acuáticos.
Aún será necesario realizar estudios a mayor escala y durante periodos más prolongados para confirmar su comportamiento en condiciones reales de uso.
Más allá de la ropa de invierno
Aunque la aplicación más evidente es la confección de prendas para climas fríos, las posibilidades son mucho más amplias.
Los materiales de cambio de fase ya se utilizan en algunos sectores para mejorar la eficiencia energética de edificios, sistemas de almacenamiento térmico e incluso equipamiento aeroespacial. Integrarlos en textiles flexibles podría dar lugar a nuevas generaciones de productos capaces de responder activamente a las variaciones de temperatura.
Chaquetas técnicas para montañismo, ropa laboral para trabajadores expuestos al frío, equipamiento militar, sacos de dormir ultraligeros o mantas térmicas de emergencia son algunos de los escenarios donde esta tecnología podría aportar ventajas importantes.
Incluso podrían aparecer aplicaciones en el ámbito sanitario, donde el control preciso de la temperatura corporal puede resultar beneficioso para determinados pacientes.
El auge de los textiles inteligentes
La industria textil atraviesa una transformación silenciosa impulsada por la ciencia de materiales. En los últimos años han surgido tejidos capaces de monitorizar constantes vitales, generar electricidad mediante movimiento, incorporar sensores flexibles o modificar sus propiedades en función del entorno.
Este nuevo aerogel encaja dentro de esa tendencia, aunque con una diferencia importante: su objetivo no es añadir componentes electrónicos, sino mejorar una función básica que los seres humanos valoran desde hace miles de años: mantenerse cómodamente abrigados.
La simplicidad de este enfoque podría facilitar su adopción industrial si los costes de producción logran mantenerse dentro de márgenes competitivos.
Potencial
Los textiles capaces de almacenar y liberar calor de forma inteligente representan una de las líneas más prometedoras dentro de la innovación en materiales sostenibles. Si su desarrollo continúa avanzando, podrían contribuir a reducir el consumo energético asociado al confort térmico, especialmente en regiones con inviernos rigurosos.
La combinación de aislamiento eficiente, repelencia a la humedad y larga durabilidad encaja con la creciente demanda de productos que ofrezcan más prestaciones utilizando menos recursos.
A medio plazo, tecnologías como esta podrían integrarse en ropa de trabajo, equipamiento de emergencia, textiles domésticos e incluso elementos constructivos ligeros con capacidad de regulación térmica. Pequeñas mejoras, sí. Pero cuando millones de personas las utilizan a diario, terminan convirtiéndose en una herramienta real para avanzar hacia una sociedad más eficiente, resiliente y preparada para afrontar los desafíos energéticos y climáticos del futuro.
Más información: Cotton-Inspired Phase Change Fiber Aerogels with Dual-Functional Thermal Protection for Personal Thermal Management | ACS Energy Letters



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