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Construye una casa rodeada por un invernadero en Dinamarca para aprovechar el sol incluso en invierno: asegura que puede conservar el calor durante varios días

27 octubre, 2026 Deja un comentario

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Su diseño combina ventilación natural, aislamiento térmico y espacios acristalados que permiten cultivar plantas, disfrutar de la luz y reducir la necesidad de calefacción.

  • Un invernadero en tres lados: la envolvente acristalada protege parte de la vivienda frente al viento y la lluvia, creando espacios intermedios entre el interior y el exterior.
  • Hasta 32 °C en enero: según su propietario, el invernadero puede alcanzar entre 30 y 32 °C en días invernales completamente despejados.
  • Calefacción solar pasiva: al abrir las puertas entre la vivienda y el invernadero, el aire caliente puede contribuir a calentar el interior durante varios días.
  • Refrigeración por ventilación natural: las ventanas inferiores permiten introducir aire fresco, mientras que las aberturas superiores facilitan la salida del aire caliente.
  • Espacios multifuncionales: el invernadero funciona como salón, jardín, terraza, zona de ejercicio y lugar de cultivo.
  • Construcción adaptada al clima: la vivienda combina una estructura diseñada específicamente, aislamiento térmico y materiales como madera y bambú.

En Dinamarca, donde el viento, la lluvia y los inviernos oscuros condicionan buena parte de la vida cotidiana, una vivienda demuestra que es posible aprovechar la energía solar de una manera muy diferente a la habitual. Su propietario ha construido una casa parcialmente rodeada por un enorme invernadero acristalado que funciona como espacio habitable, protección frente al clima y sistema de regulación térmica.

La solución resulta especialmente interesante porque no depende de complejos sistemas de climatización para controlar la temperatura del espacio acristalado. En su lugar, combina radiación solar, aislamiento, ventilación natural y una distribución cuidadosamente estudiada de las aberturas.

El resultado es una vivienda en la que se puede disfrutar del sol incluso en pleno invierno, cultivar plantas y aprovechar el calor acumulado durante el día para reducir la necesidad de calefacción.

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Una casa protegida por una segunda piel de cristal

La idea inicial era sencilla: construir una vivienda convencional y rodearla posteriormente con un invernadero. Sin embargo, durante el desarrollo del proyecto surgieron dificultades estructurales y normativas que obligaron a modificar el planteamiento.

Finalmente, la casa y la envolvente acristalada se diseñaron como una única estructura. Las vigas principales no solo sostienen el invernadero, sino que también participan en el soporte del edificio y su cubierta.

Esta decisión permitió resolver los requisitos de seguridad y resistencia exigidos para una construcción residencial, aunque también hizo necesario utilizar elementos estructurales de dimensiones considerables.

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Según explica el propietario en un reportaje de faircompanies, el conjunto se calculó para soportar condiciones meteorológicas extremas, incluida una fuerte tormenta combinada con una acumulación de nieve de hasta un metro sobre la cubierta.

El invernadero tampoco procede de un kit agrícola convencional. Fue diseñado específicamente por una empresa especializada en estructuras acristaladas destinadas a edificios y espacios habitables.

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Una de las diferencias fundamentales es la utilización de vidrio templado, necesario para mejorar la seguridad en caso de rotura.

La particularidad del proyecto es que el invernadero no funciona como una simple cubierta añadida, sino como parte de la arquitectura de la vivienda.

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Cómo consigue aprovechar el calor del sol durante el invierno

El funcionamiento térmico se basa en un principio conocido de la arquitectura bioclimática: la captación solar pasiva.

Durante las horas de sol, la radiación atraviesa los cristales y calienta las superficies interiores del invernadero. Parte de esa energía queda almacenada temporalmente en materiales como la piedra y en la propia estructura de la casa.

En invierno, cuando la temperatura exterior puede descender considerablemente, el espacio acristalado puede alcanzar temperaturas muy superiores gracias a la radiación solar.

El propietario asegura que, en días despejados de enero, ha llegado a registrar entre 30 y 32 °C dentro del invernadero, aunque se trata de temperaturas puntuales y no de valores constantes durante toda la estación.

Para aprovechar ese calor, abre las grandes puertas que conectan el invernadero con el interior de la vivienda. El aire caliente entra en las habitaciones y contribuye a elevar su temperatura.

Una vez conseguido el calentamiento deseado, vuelve a cerrar las puertas para conservar la energía acumulada.

Según su experiencia, en determinadas condiciones puede mantener una temperatura confortable durante tres o cuatro días antes de necesitar nuevamente el sistema de calefacción.

Esto es posible gracias a otro elemento fundamental: el aislamiento.

La vivienda está muy bien aislada tanto en las paredes expuestas directamente al exterior como en las que dan al invernadero. De esta manera, el propietario puede controlar cuándo interesa introducir calor y cuándo conviene mantenerlo fuera.

No obstante, estas cifras corresponden a su experiencia particular. El reportaje no proporciona mediciones independientes del consumo energético ni una comparación normalizada con una vivienda convencional.

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El problema del verano: cómo evitar que el invernadero se convierta en un horno

Una envolvente de cristal que resulta beneficiosa durante el invierno puede convertirse en un problema cuando aumenta la radiación solar.

El propio propietario reconoce que el invernadero ha llegado a alcanzar 50 °C, una temperatura excesiva para muchas plantas y para permanecer cómodamente en su interior.

La solución principal es la ventilación natural.

En lugar de cerrar completamente la vivienda dentro de una estructura acristalada, el diseño deja posibilidades de entrada de aire fresco por la zona norte.

Cuando se abren las ventanas inferiores, el aire exterior atraviesa la vivienda y se dirige hacia la escalera y los espacios de doble altura.

Al mismo tiempo, una ventana automática situada en la parte superior permite evacuar el aire caliente acumulado bajo la cubierta.

Este funcionamiento combina la ventilación cruzada con el efecto chimenea, un fenómeno físico por el que el aire más caliente, generalmente menos denso, tiende a ascender y puede salir por aberturas elevadas.

El recorrido del aire favorece la renovación del ambiente sin necesidad de ventiladores mecánicos para impulsar el flujo.

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En los dormitorios también se aprovecha este principio. El propietario explica que, abriendo las ventanas inferiores y superiores, puede refrescar determinadas habitaciones en aproximadamente cinco o diez minutos cuando las condiciones exteriores son favorables.

Después cierra las aberturas inferiores y mantiene abiertas las superiores.

Este sistema no garantiza una temperatura confortable en cualquier situación. Su eficacia depende de la temperatura exterior, el viento, la superficie de las aberturas y las ganancias solares.

Por eso, el propietario está estudiando incorporar más zonas de sombra en la cubierta, incluso mediante posibles paneles solares que puedan generar electricidad y reducir simultáneamente la radiación incidente.

Un espacio habitable que cambia con las estaciones

Uno de los aspectos más originales de la vivienda es que el invernadero no se utiliza exclusivamente para cultivar plantas.

Su propietario lo considera una prolongación de la casa, con espacios que cambian de función según la época del año y las necesidades familiares.

En invierno puede descansar allí mientras observa la nieve y las estrellas a través de la cubierta. En primavera y otoño funciona como una terraza protegida del viento y de la lluvia.

También dispone de zonas para comer, recibir invitados, practicar yoga, hacer ejercicio y cultivar plantas.

El aprovechamiento de la orientación crea diferentes microclimas dentro de la misma estructura.

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En la zona norte, donde llega menos radiación solar directa, existe un espacio más fresco que se utiliza como refugio durante los días calurosos.

En las terrazas superiores, orientadas al este y al oeste, se aprovechan respectivamente el sol de la mañana y el de la tarde.

Estas diferencias térmicas pueden ser importantes incluso entre espacios separados por unos pocos metros.

El propietario también cultiva albahaca, una planta que tolera relativamente bien las temperaturas elevadas del invernadero. De hecho, explica que produce suficiente cantidad como para suministrar parte de ella a una pizzería local.

Su intención es continuar incorporando vegetación y aprovechar algunos espacios para cultivar árboles que podrían alcanzar entre cinco y seis metros de altura.

Materiales duraderos y una vivienda pensada para adaptarse

El proyecto forma parte de una pequeña comunidad danesa donde predominan las viviendas de construcción individual, muchas de ellas realizadas con madera, paja y materiales recuperados.

Aunque el propietario participó directamente en buena parte de los trabajos, contó con profesionales especializados para las tareas que requerían conocimientos técnicos específicos.

La construcción se prolongó durante cuatro años. Durante ese periodo, la familia vivió en una edificación auxiliar de aproximadamente 36 m² situada en la misma parcela.

Más allá de la eficiencia energética, uno de los objetivos era conseguir una vivienda duradera y fácil de mantener.

El propietario afirma que le gustaría que la construcción pudiera permanecer en uso durante 200 años. Se trata de una aspiración de diseño, no de una vida útil demostrada.

En el interior destaca la utilización del bambú en suelos, encimeras, revestimientos y mobiliario de cocina.

Algunos muebles están fabricados con paneles de bambú revestidos de linóleo, una combinación elegida por su aspecto, tacto y facilidad de mantenimiento.

También se ha intentado aprovechar al máximo la superficie disponible. Por ejemplo, el dormitorio principal utiliza puertas correderas a ambos lados de la cama para reducir el espacio necesario de circulación.

La vivienda se concibe así como una construcción que puede evolucionar con sus habitantes, modificando el uso de las habitaciones y las terrazas sin necesidad de grandes reformas.

¿Cuánta energía puede ahorrar una casa dentro de un invernadero?

Desde el punto de vista energético, la propuesta presenta varias ventajas potenciales.

La primera es la reducción de la exposición directa de parte de la envolvente del edificio al viento y a las condiciones meteorológicas exteriores.

La segunda es la posibilidad de aprovechar las ganancias solares durante los meses fríos.

Y la tercera es el uso de ventilación natural para evacuar el calor cuando las condiciones lo permiten.

Sin embargo, no sería correcto afirmar que la vivienda funciona sin calefacción o que su consumo energético es prácticamente nulo.

El edificio dispone de un sistema de calefacción alimentado por electricidad y con circulación de agua, que se utiliza cuando el calor solar no resulta suficiente.

El propietario asegura que sus gastos de calefacción son bajos, pero no facilita cifras anuales de consumo ni datos que permitan calcular un porcentaje de ahorro.

Además, el rendimiento real de una vivienda de este tipo depende de numerosos factores: superficie acristalada, orientación, transmitancia térmica, infiltraciones de aire, masa térmica, sombras y clima local.

La estructura de vidrio también incorpora costes y necesidades de mantenimiento que deben considerarse al evaluar el impacto económico y ambiental del proyecto.

Por tanto, no puede concluirse que una envolvente de invernadero sea automáticamente más eficiente o sostenible que una vivienda bioclimática convencional.

Una solución con ventajas, pero también con limitaciones

El reportaje muestra un inconveniente importante: la regulación térmica exige cierta participación del propietario.

Aunque algunas ventanas se cierran automáticamente cuando empieza a llover, no vuelven necesariamente a abrirse cuando termina la precipitación.

Si la vivienda permanece desocupada durante varios días, el calor puede acumularse en el invernadero hasta alcanzar temperaturas perjudiciales para las plantas.

Por otra parte, el diseño debe resolver adecuadamente las cargas estructurales, la seguridad del acristalamiento, la ventilación y los posibles problemas de condensación.

En climas más cálidos que el danés, la protección solar y la evacuación del calor serían todavía más importantes.

Una solución semejante aplicada sin adaptación al clima mediterráneo podría provocar un sobrecalentamiento considerable durante buena parte del año.

Por eso, el interés del proyecto no reside simplemente en rodear una casa de cristal, sino en integrar captación solar, aislamiento, ventilación y espacios intermedios dentro de una estrategia arquitectónica coherente.

Qué puede aportar este concepto a la arquitectura sostenible

Esta vivienda danesa demuestra cómo un invernadero puede dejar de ser exclusivamente un espacio agrícola para convertirse en un elemento activo de la arquitectura.

La envolvente acristalada permite ampliar los espacios habitables durante los meses fríos, aprovechar la energía del sol y reducir la exposición al viento, mientras que la ventilación natural ayuda a gestionar el exceso de calor.

Su mayor enseñanza es que la eficiencia energética no depende únicamente de instalar equipos más sofisticados.

También puede mejorar cuando el diseño arquitectónico aprovecha los recursos disponibles: el sol, el aire, la orientación, la sombra y la capacidad de los materiales para almacenar energía térmica.

El desafío consiste en conseguir que todos esos elementos trabajen de forma coordinada, sin olvidar que una vivienda debe seguir siendo confortable, segura y funcional durante todo el año.

Vía: faircompanies

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Publicado en: Arquitectura sostenible

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