
Una empresa de Singapur ya prueba esta tecnología con grandes fabricantes. Promete hasta 1.000 ciclos de carga, mayor seguridad frente a incendios y menos residuos.
- 🔋 Hasta 1.000 ciclos de carga: la empresa presenta una alternativa recargable para dispositivos electrónicos cotidianos.
- 🌱 Sin litio ni cobalto: emplea una química basada en zinc y dióxido de manganeso, con celulosa en distintos componentes.
- ⚡ 226 Wh/kg de densidad energética: una cifra anunciada por el fabricante que todavía necesita validación independiente.
- 🔥 Diseñada para resistir el fuego: utiliza materiales no inflamables y prescinde de los PFAS.
- 🏭 Producción iniciada en 2026: Flint ya trabaja con Logitech en pruebas de integración de sus baterías.
Una empresa de Singapur ha comenzado a fabricar baterías que utilizan celulosa, el principal componente del papel, para sustituir parte de los materiales convencionales. Son ligeras, pueden ser flexibles y están diseñadas para reducir los riesgos de incendio y el impacto ambiental del almacenamiento energético.
Una batería que parece papel, pero almacena electricidad
La transición energética no depende únicamente de producir electricidad renovable. También exige encontrar nuevas formas de almacenarla, especialmente en los millones de pequeños dispositivos electrónicos que utilizan pilas y baterías.
La empresa singapurense Flint ha desarrollado una tecnología que busca reducir la dependencia de determinados metales y sustancias químicas utilizados en los sistemas de almacenamiento convencionales.
Su propuesta es una batería recargable que incorpora celulosa en buena parte de su estructura. Puede fabricarse como una lámina delgada y flexible o adoptar formatos similares a las pilas AA y AAA.
El proyecto ha superado la fase de laboratorio. La compañía anunció el inicio de su producción en enero de 2026 y está suministrando unidades para proyectos piloto con fabricantes de dispositivos electrónicos.
Cómo funciona la batería de papel de Flint
Aunque recibe el nombre de batería de papel, no se trata de una simple hoja de celulosa capaz de generar electricidad.
Su funcionamiento se basa en reacciones electroquímicas entre materiales activos, como sucede en las baterías tradicionales.
La arquitectura descrita por Flint utiliza principalmente dos componentes:
- Ánodo de zinc: participa en las reacciones de oxidación y reducción que permiten almacenar y liberar energía.
- Cátodo de dióxido de manganeso: actúa como el otro electrodo del sistema, interviniendo en el intercambio electroquímico durante su funcionamiento.
La principal innovación reside en la incorporación de celulosa a distintos elementos de la batería, incluidos el separador, el electrolito, el cátodo y la envolvente.
El separador mantiene físicamente separados los electrodos para evitar cortocircuitos, mientras que el electrolito facilita el transporte de iones necesario para que se produzcan las reacciones electroquímicas.

La empresa emplea una formulación propia que combina estos materiales con modificaciones que todavía no ha divulgado completamente.
El desarrollo se inspiró en investigaciones de la Universidad Tecnológica de Nanyang, en Singapur, sobre baterías que incorporan papel de celulosa reforzado con hidrogel. El investigador Hong Jin Fan asesoró a Flint durante sus primeras etapas.
Hasta 226 Wh/kg y 1.000 ciclos de carga
Uno de los aspectos más llamativos del desarrollo son las prestaciones anunciadas por el fabricante.
- Densidad energética anunciada: 226 Wh/kg.
- Vida útil anunciada: hasta 1.000 ciclos de carga.
- Tensión máxima anunciada: 4,2 V.
- Material activo del ánodo: zinc.
- Material activo del cátodo: dióxido de manganeso.
La densidad energética de 226 Wh/kg resulta especialmente interesante porque se sitúa dentro del intervalo de algunas baterías comerciales de ion-litio.
Sin embargo, esta comparación debe interpretarse con cautela. La empresa no ha publicado todavía documentación técnica suficiente para comprobar las condiciones de ensayo, la capacidad de descarga, la degradación o si los valores corresponden a celdas completas.
También es importante distinguir entre tensión eléctrica, capacidad energética y potencia. Alcanzar 4,2 V no significa necesariamente que una batería pueda entregar la misma potencia que otra de ion-litio.
Flint reconoce estas limitaciones y no plantea inicialmente su tecnología como sustituta de las baterías de los vehículos eléctricos, que necesitan prestaciones especialmente exigentes.
Una alternativa más segura frente a los incendios
La seguridad constituye otra de las ventajas potenciales de esta tecnología.
Las baterías convencionales de ion-litio suelen utilizar electrolitos orgánicos inflamables. En determinadas condiciones de daño, sobrecalentamiento o fallo interno pueden experimentar una fuga térmica, una reacción que libera calor y puede provocar incendios.
Flint utiliza un electrolito de base acuosa y afirma haber eliminado determinados componentes inflamables y corrosivos.
En las demostraciones difundidas por la compañía, sus baterías continúan alimentando pequeños dispositivos incluso después de sufrir daños físicos. También se han sometido a pruebas de exposición directa a llamas.
Estos ensayos resultan prometedores, aunque no sustituyen las certificaciones de seguridad necesarias para su comercialización a gran escala.

¿Son realmente biodegradables?
La empresa presenta sus baterías como biodegradables y compostables, gracias al empleo de celulosa y otros materiales seleccionados para reducir su impacto ambiental.
No obstante, existe una diferencia importante entre incorporar materiales biodegradables y demostrar que una batería completa puede descomponerse sin generar residuos perjudiciales.
Para verificar esta característica sería necesario conocer las condiciones de degradación, el comportamiento de los componentes metálicos y los resultados de ensayos normalizados.
La eliminación de PFAS, litio, níquel y cobalto puede reducir determinados impactos asociados a la extracción de materias primas y la fabricación, pero no convierte automáticamente a la batería en un producto sin huella ambiental.
La compañía también sostiene que su proceso productivo, basado en agua, permite reducir costes y emisiones. Estas ventajas deberán contrastarse mediante análisis de ciclo de vida que incluyan la obtención de materiales, fabricación, transporte, utilización y gestión final.
Aunque Flint describa su tecnología como compostable, las baterías usadas no deben depositarse en el compost doméstico ni en el contenedor de residuos orgánicos sin una certificación y unas instrucciones de eliminación específicas.
De las pruebas de laboratorio a los dispositivos comerciales
El inicio de la fabricación en Singapur representa un avance importante porque permite evaluar una cuestión fundamental: si la tecnología puede producirse de forma repetible y con una calidad constante.
Flint utiliza un sistema de fabricación continua conocido como roll-to-roll, similar al empleado en determinadas industrias de impresión y recubrimiento.
Este procedimiento permite procesar materiales en láminas continuas, una característica que podría facilitar la producción de baterías delgadas y reducir los costes industriales.
La compañía ya colabora con Logitech en un proyecto piloto que contempla el empleo de baterías AAA. También está explorando aplicaciones en sensores, dispositivos conectados, periféricos informáticos y pequeños equipos electrónicos.
La Universidad Tecnológica de Nanyang ha informado asimismo de trabajos para incorporar estas baterías a dispositivos de otras marcas, lo que apunta a un interés industrial creciente.
¿Podrían sustituir a las baterías de litio?
El principal mercado a corto plazo no parece encontrarse en los coches eléctricos ni en las grandes instalaciones de almacenamiento renovable.
Las aplicaciones más realistas son aquellas que necesitan cantidades relativamente pequeñas de energía, valoran la seguridad y pueden beneficiarse de formatos flexibles.
Entre ellas destacan los sensores ambientales, dispositivos domésticos inteligentes, mandos a distancia, etiquetas electrónicas y equipos portátiles de bajo consumo.
Para competir en teléfonos móviles y otros aparatos más exigentes, Flint deberá demostrar que sus baterías mantienen una capacidad adecuada, soportan descargas elevadas y conservan sus prestaciones durante cientos de ciclos reales.
También tendrá que acreditar sus costes de fabricación y su comportamiento ambiental frente a tecnologías consolidadas.
La novedad más importante no es simplemente que una batería pueda incorporar papel, sino que una tecnología basada parcialmente en celulosa haya comenzado a fabricarse y probarse con empresas del sector electrónico.
Si consigue demostrar sus prestaciones a escala industrial, podría abrir una nueva vía para reducir el impacto de millones de pequeñas baterías utilizadas diariamente.
Más información: Flint Labs

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