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Esta camioneta Chevrolet funciona con madera, lleva 100.000 km sin gasolina y alcanza un récord de 125 km/h

6 julio, 2026 2 comentarios

3.1/5 - (7 votos)
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Un Chevrolet de 1983 recorre más de 100.000 km sin gasolina usando madera como combustible y alcanza los 125 km/h.

  • 🔥 Gas de madera como combustible para un motor V8 convencional.
  • 🛻 Más de 100.000 km recorridos sin utilizar gasolina, según sus propietarios.
  • 🌲 Astillas de madera transformadas en un gas combustible dentro del propio vehículo.
  • 🏁 Velocidad máxima de 125 km/h en una pista aeroportuaria cerrada.
  • ⏱️ Entre 5 y 10 minutos para poner en marcha el sistema.
  • ⚙️ Motor V8 de 5,7 litros funcionando sin modificaciones internas importantes.
  • 🌍 Tecnología histórica recuperada en plena búsqueda de alternativas a los combustibles fósiles.

Un Chevrolet de los años 80 convertido en una pequeña planta energética móvil

Un Chevrolet Fleetside de 1983 ha demostrado que una tecnología desarrollada hace más de un siglo todavía puede mover un vehículo de gran cilindrada y hacerlo a velocidades propias de una carretera convencional.

La camioneta pertenece al padre del creador del canal Jp Prat Projects y utiliza como combustible gas producido a partir de astillas de madera. Según sus propietarios, el vehículo ha recorrido más de 100.000 kilómetros sin consumir gasolina.

El proyecto resulta especialmente llamativo porque conserva un motor V8 de origen convencional. Bajo el capó trabaja un bloque Chevrolet de 350 pulgadas cúbicas, equivalente a unos 5,7 litros, fabricado en 1972.

La transformación principal no está dentro del motor. Se encuentra en la caja de carga.

Detrás de la cabina se ha instalado un voluminoso sistema encargado de convertir biomasa sólida en un combustible gaseoso capaz de alimentar el V8.

Y funciona. Con limitaciones evidentes, claro, pero funciona.

Cómo puede un motor de gasolina funcionar quemando madera

El corazón del sistema es un gasificador de biomasa.

Las astillas se introducen en un reactor metálico donde son sometidas a temperaturas elevadas con una cantidad controlada de oxígeno. Al restringir la combustión completa, la madera no se transforma únicamente en calor, cenizas y gases de escape.

Se produce una mezcla gaseosa combustible conocida como gas de síntesis pobre o gas de madera.

Entre sus componentes aparecen principalmente monóxido de carbono, hidrógeno, dióxido de carbono, metano y nitrógeno, aunque la composición varía según la humedad de la biomasa, la temperatura del reactor y el diseño del gasificador.

El monóxido de carbono y el hidrógeno aportan buena parte del poder energético aprovechable.

Después de abandonar el reactor, el gas debe enfriarse y atravesar diferentes etapas de limpieza. La instalación incorpora filtros destinados a evitar que partículas de ceniza, hollín y otros residuos lleguen hasta el motor.

Una válvula permite regular el flujo antes de introducir la mezcla combustible en la admisión.

El principio es relativamente sencillo. Hacerlo funcionar de manera estable durante miles de kilómetros ya es otra historia.

Un intento de récord después de viajar más de 200 kilómetros hasta la pista

El equipo decidió comprobar hasta dónde podía llegar la camioneta.

Para ello realizó un recorrido de 211 kilómetros hasta un aeropuerto, donde disponía de una pista cerrada para efectuar una prueba de velocidad sobre una milla, aproximadamente 1,61 kilómetros.

Durante el intento, el Chevrolet alcanzó 125 km/h.

Jp Prat Projects presenta la marca como un récord de velocidad para un vehículo propulsado con gas de madera en una prueba de este tipo. La cifra, sin embargo, debe interpretarse como una afirmación del propio proyecto, ya que no existe una categoría internacional ampliamente reconocida que permita comparar de manera sencilla este tipo de vehículos experimentales.

Más interesante que el supuesto récord es comprobar que una camioneta pesada, equipada con un antiguo V8 y alimentada exclusivamente mediante biomasa gasificada, puede circular durante largas distancias.

La velocidad es la anécdota. La autonomía energética es la parte realmente interesante del experimento.

Cuánta madera necesita para circular

Durante el viaje de ida y vuelta, incluyendo la prueba de velocidad, el vehículo registró un consumo aproximado de 36,5 kilogramos de madera cada 96,6 kilómetros, según los datos publicados por sus propietarios.

Eso equivale a unos 37,8 kilogramos por cada 100 kilómetros recorridos.

La cifra deja clara una de las grandes limitaciones de esta tecnología: la baja densidad energética volumétrica de la biomasa frente a los combustibles líquidos.

Un depósito de gasolina almacena una cantidad considerable de energía ocupando relativamente poco espacio. Las astillas necesitan mucho más volumen para proporcionar una autonomía equivalente.

Por este motivo, buena parte de la caja de carga suele utilizarse para transportar combustible.

Durante la prueba de velocidad, las bolsas de madera fueron trasladadas en un remolque arrastrado por un vehículo de apoyo. El objetivo era reducir el peso de la camioneta durante el intento.

Difícil imaginar una red de gasolineras llenando depósitos con sacos de astillas. Pero tampoco es ahí donde esta tecnología tiene más sentido.

Arrancar el vehículo requiere tiempo y mantenimiento

Conducir un vehículo de gasificación no consiste en girar una llave y salir inmediatamente.

Antes de poner en marcha el motor es necesario revisar y limpiar determinados componentes del sistema.

Las cenizas acumuladas deben retirarse. También conviene comprobar los filtros para impedir que el hollín alcance el motor.

Después comienza el encendido del gasificador.

En este Chevrolet se utiliza papel para iniciar la combustión en la parte inferior del reactor. Una vez alcanzada la temperatura necesaria comienza la producción estable de gas combustible.

Todo el proceso requiere aproximadamente entre 5 y 10 minutos.

Solo entonces puede arrancarse el motor.

La ventaja es que el V8 puede funcionar directamente con el gas generado y, según sus propietarios, no necesita gasolina como combustible auxiliar durante el arranque.

A cambio aparecen otras obligaciones: limpieza frecuente, gestión de cenizas, control de la humedad de la madera y mantenimiento del sistema de filtración.

Una tecnología que tuvo su gran momento durante la Segunda Guerra Mundial

Los vehículos alimentados mediante gasificación de madera están lejos de ser una novedad.

Durante la Segunda Guerra Mundial, la escasez de gasolina y diésel provocó la expansión de estos sistemas en varios países europeos.

Automóviles, camiones, autobuses y maquinaria agrícola fueron equipados con gasificadores.

La tecnología permitía utilizar recursos locales como madera, carbón vegetal y otros combustibles sólidos en un momento en el que los derivados del petróleo estaban sometidos a fuertes restricciones.

Terminada la guerra y recuperado el suministro de combustibles líquidos baratos, la mayoría de aquellos sistemas desaparecieron.

Eran pesados, requerían mantenimiento y ofrecían menor potencia.

La comodidad ganó la batalla.

Décadas después, el interés por la seguridad energética, la valorización de residuos forestales y la reducción del consumo de combustibles fósiles ha devuelto cierta atención a la gasificación.

Esta vez, principalmente para producir electricidad, calor y combustibles renovables.

La gasificación moderna va mucho más allá de mover vehículos antiguos

En la actualidad, el principal potencial de la gasificación de biomasa se encuentra en instalaciones estacionarias.

Pequeñas plantas pueden transformar residuos agrícolas, forestales o industriales en un gas combustible utilizado posteriormente para generar electricidad y calor mediante motores, turbinas o sistemas de cogeneración.

También existe una línea tecnológica más ambiciosa: limpiar y acondicionar el gas de síntesis para fabricar combustibles renovables y productos químicos.

Países con abundantes recursos forestales, como Finlandia y Suecia, llevan años desarrollando proyectos destinados a aprovechar residuos de la industria maderera.

En Europa, la revisión de la Directiva de Energías Renovables (RED III) ha reforzado los criterios de sostenibilidad aplicables a la biomasa energética. La procedencia del recurso, las emisiones asociadas a toda la cadena y la protección de los ecosistemas forestales tienen cada vez más peso.

No toda la madera puede considerarse automáticamente renovable.

Ahí está una de las claves.

El gran problema de los alquitranes y las partículas

Construir un gasificador funcional es relativamente accesible. Conseguir un gas suficientemente limpio para alimentar un motor durante miles de horas resulta bastante más complicado.

Durante el proceso pueden formarse alquitranes, partículas finas y compuestos corrosivos.

Si estos contaminantes alcanzan el motor, pueden acumularse en válvulas, conductos y cámaras de combustión, reduciendo la fiabilidad del sistema.

Por este motivo, buena parte de la investigación actual se concentra en mejorar los reactores, desarrollar filtros más eficientes y utilizar catalizadores capaces de transformar los alquitranes en gases aprovechables.

Los sistemas modernos también incorporan sensores y controles electrónicos para mantener estable la temperatura, regular la entrada de aire y optimizar la calidad del gas producido.

Un salto considerable respecto a los enormes gasificadores metálicos instalados en vehículos durante los años 40.

Por qué no veremos millones de coches funcionando con astillas

La camioneta demuestra que técnicamente es posible circular utilizando madera como fuente de energía.

Eso no significa que sea una alternativa razonable para sustituir la gasolina en el parque automovilístico mundial.

El volumen necesario para almacenar la biomasa, los tiempos de arranque, el mantenimiento del gasificador y la menor potencia disponible dificultan su utilización cotidiana.

Además, utilizar madera para alimentar millones de vehículos generaría una presión enorme sobre los recursos forestales.

Para el transporte ligero, la electrificación directa mediante baterías resulta generalmente mucho más eficiente en el uso de energía renovable.

La gasificación puede encontrar mejores oportunidades en maquinaria estacionaria, explotaciones agrícolas, comunidades aisladas, industrias forestales y sistemas energéticos descentralizados donde existe biomasa residual disponible cerca del lugar de consumo.

También puede funcionar como solución de emergencia en lugares con dificultades para acceder a combustibles convencionales.

Un experimento mecánico con una pregunta muy actual

El Chevrolet de Jp Prat Projects es una curiosidad tecnológica, pero también plantea una cuestión que gana importancia en un mundo preocupado por la dependencia energética.

¿Qué recursos disponibles localmente pueden utilizarse para producir energía?

Durante décadas, el sistema energético se ha construido alrededor de combustibles concentrados, fáciles de transportar y comercializados mediante grandes redes internacionales.

La transición energética está recuperando otra lógica: generación distribuida, aprovechamiento de residuos y recursos próximos al lugar de consumo.

La madera no sustituirá al petróleo como combustible universal.

Tampoco debería hacerlo.

Pero convertir residuos forestales en calor, electricidad o combustibles renovables puede formar parte de sistemas energéticos más diversos y resistentes.

GAZ-42, el camión soviético que cambió gasolina por leña

Mucho antes del Chevrolet de Jp Prat Projects, la escasez de combustibles ya había convertido la gasificación de madera en una solución práctica para el transporte. Uno de los ejemplos más conocidos fue el GAZ-42, un camión soviético producido desde finales de la década de 1930 a partir del popular GAZ-AA.

El vehículo incorporaba un voluminoso gasificador capaz de transformar madera en un gas combustible que alimentaba el motor. La contrapartida era evidente: menos potencia, menor capacidad de carga y tiempos de puesta en marcha más largos que los de un camión convencional. Aun así, podía continuar circulando en lugares donde conseguir gasolina resultaba complicado.

El GAZ-42 fue utilizado durante la Segunda Guerra Mundial y demostró una de las principales ventajas de esta tecnología: reducir la dependencia de combustibles líquidos utilizando recursos disponibles localmente. Los conductores podían transportar su propia reserva de madera y reponer combustible allí donde existiera biomasa adecuada.

Más de ocho décadas después, el Chevrolet estadounidense alimentado con astillas recupera aquella misma idea con materiales, filtros y conocimientos técnicos actuales. El contexto ha cambiado por completo, pero ambos vehículos comparten una característica poco habitual: convertir un combustible sólido y voluminoso en gas aprovechable directamente a bordo.

El GAZ-42 recuerda que los vehículos de gasificación no son únicamente experimentos mecánicos modernos. En momentos de escasez energética llegaron a desempeñar un papel real en el transporte, una experiencia histórica que hoy vuelve a resultar interesante ante la búsqueda de sistemas energéticos más resilientes y capaces de aprovechar recursos locales.

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Publicado en: Biocombustibles

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Comentarios

  1. julian dice

    7 julio, 2026 a las 11:36

    vivimos en un mundo absurdo en el que un coche que quema madera a destajo se considera un producto ecológico y digno de mencionar en un medio ecologista

    Responder
    • AJ dice

      25 julio, 2026 a las 12:58

      ¿Y si funcionara con pellets?

      Responder

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