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Estudiantes suizos desarrollan y prueban con éxito un motor cohete de detonación rotativa que aumenta hasta un 20% la potencia usando el mismo combustible

19 mayo, 2026 Deja un comentario

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Daniel Winkler / ETH Zurich

Equipo suizo logra generar ondas de detonación estables en un innovador motor cohete más eficiente y compacto.

  • 📌 Motor cohete de detonación rotativa desarrollado por estudiantes suizos.
  • 🚀 Hasta un 20% más potencia con la misma cantidad de combustible.
  • 🔥 Detonaciones controladas en lugar de combustión convencional.
  • 🧪 Pruebas reales con oxígeno líquido y propano en Suiza.
  • 🌍 Carrera internacional por motores espaciales más eficientes.
  • ⚙️ Impresión 3D en cobre, sensores de alta velocidad y diseño experimental.
  • 👨‍🎓 Proyecto universitario convertido en investigación puntera.
  • 🌱 Menor consumo de combustible potencial para futuras misiones espaciales.

Estudiantes suizos logran encender un motor cohete de nueva generación

Un grupo de estudiantes de la iniciativa espacial Aris, vinculada a la ETH Zurich, ha conseguido algo que hace pocos años parecía reservado únicamente a agencias espaciales y grandes empresas aeroespaciales: desarrollar y probar un motor cohete de detonación rotativa con combustible líquido.

El proyecto, bautizado como Pegasus, gira alrededor de una tecnología experimental conocida como Rotating Detonation Rocket Engine (RDRE). Este tipo de propulsión lleva décadas despertando interés porque promete una mejora importante en eficiencia y potencia frente a los motores químicos tradicionales. En algunos escenarios, las estimaciones apuntan a incrementos de rendimiento de entre un 10% y un 20% utilizando la misma cantidad de combustible.

Y en el mundo espacial, donde el combustible puede representar hasta el 90% del peso total del lanzamiento, una mejora aparentemente pequeña cambia muchísimo las reglas del juego.

Cómo funciona un motor de detonación rotativa

Los motores cohete convencionales funcionan mediante una combustión continua y relativamente estable. El combustible se mezcla con un oxidante y arde de manera sostenida para generar empuje.

En un RDRE, el proceso es bastante distinto. Aquí la energía se libera mediante ondas de detonación supersónicas que giran continuamente dentro de una cámara anular. No hay una llama estable clásica. Lo que existe es una secuencia extremadamente rápida de microexplosiones controladas.

Esa diferencia parece técnica, pero tiene implicaciones enormes. Las detonaciones generan presiones y temperaturas mucho más elevadas, lo que permite aprovechar mejor la energía química almacenada en el combustible.

Dicho de otra forma: más empuje con menos pérdidas.

Además, estos motores podrían reducir la complejidad mecánica de algunos sistemas de compresión y alimentación, permitiendo diseños más compactos y ligeros. Y en aeronáutica o exploración espacial, cada kilogramo importa. Mucho.

Un desafío brutal para los materiales

Claro, el problema llega después.

Las ondas de detonación pueden recorrer la cámara hasta 20.000 veces por segundo, sometiendo al motor a tensiones extremas. El calor, la vibración y las variaciones de presión son tan intensas que muchos materiales simplemente no soportan las pruebas.

Por eso el equipo utilizó una estructura fabricada en cobre mediante impresión 3D, una técnica cada vez más utilizada en el sector aeroespacial por su capacidad para crear geometrías internas muy complejas y sistemas avanzados de refrigeración.

El verdadero corazón del sistema fue el inyector diseñado por el estudiante Mattia Röösli, encargado de mezclar propano y oxígeno líquido en milisegundos y evitar que la onda de detonación retrocediera hacia las líneas de suministro. Un error ahí podría destruir el motor instantáneamente.

Y sí, un poco de locura controlada también hace falta para construir algo así con apenas unos años de carrera universitaria.

La carrera internacional por los RDRE ya ha comenzado

Aunque este proyecto universitario ha llamado mucho la atención, la tecnología RDRE lleva años siendo investigada por potencias espaciales y centros de defensa.

NASA ya ha realizado pruebas terrestres con motores de detonación rotativa de mayor tamaño. Japón incluso consiguió probar esta tecnología en el espacio, convirtiéndose en el primer país en hacerlo. También existen investigaciones activas en Polonia, China y Estados Unidos.

La razón es sencilla: el sector espacial está entrando en una etapa donde la eficiencia empieza a ser tan importante como la potencia.

Con el auge de los satélites pequeños, las constelaciones orbitales y futuras misiones lunares y marcianas, reducir costes de lanzamiento se ha convertido en una obsesión tecnológica. Empresas privadas y agencias públicas buscan motores más ligeros, reutilizables y menos complejos.

Los RDRE podrían encajar perfectamente en esa transición.

El momento clave: tres ondas de detonación estables

Tras un primer intento fallido, el equipo ajustó la inyección de propano y volvió a intentarlo durante una fría noche en el aeródromo de Dübendorf, en Suiza.

Entonces ocurrió.

Las cámaras de alta velocidad y los sensores confirmaron la formación de tres ondas de detonación estables dentro del motor.

Puede parecer un detalle pequeño para quien no siga el mundo aeroespacial, pero técnicamente representa un avance enorme. Conseguir estabilidad en un sistema basado en detonaciones supersónicas es uno de los principales obstáculos de esta tecnología.

Y lo lograron estudiantes universitarios.

Eso también dice bastante sobre cómo está cambiando la investigación tecnológica actual. Universidades, startups y pequeños laboratorios ya pueden desarrollar prototipos avanzados gracias a herramientas como simulación computacional, impresión 3D metálica y electrónica de bajo coste. Hace veinte años, esto habría requerido presupuestos gigantescos.

El regreso de la ingeniería experimental

Hay algo especialmente interesante en esta historia y no tiene que ver solo con los motores.

El proyecto refleja el regreso de una forma de ingeniería muy física, muy práctica. Menos presentaciones vacías y más pruebas reales. Más prototipos quemados. Más sensores explotando. Más estudiantes aprendiendo directamente en el taller.

El propio equipo reconoce que muchas veces avanzaron sin tener todas las respuestas. Bocetos, discusiones, simulaciones, errores, piezas impresas, nuevas pruebas… así se construyó el motor.

Y quizá ahí está una de las partes más valiosas del proyecto.

En un momento donde gran parte de la innovación tecnológica parece girar alrededor del software y la inteligencia artificial, iniciativas como Pegasus recuerdan que la transición tecnológica también necesita ingenieros capaces de construir hardware complejo en el mundo real.

Con frío, ruido, combustible criogénico y olor a metal caliente.

Potencial

La tecnología RDRE todavía se encuentra en fase experimental, pero podría abrir la puerta a sistemas de propulsión espacial mucho más eficientes durante las próximas décadas.

Entre sus aplicaciones potenciales destacan:

  • Lanzadores espaciales con menor consumo de combustible.
  • Satélites más ligeros y económicos.
  • Misiones científicas de larga duración con mejores márgenes energéticos.
  • Integración futura con combustibles más sostenibles o sintéticos.
  • Desarrollo de tecnologías térmicas y materiales aplicables a otros sectores industriales.
  • Avances en fabricación aditiva metálica y sistemas de refrigeración extrema.

También podría acelerar una tendencia importante: la democratización del acceso al espacio. Si los costes de lanzamiento bajan gracias a motores más eficientes, universidades, centros de investigación y pequeños países podrían acceder a tecnologías espaciales que hoy siguen siendo prohibitivas.

Todavía queda muchísimo camino. Los RDRE continúan siendo complejos, difíciles de controlar y caros de desarrollar. Pero ya no son una idea teórica perdida en artículos científicos.

Ahora rugen de verdad. Aunque sea durante unos segundos.

Vía ETH Zurich

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Publicado en: Eficiencia energética

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