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Físicos de la Universidad de Colorado desarrollan un aislante transparente que bloquea el calor con casi total transparencia, permite aislar ventanas térmicamente con solo 5 mm de espesor

12 diciembre, 2025 Deja un comentario

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Glenn Asakawa/CU Boulder

Investigadores de la Universidad de Colorado diseñan gel de sílice poroso que aísla como un aerogel pero deja pasar el 99.8 % de la luz.

  • 🪟 MOCHI: nuevo aislante transparente para ventanas.
  • 🔒 Función: bloquea el calor sin perder la vista.
  • ⚡ Impacto: mejora la eficiencia energética de edificios.
  • ☀️ Potencial: puede aprovechar energía solar.
  • 🧪 Estado: solo se fabrica en laboratorio, aún no comercial.

Nuevo aislamiento para ventanas bloquea el calor, pero no la vista

Un equipo de físicos de la Universidad de Colorado Boulder ha desarrollado un material capaz de resolver uno de los grandes dilemas de la eficiencia energética en edificios: aislar sin perder transparencia. El resultado es MOCHI (Mesoporous Optically Clear Heat Insulator), un aislante casi invisible que actúa como una barrera térmica eficaz sin oscurecer las ventanas ni alterar la entrada de luz natural.

La idea no es menor. En la mayoría de los edificios, las paredes están bien aisladas, pero las ventanas siguen siendo el gran coladero térmico. Sellarlas por completo no es una opción. Vivir a oscuras, tampoco. Aquí es donde entra MOCHI, un material pensado específicamente para ese punto débil del diseño arquitectónico moderno.

El material se presenta en forma de láminas o paneles muy finos, fácilmente aplicables en la cara interior del vidrio. A día de hoy solo se fabrica en laboratorio, pero los investigadores subrayan que es duradero, estable y prácticamente transparente, una combinación poco habitual en el mundo del aislamiento térmico.

El reto de aislar sin tapar

Como explica Ivan Smalyukh, profesor de Física y autor principal del estudio publicado en Science, el problema no es nuevo: aislar paredes es relativamente sencillo, pero aislar superficies transparentes ha sido históricamente complicado. La mayoría de los materiales que bloquean el calor también dispersan la luz, creando ese aspecto lechoso tan poco atractivo.

MOCHI esquiva ese problema desde la base. No intenta bloquear la radiación con capas reflectantes ni tintes oscuros. Lo hace controlando algo mucho más básico: el movimiento del aire a escala microscópica.

Edificios que pierden energía sin que se note

Los edificios —viviendas, oficinas, hospitales, escuelas— consumen en torno al 40 % de la energía mundial. Una parte significativa de esa energía se pierde en intercambios térmicos no deseados: calor que se escapa en invierno y que entra en verano. Todo eso se compensa con calefacción y aire acondicionado. Más consumo. Más emisiones.

Reducir esas pérdidas no requiere tecnologías futuristas ni cambios radicales en la forma de construir. A veces basta con mejorar lo que ya existe. Y las ventanas son un objetivo evidente.

MOCHI es, en esencia, un gel de silicona con más de un 90 % de aire en su interior. Pero no aire cualquiera. Está atrapado en una red extremadamente ordenada de poros microscópicos, miles de veces más finos que un cabello humano. Tan pequeños que las moléculas de gas apenas pueden moverse libremente.

Aislar con aire, pero bien

El principio físico es sencillo, aunque la ejecución no lo es tanto. El calor se transmite en los gases cuando las moléculas chocan entre sí y transfieren energía. En MOCHI, los poros son tan diminutos que esas colisiones casi no ocurren. Las moléculas chocan contra las paredes del material y ahí se quedan. El calor avanza mucho más despacio.

El resultado es llamativo: una lámina de apenas 5 milímetros es capaz de bloquear el calor de una llama sin quemar la mano que la sostiene. Y todo ello manteniendo una reflectancia de la luz de solo el 0,2 %, prácticamente imperceptible al ojo humano.

Más claro que muchos vidrios “eficientes”

Comparado con los aerogeles —ya usados, por ejemplo, por la NASA—, MOCHI ofrece una ventaja clave: no dispersa la luz. Los aerogeles tienen poros distribuidos de forma aleatoria, lo que provoca ese aspecto turbio, casi de humo congelado. MOCHI, en cambio, presenta una estructura mucho más regular, diseñada específicamente para dejar pasar la luz visible.

La fabricación se basa en el uso de surfactantes, moléculas que se agrupan de forma natural formando estructuras alargadas. Sobre ellas se deposita la silicona. Posteriormente, esas estructuras se eliminan y se sustituyen por aire, dejando una red interna que recuerda —según el propio equipo— a una auténtica pesadilla para cualquier fontanero.

Aplicaciones más allá de la ventana

Aunque el uso más evidente es el aislamiento de ventanas en edificios, el potencial va más allá. Los investigadores apuntan a sistemas capaces de capturar y retener el calor solar, incluso en días nublados, para calentar agua o apoyar la climatización interior sin recurrir a combustibles fósiles.

En un contexto donde la rehabilitación energética de edificios gana peso —especialmente en Europa, con normativas cada vez más estrictas sobre eficiencia—, materiales como MOCHI encajan bien en estrategias de renovación pasiva, sin obras complejas ni cambios estructurales.

Producción y realidad industrial

Por ahora, MOCHI no está listo para el mercado. Su fabricación sigue siendo lenta y artesanal. Pero hay un detalle importante: los materiales de partida son relativamente baratos, y el proceso, según el equipo, es escalable. No se trata de un material exótico ni dependiente de recursos escasos.

Esto abre la puerta a que, con inversión y optimización industrial, pueda convertirse en una solución realista para viviendas existentes, no solo para edificios de alta gama o proyectos experimentales.

Potencial

MOCHI no va a solucionar por sí solo la crisis climática, claro. Pero encaja bien en una idea clave: hacer que los edificios trabajen a favor del clima, no en contra. Aplicado en rehabilitaciones, podría mejorar el confort térmico sin disparar el consumo. En climas extremos, ayudaría a amortiguar picos de calor y frío. En ciudades densas, permitiría reducir la carga sobre redes eléctricas saturadas.

A medio plazo, tecnologías así pueden complementar otras estrategias ya en marcha: autoconsumo solar, bombas de calor, diseño bioclimático. No se trata de una revolución ruidosa, sino de una mejora silenciosa, casi invisible. Como el propio material. Y a veces, eso es justo lo que hace falta.

Vía University of Colorado Boulder

Más información: Amit Bhardwaj et al, Mesoporous optically clear heat insulators for sustainable building envelopes, Science (2025). DOI: 10.1126/science.adx5568

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Publicado en: Arquitectura sostenible

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