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Ingenieros del MIT diseñan batería térmica con bloques de carbono a 2.400 °C capaz de almacenar energía durante más de 100 horas, supera en coste al litio a escala de red

18 marzo, 2026 Deja un comentario

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Tecnología basada en termofotovoltaica convierte calor extremo en electricidad con más del 40% de eficiencia para almacenamiento a gran escala.

  • Exceso de energía → calor extremo → almacenamiento.
  • Bloques de carbono a más de 2.000 °C.
  • Metal líquido como transporte térmico.
  • Conversión luz → electricidad (TPV).
  • Más de 40 % de eficiencia en laboratorio.
  • Hasta 100 horas de almacenamiento.
  • Alternativa potencial al litio a gran escala.
  • Alta densidad energética → menor coste.
  • Modularidad → adaptación a red eléctrica.
  • Aplicación directa en industria y centros de datos.

Convertir calor extremo en almacenamiento energético a gran escala

La idea de almacenar energía en forma de calor no es nueva. Lo que sí cambia aquí es la escala térmica y la ambición del diseño. En lugar de trabajar con sales fundidas o gases a temperaturas relativamente “moderadas”, este sistema lleva el concepto al límite: bloques de carbono calentados hasta entre 1.900 y 2.400 °C.

A esas temperaturas, la física empieza a jugar a favor. El material no solo almacena energía: emite una enorme cantidad de radiación térmica, lo que permite recuperar electricidad de forma más eficiente. Es una lógica sencilla pero potente: cuanto más caliente, más energía disponible en forma de luz.

Y aquí está la clave: no se trata solo de guardar energía, sino de hacerlo de forma densa, compacta y económicamente viable.

De calor a electricidad: el papel de las células termofotovoltaicas

En este sistema, el calor no se convierte directamente en vapor ni mueve turbinas. Se transforma en luz. Y esa luz se convierte en electricidad gracias a las células termofotovoltaicas (TPV), una tecnología similar a los paneles solares, pero diseñada para captar radiación térmica intensa.

Cuando los bloques de carbono alcanzan temperaturas extremas, brillan en blanco, liberando una radiación muy energética. Las TPV capturan esa radiación y la convierten en electricidad con eficiencias que ya superan el 40 % en laboratorio, una cifra notable para este tipo de conversión.

Lo interesante es la flexibilidad: las células pueden acercarse o alejarse de la fuente de luz, permitiendo regular la producción eléctrica casi en tiempo real. No es una batería pasiva. Responde.

Materiales que desafían los límites

Uno de los mayores retos en sistemas térmicos siempre ha sido el mismo: los materiales fallan. Se deforman, se corroen, se agrietan.

Aquí se rompe con esa lógica. En lugar de depender de metales caros y sensibles a altas temperaturas, el sistema utiliza carbono y grafito, materiales capaces de soportar condiciones extremas sin degradarse rápidamente.

Además, el uso de metal líquido (como el estaño) para transportar el calor introduce una solución elegante: fluye como un líquido, pero soporta temperaturas muy elevadas sin reaccionar con el carbono. Menos corrosión. Menos mantenimiento. Menos coste.

Es un cambio de paradigma en ingeniería: no diseñar primero el sistema y luego buscar materiales, sino partir de los materiales y construir el sistema alrededor de ellos.

Almacenamiento de larga duración: el verdadero cuello de botella

El gran problema de las renovables no es generar energía. Es cuándo hacerlo. El sol no siempre brilla. El viento no siempre sopla.

Aquí es donde estas baterías térmicas pueden marcar la diferencia. Frente a las baterías de ion-litio, optimizadas para horas, este sistema apunta a duraciones de entre 10 y más de 100 horas.

Eso abre la puerta a algo clave: almacenamiento estacional o de varios días, algo imprescindible para redes eléctricas con alta penetración renovable.

Además, el coste por almacenamiento promete ser significativamente menor a gran escala. Y eso cambia las reglas del juego.

Modularidad y escalabilidad real

Otro punto fuerte del sistema es su diseño modular. No obliga a una inversión masiva desde el inicio.

Una instalación puede empezar con un módulo básico y ampliarse según crece la demanda. Más bloques de almacenamiento → más horas de autonomía. Sin rediseñar todo el sistema.

Esto encaja bien con el contexto actual: redes eléctricas en transformación, con necesidades cambiantes y cada vez más presión por integrar renovables.

Más allá de la red: industria y centros de datos

El potencial no se limita al sistema eléctrico. Hay dos sectores especialmente relevantes:

Por un lado, la industria pesada, donde gran parte del consumo energético es calor, no electricidad. Este tipo de baterías podría suministrar calor industrial directo, reduciendo el uso de gas natural en procesos como acero, cemento o química.

Por otro, los centros de datos, cuya demanda energética no deja de crecer. Estas infraestructuras necesitan energía constante, fiable y cada vez más limpia. Un sistema capaz de almacenar energía durante días podría estabilizar su suministro sin depender de combustibles fósiles.

Vía Massachusetts Institute of Technology

Más información: Fourth Power

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Publicado en: Almacenamiento de energía

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