
Científicos de RMIT crean superficie de silicio con nanoespinas que perforan virus y eliminan su infectividad sin químicos.
- 🦠 Superficie con nanopilares invisibles.
- ⚙️ Acción mecánica, sin químicos.
- 🧪 Hasta 96 % de virus inactivados en 6 horas.
- 🏥 Aplicación en hospitales, transporte, espacios públicos.
- 🌱 Menos desinfectantes, menor impacto ambiental.
- 📱 Posible uso en pantallas, teclados, barandillas.
Nanotexturas que destruyen virus al contacto
En espacios compartidos, el contagio de infecciones respiratorias sigue siendo una realidad cotidiana. No hace falta mucho: una superficie mal desinfectada, un pomo, una mesa. Y ahí es donde esta innovación empieza a tener sentido. No como solución mágica, pero sí como cambio de enfoque.
Un equipo de investigadores de la Universidad RMIT (Australia) ha desarrollado una superficie nanotexturizada de silicio capaz de inactivar virus mediante un mecanismo puramente físico. Nada de biocidas, nada de recubrimientos químicos agresivos. Aquí lo interesante es que el propio diseño de la superficie hace el trabajo.
Cómo funciona realmente esta superficie antiviral
A simple vista, el material parece negro y uniforme. Pero a escala nanométrica, la historia cambia por completo. Está cubierto por millones de nanopilares extremadamente afilados, estructuras tan pequeñas que resultan invisibles al ojo humano.
Cuando una partícula viral entra en contacto con esta superficie, ocurre algo bastante directo: los nanopilares perforan la envoltura lipídica del virus, una especie de membrana protectora que le permite infectar células. Al romperse esa estructura, el virus pierde integridad… y deja de ser infeccioso.
No hay reacción química. No hay degradación progresiva. Es una destrucción mecánica, casi como pinchar un globo microscópico.

Los ensayos realizados con el virus respiratorio hPIV-3 mostraron que esta superficie logra eliminar hasta un 96 % de la infectividad en unas 6 horas, mientras que en superficies lisas los virus permanecen prácticamente intactos.
Y hay un detalle interesante: cuanto más juntos están los nanopilares, mayor es el efecto. Más puntos de presión sobre cada virus, más probabilidad de ruptura. Parece obvio, pero no lo es tanto a esa escala.
Más allá del laboratorio: posibles aplicaciones reales
Este tipo de tecnología abre la puerta a algo que hasta ahora ha sido complicado: superficies pasivas que reducen contagios sin intervención constante.
Se está pensando en aplicaciones muy concretas:
- Mesas y equipos hospitalarios, donde la carga viral puede ser crítica.
- Pantallas táctiles, desde móviles hasta cajeros automáticos.
- Transporte público, especialmente en barras y zonas de contacto frecuente.
- Centros educativos y oficinas, donde la rotación de personas es alta.
Lo relevante aquí es que el material puede adaptarse a procesos industriales existentes, como el roll-to-roll, que permite fabricar películas plásticas a gran escala. Esto acerca la tecnología a un escenario realista, no solo experimental.
Además, investigaciones previas en superficies bactericidas —como ciertos aceros modificados— ya habían demostrado que la textura importa tanto como el material. Esta línea de desarrollo se está consolidando poco a poco.

Retos técnicos y lo que aún falta por demostrar
Aunque los resultados son prometedores, todavía quedan preguntas abiertas.
Por ejemplo, la eficacia frente a otros virus como SARS-CoV-2 o el virus respiratorio sincitial (RSV) aún no se ha validado experimentalmente en este material concreto, aunque los mecanismos sugieren que debería funcionar de forma similar.
También hay que evaluar la durabilidad real del recubrimiento en condiciones de uso intensivo: abrasión, suciedad, limpieza habitual… En laboratorio todo es controlado, en la calle ya es otra historia.
Y luego está el coste. Para que esto llegue a gran escala, debe competir con soluciones mucho más baratas, aunque menos sostenibles.
Vía RMIT University
Más información: ‘Designing Scalable Mechano-Virucidal Nanostructured Acrylic Surfaces for Enhanced Viral Inactivation’, is published in Advanced Science. (DOI: 10.1002/advs.202521667)



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