
Las sepias demostraron autocontrol al esperar por una recompensa mejor (como camarones), en lugar de tomar una opción inmediata. Este comportamiento se comparó con el famoso “test del malvavisco” usado en niños para medir la capacidad de esperar por una mejor recompensa.
- Sepias: control y memoria sorprendentes.
- Espera voluntaria por mejor alimento.
- Inteligencia sin necesidad de vida social.
- Capacidad de aprendizaje rápida y flexible.
- Posible vínculo entre camuflaje y decisiones complejas.
- Indicios de evolución cognitiva independiente.
Las sepias muestran niveles de autocontrol y razonamiento que rivalizan con los de primates
Las sepias, pequeños moluscos marinos conocidos por su capacidad para camuflarse, están desafiando nuestras ideas sobre la inteligencia animal. Nuevos estudios revelan que estos cefalópodos no solo se esconden bien, sino que también piensan antes de actuar, mostrando un autocontrol comparable al de algunos mamíferos sociales.
La capacidad de esperar de las sepias
En un experimento inspirado en el famoso test del malvavisco, investigadores ofrecieron a las sepias una recompensa inmediata —un camarón menos apetitoso— o la posibilidad de esperar por uno más sabroso. La mayoría eligió esperar, demostrando un dominio del impulso que no se esperaba en una especie sin comportamiento social complejo.
Este hallazgo es aún más llamativo si se considera que las sepias no almacenan comida ni cooperan en grupo, comportamientos que suelen asociarse con el desarrollo de la capacidad de planificación. Aun así, mostraron una habilidad clara para evaluar beneficios a largo plazo, tolerando retrasos de hasta 130 segundos para obtener una mejor recompensa. Ese umbral temporal las coloca al nivel de especies como los cuervos, los chimpancés y los loros.
Mirando dentro de mentes inesperadamente complejas
El trabajo fue liderado por la ecóloga del comportamiento Alexandra Schnell, de la Universidad de Cambridge, y realizado junto con el biólogo marino Roger Hanlon del Marine Biological Laboratory. La pregunta que guió la investigación fue directa: ¿Puede una sepia mostrar la misma flexibilidad mental que un primate o un ave inteligente?
Los resultados parecen indicar que sí. En pruebas adicionales, las sepias más pacientes también fueron las más hábiles para adaptarse a cambios de reglas. Ante dos figuras con significados invertidos, lograron aprender rápidamente cuál era la nueva opción correcta, superando un reto que exige olvidar lo aprendido y reajustar el comportamiento.
Este tipo de tarea, conocida como aprendizaje por reversión, pone a prueba la capacidad cognitiva adaptativa. Y, sorprendentemente, las sepias lo superaron con menos intentos que muchas especies vertebradas.
Memorias que no se desvanecen
Más allá del autocontrol, las sepias también han demostrado tener una memoria episódica robusta. Recuerdan qué comieron, cuándo lo hicieron y dónde lo encontraron, incluso en edad avanzada. Este tipo de memoria, rara fuera de los humanos y algunos mamíferos, implica una organización mental compleja del tiempo y el espacio.
Algunos estudios incluso sugieren que podrían ser susceptibles a falsos recuerdos, una característica hasta ahora muy poco documentada en animales invertebrados. Esto abre la puerta a pensar que su manera de almacenar información no es mecánica, sino reconstruida según contexto, como ocurre en los humanos.
Por qué importa que las sepias sepan esperar
En el reino animal, la capacidad de esperar por algo mejor no es un rasgo universal. Los perros, por ejemplo, tienden a fallar en estas pruebas si no han sido entrenados, y los primates solo lo logran cuando las condiciones son claras. Lo sorprendente en las sepias es que nunca habían tenido incentivos evolutivos obvios para desarrollar esta habilidad.
Una posible explicación radica en su estilo de vida. Al depender del camuflaje para sobrevivir, moverse constantemente en busca de presas menores representa un riesgo innecesario. Esperar el momento adecuado para atacar una presa de mayor valor podría haber sido una estrategia evolutiva más eficaz que la impulsividad.
Así, su autocontrol podría ser una adaptación silenciosa al peligro constante, más que un reflejo de habilidades sociales o manipulativas. Esta teoría también refuerza la idea de que la inteligencia no siempre evoluciona a partir de la cooperación, sino también desde la soledad y el sigilo.
Inteligencia desde otro rincón del árbol evolutivo
Tradicionalmente, la ciencia ha centrado su estudio de la inteligencia en animales con cerebros grandes y estructuras sociales sofisticadas. Pero las sepias, sin estas características, están logrando niveles de rendimiento cognitivo similares, desafiando esa narrativa.
Estos descubrimientos empujan a los científicos a reconsiderar cómo y por qué surge la inteligencia. En vez de depender exclusivamente de cerebros grandes, podría desarrollarse cuando una especie enfrenta presiones ambientales complejas, como esconderse eficazmente, decidir cuándo atacar o adaptarse rápidamente a cambios en su entorno.
En este sentido, las sepias se suman a una lista creciente de animales que muestran inteligencia distribuida y funcional, incluso sin corteza cerebral.
Más información: Cuttlefish exert self-control in a delay of gratification task | Proceedings of the Royal Society B: Biological Sciences



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