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Investigadores chinos desarrollan un adhesivo reciclable que pega bajo el agua en 10 segundos y dura más de 3 años

29 agosto, 2026 Deja un comentario

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Imagen representativa generada por IA

Nuevo pegamento supramolecular alcanza 1,1 MPa en solo 10 segundos bajo el agua y soporta 2 kg durante más de 3 años.

  • 💧 Adhesión directa bajo el agua.
  • ⚡ 1,1 MPa de resistencia en solo 10 segundos.
  • 🧱 Cerámica, cobre, resina epoxi y poliamida.
  • ♻️ Hasta 8 ciclos de reciclaje sin pérdida observable de rendimiento.
  • 🌊 Más de 3 años soportando 2 kg bajo el agua.
  • 🔧 Potencial para reparaciones marinas, tuberías y estructuras offshore.

Investigadores chinos crean un adhesivo reciclable que pega bajo el agua en 10 segundos y dura más de 3 años

¿Por qué importa?

Reparar una estructura sumergida suele implicar trabajar contra un enemigo bastante difícil de eliminar: la propia agua situada entre el adhesivo y la superficie. Un equipo de investigadores chinos ha desarrollado un material supramolecular capaz de desplazar esa película de agua, adherirse rápidamente y mantenerse estable durante largos periodos.

La parte especialmente interesante está en su diseño. El adhesivo puede volver a disolverse y reutilizarse, una propiedad poco habitual en materiales concebidos para formar uniones resistentes y duraderas. Esa combinación de rapidez, resistencia y reversibilidad podría resultar útil en infraestructuras marinas donde desmontar, sustituir o reparar componentes sigue siendo una operación compleja.

El verdadero problema de pegar algo debajo del agua

Aplicar pegamento sobre una superficie seca parece sencillo porque el adhesivo puede entrar directamente en contacto con el material.

Bajo el agua cambia todo.

Las superficies quedan cubiertas por una capa de hidratación formada por moléculas de agua. Aunque tenga un espesor diminuto, funciona como una barrera entre el adhesivo y el objeto. El pegamento tiene que desplazarla antes de conseguir una unión íntima con el material.

Además, el propio medio acuático puede diluir algunos componentes, interferir en las reacciones de curado o debilitar progresivamente la interfaz.

Por eso muchos adhesivos utilizados en aplicaciones marinas necesitan superficies previamente preparadas, tiempos de curado relativamente largos o formulaciones específicas.

El material desarrollado en China aborda el problema desde otro ángulo: utiliza el comportamiento de los líquidos para expulsar el agua de la interfaz mientras el propio adhesivo se organiza.

Un líquido que se convierte rápidamente en una red resistente

El material recibe el nombre de BP16TPB y está basado en un líquido iónico supramolecular.

En términos sencillos, se trata de un sistema formado por moléculas capaces de asociarse mediante interacciones reversibles. No depende únicamente de enlaces químicos permanentes para mantener su estructura.

Los investigadores mezclaron este material con dimetilsulfóxido (DMSO), un disolvente miscible con agua, creando una formulación que puede aplicarse directamente sobre objetos sumergidos.

Cuando entra en contacto con el agua comienza el proceso clave.

El DMSO empieza a difundirse hacia el medio acuático. Esa transferencia provoca diferencias locales de tensión superficial y aparece el denominado efecto Marangoni.

El efecto Marangoni hace buena parte del trabajo

El efecto Marangoni describe el movimiento de un líquido provocado por diferencias en su tensión superficial.

Puede observarse en numerosos fenómenos cotidianos y procesos industriales. En este caso adquiere una función bastante concreta: favorece el desplazamiento de la capa de agua situada entre el adhesivo y la superficie.

Mientras ocurre ese intercambio de disolvente, las moléculas del BP16TPB empiezan a agruparse.

El precursor inicialmente fluido termina formando una red supramolecular compacta y resistente al agua.

En esa estructura intervienen varios tipos de interacciones moleculares reversibles, entre ellas puentes de hidrógeno, interacciones π-π y fuerzas electrostáticas.

El resultado es llamativo por su velocidad.

Sobre cerámica sumergida, el material consiguió aproximadamente 1,1 MPa de resistencia de adhesión después de solo 10 segundos.

Tras cinco minutos alcanzó alrededor de 1,3 MPa.

No necesita esperar horas para desarrollar una unión apreciable. Y eso, para determinadas operaciones de mantenimiento, puede marcar una diferencia importante.

No funciona únicamente sobre cerámica

El equipo probó la estrategia sobre materiales bastante diferentes.

Entre ellos aparecen cobre, resina epoxi y poliamida, además de otros sustratos estudiados durante la investigación.

La diversidad importa porque una infraestructura marina rara vez está construida con un único material. Un barco, una instalación portuaria, una plataforma offshore o un sistema de monitorización submarino pueden combinar metales, polímeros, composites, recubrimientos y materiales cerámicos.

También se realizaron ensayos en agua salina y medios ácidos y alcalinos.

Ese punto resulta especialmente relevante para cualquier futura aplicación industrial. Un adhesivo submarino útil fuera del laboratorio tendrá que enfrentarse a salinidad, corrosión, contaminación, variaciones de pH, movimientos mecánicos y envejecimiento durante periodos prolongados.

Más de tres años debajo del agua

Una unión rápida sirve de poco si termina degradándose unas semanas después.

Por eso uno de los experimentos más interesantes fue precisamente el más largo.

Los investigadores mantuvieron una unión realizada con BP16TPB soportando una masa de 2 kg bajo el agua durante más de tres años sin que se produjera el fallo de la unión.

En otro ensayo cuantitativo, el adhesivo mantuvo más de 0,8 MPa de resistencia después de 250 días de inmersión.

Son resultados prometedores, aunque conviene interpretarlos correctamente. Mantener una carga estática en condiciones experimentales no reproduce toda la complejidad del océano.

Una instalación real puede sufrir oleaje, vibraciones, ciclos térmicos, impactos, radiación solar en zonas superficiales, bioincrustaciones, corrosión y esfuerzos mecánicos cambiantes.

Los tres años de ensayo demuestran estabilidad a largo plazo bajo las condiciones estudiadas. Todavía no equivalen a una certificación para infraestructura marina.

El detalle que puede hacerlo especialmente interesante: se puede reciclar

Aquí aparece otra diferencia importante respecto a numerosos adhesivos estructurales.

Una unión extremadamente resistente suele convertirse en un problema cuando llega el momento de separar las piezas.

Los adhesivos permanentes pueden dificultar la reparación y el reciclaje de productos multimaterial. Dos componentes individualmente reciclables pueden terminar siendo complicados de recuperar cuando permanecen unidos por una capa que no puede retirarse fácilmente.

BP16TPB aprovecha precisamente el carácter reversible de sus interacciones supramoleculares.

Los investigadores consiguieron volver a disolver el adhesivo utilizando DMSO, recuperando un estado que permitía aplicarlo nuevamente.

El procedimiento se repitió durante ocho ciclos sin observar una reducción apreciable de la capacidad adhesiva.

Eso introduce una idea con bastante recorrido: diseñar materiales capaces de permanecer firmemente unidos durante su vida útil y, cuando interesa, desmontarse mediante un proceso controlado.

No todo tiene que permanecer pegado para siempre.

Reparaciones submarinas sin sacar la estructura del agua

Las aplicaciones potenciales son numerosas.

Una de las más evidentes sería la reparación y mantenimiento de embarcaciones y estructuras marinas.

También podría estudiarse para sellar determinados daños en conducciones, fijar componentes temporalmente o instalar dispositivos sobre superficies sumergidas.

La expansión de la eólica marina añade otro escenario interesante. Aerogeneradores, cimentaciones, cables, estructuras auxiliares y sistemas de monitorización operan durante décadas en un entorno especialmente agresivo.

Reducir determinadas intervenciones, evitar desmontajes innecesarios o facilitar reparaciones localizadas puede contribuir a disminuir materiales, desplazamientos de embarcaciones de mantenimiento y tiempos de parada.

Eso no significa que este adhesivo esté preparado actualmente para reparar una cimentación eólica. Está lejos de esa fase. Pero el principio tecnológico resulta relevante para una economía que está instalando cada vez más infraestructura energética en el mar.

Sensores ambientales que necesitan permanecer donde se colocan

Existe otra aplicación menos espectacular, aunque probablemente muy útil: la instrumentación científica y ambiental.

Sensores de temperatura, salinidad, presión, calidad del agua, corrientes o parámetros biológicos necesitan fijarse en estructuras, rocas y plataformas.

La instalación puede convertirse en una parte considerable del trabajo.

Un material aplicable directamente sobre superficies mojadas podría facilitar determinados sistemas de monitorización temporal o permanente, especialmente cuando perforar, soldar o instalar anclajes mecánicos resulta complicado.

En estos usos, además de la resistencia habrá que estudiar algo fundamental: la compatibilidad ambiental del adhesivo y de todo su proceso de aplicación.

Un ejemplo de cómo los adhesivos pueden dejar de ser un obstáculo para reciclar

La investigación encaja dentro de una tendencia más amplia en ciencia de materiales: desarrollar adhesivos reversibles.

La industria ha utilizado durante décadas pegamentos buscando fundamentalmente resistencia, durabilidad y facilidad de fabricación.

La economía circular añade otra pregunta: ¿qué ocurre cuando ese producto termina su vida útil?

En baterías, dispositivos electrónicos, automóviles, palas eólicas, muebles, calzado y materiales compuestos, los adhesivos pueden complicar la separación de componentes.

Por eso empiezan a investigarse sistemas desmontables mediante temperatura, luz, cambios químicos o disolventes específicos.

BP16TPB introduce una característica adicional especialmente difícil de conseguir: esa reversibilidad aparece en un adhesivo diseñado para trabajar precisamente en uno de los entornos más complicados, el agua.

Todavía existe una limitación importante: la temperatura

El material está lejos de ser perfecto.

Su rendimiento disminuye considerablemente cuando la temperatura supera aproximadamente 70 °C.

Esto limita algunas aplicaciones industriales y demuestra que todavía existe trabajo por delante en la optimización de la formulación.

También queda por demostrar su comportamiento frente a cargas dinámicas prolongadas, ciclos de presión, abrasión, radiación ultravioleta, microorganismos marinos y exposición real al océano durante años.

Otra cuestión fundamental será la fabricación.

Preparar pequeñas cantidades de un adhesivo en laboratorio y utilizarlas sobre muestras controladas es muy diferente de producir toneladas con costes competitivos y especificaciones constantes.

Antes de una comercialización habrá que evaluar además toxicidad, seguridad durante la manipulación, estabilidad durante el almacenamiento y compatibilidad con normativas industriales y ambientales.

Potencial

La mayor aportación de esta tecnología podría estar en combinar dos conceptos que tradicionalmente han resultado difíciles de reconciliar: durabilidad y desmontaje.

Una economía circular necesita productos que duren. También necesita poder separarlos cuando dejan de funcionar.

Los adhesivos reversibles pueden contribuir a ese equilibrio.

En infraestructuras marinas, una formulación capaz de aplicarse directamente bajo el agua podría reducir determinadas operaciones de sustitución y facilitar reparaciones localizadas. En equipos industriales podría favorecer el mantenimiento de componentes. En sensores ambientales permitiría instalar dispositivos sin recurrir siempre a fijaciones mecánicas complejas.

Y en fabricación, el concepto podría impulsar productos concebidos desde el principio para desmontarse al final de su vida útil.

El escenario más interesante no consiste en llenar el océano de nuevos adhesivos. Precisamente lo contrario.

Consiste en utilizar cantidades pequeñas y controladas de materiales recuperables para mantener en servicio durante más tiempo estructuras que ya existen, facilitar su reparación y recuperar después sus componentes.

Para llegar ahí todavía hacen falta ensayos ambientales, estudios de ciclo de vida, validaciones en condiciones reales y procesos industriales de recuperación.

El BP16TPB sigue siendo una tecnología experimental. Pero plantea una pregunta bastante pertinente: si una unión puede mantenerse durante años y desmontarse cuando deja de hacer falta, ¿por qué seguir diseñando tantos productos para que nunca puedan separarse?

Más información: Qinyu Hu et al, Macroscopic assembly of supramolecular coacervates for underwater adhesion, Nature Communications (2026). DOI: 10.1038/s41467-026-76507-2

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Publicado en: Curiosidades

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