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Investigadores españoles desarrollan un método que captura nanoplásticos del agua y los convierte en materiales para eliminar metales pesados

28 agosto, 2026 2 comentarios

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Científicos españoles capturan nanoplásticos del agua y los convierten en materiales capaces de retirar otros contaminantes.

  • 🔬 Nanoplásticos de PET, hasta 1.000 veces más pequeños que muchos microplásticos.
  • 🧲 Nanoflores magnéticas de óxido de hierro como sistema de captura.
  • 💧 Hasta 10 g de nanoplásticos capturados por cada gramo de nanoflores.
  • ♻️ Residuo plástico recuperado, convertido en material funcional.
  • ⚗️ Capacidad posterior para retirar metales pesados y colorantes del agua.
  • 🔄 88 % de capacidad descontaminante conservada después de cinco ciclos.
  • 🇪🇸 Tecnología desarrollada en el ICMM-CSIC, en España.

¿Por qué importa?

Retirar partículas de plástico de tamaño nanométrico del agua es uno de esos problemas que se vuelven mucho más complicados cuanto más pequeño es el contaminante. Un equipo del Instituto de Ciencia de Materiales de Madrid (ICMM-CSIC) propone una solución especialmente interesante porque aborda dos problemas a la vez: captura nanoplásticos de PET y aprovecha el material recuperado para retirar después otros contaminantes del agua.

El planteamiento cambia, además, la lógica habitual del tratamiento. El plástico extraído deja de ser únicamente un residuo que hay que gestionar y pasa a formar parte de un nuevo material magnético con utilidad ambiental.

De una botella de PET a partículas prácticamente imposibles de ver

El PET —tereftalato de polietileno— está presente en botellas, envases alimentarios y una enorme cantidad de tejidos de poliéster. Su problema ambiental no termina cuando una botella se rompe o una fibra se desprende.

La radiación solar, los cambios de temperatura, la abrasión y otros procesos de degradación pueden ir fragmentando progresivamente estos materiales. Primero aparecen partículas pequeñas. Después, otras todavía menores.

Cuando se entra en la escala nanométrica, el problema cambia por completo.

Los investigadores del ICMM-CSIC han trabajado con nanoplásticos de PET, partículas que pueden encontrarse en una escala de aproximadamente una milmillonésima parte de un metro. A esas dimensiones, recurrir únicamente a métodos convencionales de separación física se vuelve mucho más difícil.

No es simplemente cuestión de colocar un filtro más fino.

Cuanto menor es la partícula, más importantes pasan a ser fenómenos como las interacciones superficiales, la agregación o su relación con otras sustancias presentes en el agua. De hecho, investigaciones recientes estudian precisamente cómo los nanoplásticos pueden interactuar con metales tóxicos y modificar su movilidad y disponibilidad biológica.

Ahí aparece la idea desarrollada en Madrid.

Una especie de «flor» magnética que busca plástico en el agua

El sistema utiliza nanopartículas de óxido de hierro con estructura de nanoflor.

El nombre no es únicamente una descripción estética. Su arquitectura está formada por varios núcleos que trabajan conjuntamente y proporcionan propiedades magnéticas especialmente interesantes.

El óxido de hierro ofrece además una ventaja práctica: una vez que las partículas han interaccionado con el contaminante, un campo magnético facilita su manipulación y recuperación.

El grupo del ICMM ya había demostrado en 2024 la utilidad de este tipo de nanopartículas para extraer y degradar microplásticos procedentes de cosméticos. El trabajo publicado ahora lleva el concepto a una escala todavía menor.

Y el resultado llama la atención.

Un gramo de nanoflores magnéticas puede capturar hasta 10 g de nanoplásticos de PET, según los resultados comunicados por el CSIC.

Es una relación de captura muy elevada. Pero hay un detalle aún más interesante: el proceso no termina cuando el plástico sale del agua.

El residuo capturado se convierte en parte de la solución

Aquí está probablemente la parte más original del trabajo.

Después de capturar el PET, las nanopartículas magnéticas permanecen asociadas a los nanoplásticos. El conjunto forma un material híbrido magnético.

En lugar de considerar ese agregado como un residuo final, los investigadores lo utilizan como una nueva plataforma funcional capaz de adsorber contaminantes adicionales, entre ellos metales pesados y colorantes orgánicos.

Dicho de otra manera: un contaminante retirado del agua termina ayudando a retirar el siguiente.

Este enfoque se aproxima mucho más a una economía circular real que un sistema basado únicamente en capturar, concentrar y desechar.

El PET no vuelve a convertirse en una botella. Tampoco desaparece. Se valoriza como componente de un nuevo material destinado al tratamiento del agua.

Cinco ciclos después, el material continúa funcionando

La reutilización constituye uno de los puntos importantes del estudio.

Después de cinco ciclos de utilización, el material mantuvo aproximadamente el 88 % de su capacidad descontaminante.

Además, la liberación de hierro al agua permaneció por debajo del 0,82 % del contenido inicial.

Son dos resultados relevantes porque introducir nanopartículas para retirar otras partículas plantea inmediatamente una pregunta razonable: ¿se está solucionando una contaminación a costa de generar otra?

Los experimentos apuntan a una buena estabilidad del material bajo las condiciones ensayadas. Aun así, antes de una aplicación ambiental a gran escala será necesario estudiar muchos más ciclos, diferentes composiciones de agua y el comportamiento a largo plazo de las nanopartículas.

Cinco reutilizaciones son una señal prometedora. Todavía no equivalen a demostrar una vida útil industrial.

Calentar únicamente donde hace falta

Otra característica interesante aparece durante los procesos en los que interviene calentamiento magnético.

En un tratamiento convencional, elevar la temperatura de grandes cantidades de agua puede consumir bastante energía. Aquí se aprovechan las propiedades magnéticas del material para producir calentamiento localizado alrededor de las nanopartículas.

La diferencia conceptual es importante.

En lugar de calentar todo el volumen de agua, la energía se concentra en las zonas donde interesa provocar el proceso.

Esto podría reducir el consumo energético de determinadas etapas de tratamiento. Sin embargo, todavía será necesario realizar análisis energéticos completos a mayor escala para saber cuánto ahorro se mantiene cuando aparecen bombas, separación, regeneración de materiales y demás equipos auxiliares.

Una tecnología que encaja con una nueva generación de tratamientos del agua

El desarrollo del ICMM-CSIC forma parte de una tendencia más amplia: utilizar materiales inteligentes, campos magnéticos y procesos de adsorción selectiva para atacar contaminantes demasiado pequeños o dispersos para los sistemas tradicionales.

En España ya existen iniciativas orientadas específicamente a este problema. Tecnologías desarrolladas alrededor de la Universidad Autónoma de Madrid, por ejemplo, han trabajado en la identificación, cuantificación y separación de microplásticos en plantas de tratamiento.

También se están investigando microrobots magnéticos, ferrofluidos, membranas avanzadas, materiales porosos y sistemas biológicos capaces de concentrar partículas plásticas.

No parece probable que aparezca una única tecnología que resuelva toda la contaminación por micro y nanoplásticos.

Lo más razonable será combinar soluciones.

Prevenir la liberación en origen, mejorar las depuradoras, capturar microfibras textiles antes de que lleguen al alcantarillado y desarrollar tratamientos específicos para las partículas más pequeñas.

Las nanoflores magnéticas podrían ocupar precisamente este último escalón.

El gran desafío: llevarlo del laboratorio a una depuradora

Capturar nanoplásticos en un experimento controlado y hacerlo continuamente con miles de metros cúbicos de agua son problemas muy diferentes.

Para llegar hasta una planta de tratamiento habrá que resolver cuestiones bastante terrenales.

¿Cuánta nanoflor sería necesaria? ¿Cuánto costaría producirla? ¿Durante cuántos ciclos podría reutilizarse? ¿Cómo se recuperaría completamente después del tratamiento? ¿Qué ocurriría con mezclas de polietileno, polipropileno, poliestireno, PET y fibras textiles?

También será necesario comprobar su comportamiento frente a materia orgánica natural, sales, sólidos suspendidos y otros compuestos que podrían competir por la superficie del material.

Y queda otra cuestión: el destino final.

Convertir nanoplásticos en un adsorbente es mejor que devolverlos al medio, pero no elimina indefinidamente el residuo. Cuando el material híbrido termine su vida útil habrá que regenerarlo, reciclarlo, valorizarlo o confinarlo de forma segura.

La circularidad no termina en la primera reutilización.

Potencial

El mayor interés ambiental de esta tecnología quizá no esté en una cifra concreta de captura. Está en la filosofía que introduce.

Recuperar un contaminante y aprovecharlo para fabricar una herramienta de descontaminación permite imaginar plantas de tratamiento donde determinados residuos recuperados dejen de representar exclusivamente un coste.

Si el procedimiento demuestra que puede escalarse con un consumo razonable de materiales y energía, podría utilizarse como tratamiento avanzado en puntos donde los métodos convencionales no consiguen retener partículas nanométricas.

Podría tener especial sentido en efluentes industriales con presencia simultánea de plásticos, colorantes y metales, instalaciones de reciclaje, industria textil o etapas terciarias de depuración.

La prioridad ambiental, con todo, continúa estando aguas arriba: producir menos residuos plásticos, impedir que lleguen al medio y capturarlos antes de que se fragmenten hasta dimensiones nanométricas.

Una tecnología de limpieza nunca debería convertirse en excusa para seguir contaminando.

Pero el plástico que ya está disperso existe. Y seguirá fragmentándose durante décadas. Para esa parte del problema harán falta tecnologías de remediación.

Esta investigación española propone una bastante peculiar: convertir parte de esa contaminación en una herramienta para limpiar más contaminación.

Vía Consejo Superior de Investigaciones Científicas

Más información: Magnetic capture and process-oriented upcycling of PET nanoplastics enabled by mesocrystalline iron oxide nanoflowers – ScienceDirect

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Publicado en: Contaminación, Tecnología verde

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Comentarios

  1. María R. P. dice

    29 agosto, 2026 a las 09:51

    Me enorgullece mucho que haya investigadores trabajando en este tipo de proyectos, por el bien del futuro de nuestros nietos y del planeta.
    Espero que las nuevas generaciones sean más consecuentes que nosotros, pero la solución sería NO Fabricar más plásticos. Pero ya que los tenemos, ayudar a eliminarlos de esta manera, me parece revolucionario. Espero que no lo dejen en un cajón por políticas y burocracias. Mi agradecimiento a esos investigadores 👍.
    Es la opinión de una ama de casa.

    Responder
  2. Mireia dice

    30 agosto, 2026 a las 16:13

    Felicidades! és un orgullo saber que españa tienes tangos cerebros pensando en arreglar un problema tan grave.
    ánimo!

    Responder

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