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Investigadores de Arizona descubren que los centros de datos pueden elevar hasta 2,2 °C la temperatura de barrios cercanos

20 mayo, 2026 Deja un comentario

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Imagen: Curioso_Travel – Depositphotos.

Científicos de Arizona alertan de que los centros de datos generan “islas de calor” urbanas de hasta 2,2 °C

  • 🌡️ Aumento local de temperatura alrededor de centros de datos.
  • 🏙️ Hasta 2,2 °C más en barrios cercanos.
  • 💨 Plumas de calor desplazándose cientos de metros.
  • ⚡ Consumo eléctrico masivo y calor residual constante.
  • 🌳 Zonas verdes y rediseño urbano como posible solución.
  • 🤖 Expansión acelerada de la IA y los “hyperscalers”.
  • 🧊 Nuevos sistemas de refrigeración más eficientes en desarrollo.

Los centros de datos ya están calentando barrios enteros

El crecimiento de la inteligencia artificial, el streaming y los servicios en la nube está multiplicando la construcción de centros de datos en todo el mundo. Estas infraestructuras digitales sostienen prácticamente toda la vida conectada moderna, desde búsquedas en internet hasta modelos avanzados de IA generativa. Pero detrás de esa aparente invisibilidad tecnológica existe un problema físico muy real: el calor.

Un estudio reciente realizado por investigadores de la Arizona State University ha detectado que el calor residual emitido por algunos centros de datos puede elevar la temperatura del aire en barrios cercanos hasta 2,2 °C. La investigación, desarrollada en el área metropolitana de Phoenix, representa una de las primeras mediciones directas realizadas sobre el terreno para comprobar cómo estas instalaciones alteran el microclima urbano.

Hasta ahora, gran parte del debate sobre centros de datos se había centrado en el consumo eléctrico y el uso de agua. El calor residual quedaba casi siempre en segundo plano. Y claro, en ciudades que ya sufren olas de calor extremas, eso empieza a importar. Mucho.

Un problema invisible que se acumula poco a poco

Los centros de datos funcionan las 24 horas del día. Miles de servidores procesan información constantemente y generan enormes cantidades de calor que deben expulsarse para evitar averías. La mayoría de las instalaciones actuales utilizan sistemas de refrigeración por aire, con gigantescos ventiladores industriales y condensadores que liberan aire caliente al exterior.

Según el estudio, el calor generado por un único centro de datos puede superar el equivalente térmico producido por 40.000 viviendas. No se trata de un calor puntual, como el de una fábrica que reduce actividad por la noche. Aquí el flujo térmico es continuo.

Los investigadores detectaron que las temperaturas en zonas situadas a sotavento —es decir, hacia donde sopla el viento— eran entre 0,7 y 0,9 °C más altas de media respecto a las zonas opuestas. En algunos momentos concretos, la diferencia alcanzó los 2,2 °C. El efecto seguía siendo detectable hasta unos 500 metros del perímetro de las instalaciones.

Puede parecer poco. Pero en entornos urbanos densos, una subida de apenas un grado ya incrementa el uso de aire acondicionado, dispara el consumo eléctrico y empeora el efecto isla de calor urbana. Es una especie de círculo vicioso: más calor genera más refrigeración, y más refrigeración termina expulsando aún más calor al exterior.

La IA acelera el problema

El auge de la inteligencia artificial está disparando la demanda de nuevos centros de datos a una velocidad difícil de imaginar hace apenas cinco años. Modelos como los grandes asistentes conversacionales requieren enormes capacidades de cálculo y procesamiento continuo.

Empresas tecnológicas están levantando complejos de cientos de megavatios en Estados Unidos, Europa y Asia. Algunos de estos “hyperscalers” consumen tanta electricidad como pequeñas ciudades.

En lugares como Phoenix, Texas o Nevada, donde el calor extremo ya representa un riesgo sanitario importante, la expansión descontrolada de estas infraestructuras empieza a generar preocupación urbanística y ambiental. Varias administraciones locales estadounidenses ya estudian nuevas normas sobre ubicación, refrigeración y gestión térmica de centros de datos.

En Europa el debate también crece. Irlanda, por ejemplo, ha tenido dificultades para equilibrar la demanda energética de los centros de datos con la estabilidad de su red eléctrica nacional. En Ámsterdam y otras ciudades neerlandesas se han impuesto restricciones temporales para frenar nuevas construcciones debido a la presión sobre la infraestructura energética.

El diseño urbano puede marcar la diferencia

La parte interesante del estudio no está solo en detectar el problema. Los investigadores plantean soluciones bastante realistas.

Una de ellas pasa por rediseñar los sistemas de refrigeración para reducir la dispersión térmica hacia los barrios colindantes. Otra apuesta por integrar cinturones verdes, parques urbanos o corredores vegetales alrededor de estas instalaciones para amortiguar el calor residual.

No es magia. La vegetación urbana puede reducir varios grados la temperatura superficial mediante sombra y evapotranspiración. En ciudades muy cálidas, cada árbol cuenta.

También empiezan a surgir alternativas tecnológicas más eficientes. Algunos centros de datos ya utilizan refrigeración líquida directa, inmersión en fluidos dieléctricos o reutilización del calor residual para calefacción urbana.

En países nórdicos existen proyectos donde el calor sobrante de los servidores se redirige a redes de calefacción para viviendas y edificios públicos. En Dinamarca y Suecia este enfoque gana terreno gracias a su clima frío y a políticas energéticas bastante más integradas.

Qué impacto puede tener en el medio ambiente

El impacto ambiental de los centros de datos va mucho más allá del consumo eléctrico. El calor residual modifica el entorno inmediato, altera los microclimas urbanos y puede intensificar las olas de calor en zonas ya vulnerables.

En ciudades cálidas, ese aumento térmico incrementa la demanda de aire acondicionado doméstico, lo que eleva aún más el consumo energético y las emisiones asociadas cuando la electricidad procede de combustibles fósiles.

Además, las altas temperaturas urbanas afectan directamente a la salud pública. El calor extremo incrementa hospitalizaciones, empeora enfermedades cardiovasculares y reduce la calidad del aire al favorecer la formación de ozono troposférico.

Tampoco conviene olvidar el impacto sobre la biodiversidad urbana. Las superficies recalentadas modifican las condiciones para aves, insectos y vegetación local, especialmente en barrios con escasas zonas verdes.

Y ojo, porque el problema puede crecer rápido. La capacidad global de centros de datos podría duplicarse antes de 2030 impulsada por la inteligencia artificial, el internet de las cosas y los servicios digitales masivos. Eso significa más consumo energético, más necesidad de refrigeración y más calor liberado al entorno.

La refrigeración se convierte en un reto climático

Durante años, la eficiencia energética de los centros de datos se medía sobre todo mediante indicadores internos como el PUE (Power Usage Effectiveness). Ahora empieza a abrirse otro debate: el impacto climático local de estas infraestructuras.

La pregunta ya no es únicamente cuánta electricidad consumen. También importa cómo afectan físicamente a las ciudades donde se instalan.

Algunas compañías tecnológicas empiezan a reaccionar. Empresas como Microsoft, Google o Meta están invirtiendo en sistemas de refrigeración más eficientes y centros de datos alimentados con energías renovables. Pero el despliegue sigue siendo desigual y todavía predominan modelos muy dependientes de climatización intensiva.

La situación deja una idea bastante clara: la transición digital también necesita planificación ecológica. Porque digital no significa automáticamente sostenible.

Vía ASU

Más información: Data Center Waste Heat as an Emerging Urban Thermal Hazard: First Field Measurements of Neighborhood-Scale Air Temperature Impacts | J. Eng. Sustain. Bldgs. Cities | ASME Digital Collection

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Publicado en: Medio Ambiente

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